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29 abr. 2016

Los progresistas pijos: una explicación a los cambios en la política contemporánea.


Foto: Dicen que son progresistas y van en limusina. ¿Un estereotipo? (iStock)

Un nuevo libro del ensayista estadounidense Thomas Frank ofrece pistas acerca de qué está ocurriendo en la sociedad. Y sirve para describir a la izquierda dominante en España.

Entre muchas personas de izquierda, tras los últimos éxitos de la extrema derecha austriaca, alemana o estadounidense, y constatando cómo esa tendencia está imponiéndose en la Europa de la crisis, late la preocupación de que las malas perspectivas vitales, la frustración y la ira acaben dirigiendo a grandes masas de votantes hacia movimientos autoritarios. Unos recuerdan a la Europa de 1920, otros alertan del populismo, muchos de ellos equiparan una cosa y la otra, y los menos piensan en cómo pueden dirigir esas tensiones hacia un terreno políticamente productivo.

Thomas Frank ofrece una respuesta a los progresistas en su nuevo libro, 'Listen, liberal': “Mirad dentro de vosotros”. La causa primera de que los liberales estadounidenses, los equivalentes a nuestros progresistas, hayan perdido a parte de la clase media y a la clase obrera para su causa, tiene que ver con que han pasado demasiado tiempo asistiendo a charlas TED, yendo de vacaciones a Martha's Vineyard, hablando de microfinanzas, de lo saludable que es montar en bicicleta, de la filantropía y de que la desigualdad se soluciona con la políticas educativas que promuevan la innovación. Salvo lo de Martha's Vineyard, todos estos males también son aplicables aquí.

La izquierda caviar

El 'New York Times' publicó esta semana una reseña en la que, además del libro de Frank, incluía la revisión de 'The Limousine Liberal', de Steve Fraser, quien analiza el estereotipo al que parece apuntar Frank. La izquierda caviar o la izquierda bling-bling, según la nominaban los franceses, alude a ese tipo de progresistas que conducen coches de lujo, viven en casas muy por encima de la media, alternan con las élites y cuentan con un nivel de vida elevado (o son directamente millonarios). Hay una serie de nombres en la sociedad española que encajan en esa tipología, por lo que este tipo de argumentos también nos suenan familiares.

El argumento de Fraser no consiste en profundizar en el estereotipo, sino en dinamitarlo. Desde su perspectiva, algunos de sus elementos no dejan de ser ciertos: el partido demócrata está constituido por nuevas élites y se ha convertido el espacio en el que se juntan el mundo del management, los profesores de las grandes universidades y los emprendedores tecnológicos, como Zuckerberg o Gates, sólo que, en lugar de promover el mundo jerárquico y patriarcal de los conservadores, apuestan por la interconexión y el cosmopolitismo. Sin embargo, avisa, la utilización del término “liberal de limusina” más que responder a esta realidad, constituye una acción populista de la derecha neoliberal para instigar el resentimiento. El nacimiento de nuevas formas de conocimiento experto y las nuevas instituciones que exigía la modernidad han promovido cambios notables, y los conservadores tratan de aprovechar políticamente la resistencia que generan utilizando una expresión peyorativa que desprestigia a sus rivales.

La solución a un gran misterio

La de Fraser es también la interpretación que de los liberales de limusina han acogido los partidos socialdemócratas europeos y la izquierda que circula a su alrededor. Pero esta lectura implica estar varios años por detrás de la realidad presente, que es la que Frank trata de subrayar. Hay una idea que expone el autor de 'La conquista de lo cool' que le hubiera venido bien a Fraser. Según Frank, existe una pregunta que los liberales estadounidenses se niegan a contestar, esa que es el centro del asunto desde hace algunos siglos. Hoy se la denomina desigualdad, pero en el siglo XIX se la llamaba de otra forma: era la cuestión social, o por decirlo en los términos de Frank, “la solución a ese gran misterio que es cómo vamos a vivir todos juntos”. Desde esa perspectiva, y entendiendo que lo fundamental es qué forma de sociedad es más adecuada para la vida en común, incluyendo la cuestión del reparto de la riqueza, apenas tiene importancia el hecho de que se posean más o menos bienes o que se tenga una posición social mejor o peor para emitir un juicio. Recurrir a las características personales de quienes enuncian las ideas es con frecuencia una forma de negarse a debatir: se desprestigia al adversario y así no hay que ofrecer razones.

Aún así, no debería olvidarse que Frank ha puesto el dedo en la llaga, y bien puede concluirse que existe un progresismo que se ha alejado mucho de sí mismo y que ha terminado por defender exclusivamente sus intereses. Pero ese progresismo de limusina no es exactamente al que se refieren los neoliberales, el de ricos hipócritas que engañan al populacho para que les vote, sino un tipo de opción política totalmente alejada de los intereses de las clases medias y de las obreras.

Un retrato ideológico

Su ideología recoge un montón de asuntos de interés general a los que da un giro para que encajen en su perspectiva. Son cosmopolitas, europeístas y defensores del medio ambiente. Los asuntos sociales están entre sus principales preocupaciones, pero desde esa vertiente instrumental que subrayaba Nancy Fraser cuando se refería a Hillary Clinton como el prototipo del feminismo de derechas “centrado en romper el techo de cristal. Eso significa eliminar los obstáculos que impiden a mujeres más bien privilegiadas, con buena formación, y que ya poseen grandes cantidades de capital cultural y de otro tipo, subir en los escalafones de gobiernos y empresas”.

Esta misma operación se repite en el mundo del trabajo: suelen hablar del gran problema de la precariedad, pero se refieren a las dificultades del ingreso en el terreno laboral de personas con buena formación y grandes capitales de capital cultural, a menudo sospechosamente parecidas a sus propios hijos. El paro es una cuestión que se soluciona ayudando a que los desempleados se formen, y sólo son partidarios de medidas especiales para casos concretos, como  el de los jóvenes o los parados de larga duración.

Aman las estadísticas

Son especialistas en las guerras culturales, y enseguida sacan a relucir los problemas que está causando la religión en el mundo y la católica en España, o las discriminaciones que sufren los homosexuales de clase alta en su vida cotidiana. Odian a los populistas, por supuesto. Y aman los gráficos: en cuanto alguien les subraya un problema real, echan mano de las estadísticas para negar que ese asunto exista.

Les gusta el 'running', y en general la vida saludable, y disfrutan con la comida, sobre todo con la de los restaurantes que más cobran. La cultura es algo que siempre defienden, con la condición de que no sea demasiado problemática, y autores como Muñoz Molina o Millás, o tantos otros que giraban alrededor de 'El País' se han convertido en sus referencias. En España son fáciles de reconocer, porque han estado ligados al partido socialista y a sus entornos, pero sobre todo porque, como subraya Thomas Frank son progresistas para casi todo menos para las cuestiones económicas, donde se muestran insistentemente ortodoxos.

¿España es diferente?

En este contexto, es sencillo entender que buena parte de las clases medias y de las clases obreras estén girando en Europa hacia la derecha, porque es enormemente complicado que con este tipo de visión del mundo puedan generar simpatías entre la gente común. Podría argumentarse que España es diferente porque aquí no han estallado los partidos populistas de derechas. Y siendo cierto, también lo es que esas clases no son particularmente favorables a la izquierda: el voto que recibe el PSOE de esas capas sociales proviene de la tradición más que de la convicción, y el de Podemos ha llegado tanto desde posiciones favorables al nacionalismo periférico como de clases medias empobrecidas (universitarios precarios, profesionales que han salido del mercado, funcionarios) con motivos para indignarse.

Si podemos hablar de una suerte de gentrificación de la izquierda socialdemócrata, también podemos hacerlo de una operación similar en la izquierda emergente, que ha acogido ideas, actitudes y formas que les separan de esos estratos que por origen y situación social deberían ser sus principales simpatizantes.

De modo que, si la izquierda quiere entender cuáles son sus problemas, y por qué la derecha populista está ganando terreno en Europa, el consejo de Thomas Frank suena pertinente: mirad dentro de vosotros.

Por ESTEBAN HERNÁNDEZ
28.04.2016
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28 abr. 2016

La integración de la cultura militar en la educación

Los valores militares y la cultura de la defensa cada vez penetran más en la sociedad, auspiciados por una estrategia política que distintos colectivos califican como adoctrinamiento.

Visita de alumnos al cuartel de Cabo Noval, en Asturias. / RTPA

Soldados con la cara pintada con camuflaje de batalla permiten a niños que apunten con sus fusiles de asalto. Chavales que se suben a vehículos militares y participan de simulacros de combate en los que se utilizan petardos para imitar el sonido de las balas, atacando a un enemigo ataviado con pañuelos palestinos con el fin de simular el contexto histórico, tal y como recoge uno de los soldados presentes en el evento.

Parece una escena propia de Estados Unidos, pero sucedió en España hace dos semanas. El pasado viernes 16 de abril, 200 escolares pertenecientes a cinco colegios e institutos, uno de ellos de educación especial, asistieron a una visita al cuartel de Cabo Noval en Asturias.

El ministerio de Defensa, al hilo de las críticas que los hechos suscitaron en diversas formaciones políticas y organizaciones relacionadas con la educación, valoró la jornada como "una de tantas visitas de escolares a cuarteles que tienen como fin que los escolares conozcan cómo es el ejército".

Ciertamente, el ejército se ofrece como una alternativa laboral y educativa más, en el mismo contexto que la educación no obligatoria. Todo ello, según el Centre Dèlas de Estudios por la Paz, forma parte de una estrategia política que tiene como objetivo inculcar la cultura de la defensa, haciendo comprender a la sociedad la necesidad de un ejército para garantizar su protección ante las amenazas que acechen su seguridad.

Militarismo y xenofobia

En lo que se refiere asociar al enemigo con con el mundo árabe, el ministerio aseguró que era una casualidad sin intencionalidad, además de añadir que "en Afganistán el enemigo no lleva pañuelos de colores. ¿Quién es el malo ahora? El malo en Afganistán, en Mali o en Irak es el talibán. Y el talibán no se viste en Dolce y Gabbana".

Paula Mateo, miembro de la ejecutiva del Sindicato de Estudiantes de Asturias, afirma que "nos parecen unos hechos gravísimos, que además en el contexto actual en el que se han llevado a cabo fomentan la xenofobia y los prejuicios hacia los árabes, no olvidemos el 'palestino' que lucia el enemigo. No creemos que haya sido ninguna casualidad la elección de estas figuras".


Mateo también asegura que la actividad desarrollada en el cuartel de Cabo Noval no juega ningún papel en la formación de los jóvenes, sino que se acerca más al adoctrinamiento y captación de futuros soldados.

"Los hechos me parecen aberrantes. Como dicen muchos psicólogos, si el juego es un entrenamiento para la vida, habrá que preguntarse para qué tipo de vida estamos educando a nuestros más jóvenes. No se trata de una anécdota aislada y más o menos desafortunada: forma parte de una estrategia que busca perpetuar un determinado tipo de sociedad y de ciudadano", denuncia Elisa Ramírez, profesora de Educación Secundaria y miembro de Yo estudié en la pública.

Ramírez asegura que, cada vez más, los gobiernos fomentan la educación en la competitividad, dando prioridad al enfrentamiento por delante de la colaboración, además de anteponer el individualismo frente a la solidaridad. Por su parte, Mateo evidencia que de esta forma se ofrece el ejército como una salida laboral más, en el momento en el que las familias obreras son más golpeadas por la crisis. "Vienen a los colegios a captar carne de cañón", asevera de forma tajante.

El acercamiento del ejército a la sociedad

Tal y como recoge el libro Mentes Militarizadas, cómo nos educan para asumir la guerra y la violencia, un esfuerzo del Centre Dèlas publicado recientemente por la editorial Icaria, la educación y valores de lo militar forman parte de nuestro día a día y son promovidos por las estructuras militares en connivencia con nuestros gobiernos.

Jordi Calvo, coordinador general del libro, sostiene que "existe una política por parte del Ministerio de Defensa que tiene como objetivo acercarse a los escolares. La manera de hacerlo es, por ejemplo, a través de guías didácticas en las que se promueve la cultura de la defensa. En vez de acercar a cultura de la paz o del desarrollo, estas guías sirven para explicar de manera amable el papel que tienen el ejército y las estructuras militares en España y en el mundo".

Calvo asegura que también se fomenta la creación de murales en escuelas, relacionados con las cuestiones de la defensa, en las que a los escolares se les dan ciertos premio y reconocimientos. Otra forma de acercarse a escolares y jóvenes consiste en participar en las ferias de educación como AULA.

El ejército justifica su presencia en estas ferias por su papel educativo y laboral, es decir, mostrándose como una salida laboral más. No obstante, Calvo subraya que este tipo de ferias no son de trabajo, sino de educación.

Asimismo, dentro de esta lógica, Calvo señala que el ejército tiene otras maneras de acercarse a la población, como por ejemplo a través de exhibiciones militares o las maniobras. El coordinador de Mentes militarizadas afirma que las maniobras tienen dos funciones: "una, su propio entrenamiento, el día a día de los militares es entrenarse para ir a la guerra; y por otro lado, las maniobras también sirven para normalizar su presencia. Salir a los lugares civiles sirve para generar empatía e intercambio y ayuda a que se acepte su existencia", concluye.

La cultura de la defensa

Todo lo anteriormente mencionado contribuye a la creación de una cultura de la defensa. Maria de Lluc Bagur, coautora del libro, define dicha cultura como "una estrategia política que tiene por objetivo crear 'consciencia de defensa', es decir, conseguir que la sociedad se haga cargo de las amenazas que acechan a su seguridad y comprenda la necesidad de disponer de un ejército para garantizar su protección".

"Para ello", prosigue, "el Ministerio de Defensa se dota del Plan de Cultura de Seguridad y Defensa, un documento que organiza y sistematiza las diferentes estrategias a utilizar a nivel político para hacer lo que ellos llaman pedagogía social y nosotros, militarización de las mentes".

La autora señala que el objetivo de fondo es la justificación del gasto militar, las intervenciones en el extranjero y la sobredotación de la institución castrense, y alerta de que a pesar de que "afortunadamente" no se hayan dedicado grandes esfuerzos al desarrollo e implementación de estos documentos, poco a poco reciben más atención.

Dentro de la promoción de esta cultura de la defensa, De Lluc señala el papel que tienen sucesos como la visita al cuartel de Cabo Noval: "La realización de este tipo de actividades tiene por objetivo la militarización de las mentes de los más jóvenes. Proponerles la entrada al ejército como una salida profesional cuando acaben los estudios obligatorios o facilitar que se familiaricen con instrumentos creados con el fin único de matar se aleja considerablemente de los valores que se deben transmitir desde las instituciones educativas".

A su vez, con este tipo de visitas también se busca implantar la idea de las armas como herramienta necesaria para la resolución de conflictos, crear la idea del 'enemigo' y de la necesidad de estructuras de defensa militares, justificar el gasto militar, la jerarquización de la sociedad y del mundo basada en el poder de los ejércitos,y una serie de valores opuestos a la seguridad humana y la cultura de la paz, concluye De Lluc.

De este modo, el Centre Dèlas mantiene la campaña Desmilitaricemos la educación, que tiene como objetivo impedir la presencia de las instituciones militares y sus valores en los espacios educativos. Bajo el lema 'Las armas no educan, las armas matan', diversas asociaciones de madres y padres, sindicatos de estudiantes y otras muchas organizaciones como las Brigadas Internacionales de la Paz de Cataluña o la Universidad Internacional de la Paz muestran su desacuerdo con la progresiva militarización de determinados espacios públicos.

Por Salvador Esteban
26/04/16
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19 abr. 2016

Historia económico-política del cortijo andaluz

LECTURAS
Reseña del libro 'Poder, economía y sociedad en el sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz', de Carlos Arenas Posadas, profesor de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad de Sevilla.

Recogida de uvas en Almachar (Málaga). / ANTONIO


Empecemos por el principio, es decir, por las palabras. La etimología, esa especie de antropología y arqueología del lenguaje, nos recuerda que la palabra 'cortijo' viene –así es– de 'corte'. Si entendemos esta última como aquel lugar y aquel conjunto de personas donde residen la soberanía de un territorio, el cortijo sería un espacio más reducido; exactamente, sí, se trataría de una pequeña corte o, por utilizar la expresiva descripción de Tomás y Valiente, 'fragmentos de monarquía'.

Poder, economía y sociedad en el sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz, el último libro del profesor Carlos Arenas Posadas, nos cuenta al menos tres cosas: que existe una modalidad histórica de capitalismo andaluz; que es posible rastrear las instituciones, formales e informales, que han constituido y que siguen constituyendo una forma de capitalismo distinta a las que se dan en el resto de la península; y que si algo la define es la capacidad que ha tenido esa oligarquía compuesta por caciques locales, terratenientes, grandes fortunas y, por supuesto, clase política, para convertir la producción y la gestión de la desigualdad en su principal mecanismo de gobierno. Arenas Posadas lo llama capitalismo extractivo.

En torno a los orígenes del capitalismo andaluz

Debemos retrotraernos –sin idealismo y sin romanticismo– a la conquista de Al Andalus. Es en ese momento, al mismo tiempo que se construye un sistema señorial dependiente del reino castellano, cuando se ponen las bases socioeconómicas del capitalismo andaluz que tienen que ver, una vez más, con tres elementos. El primero de ellos es, en palabras del catedrático sevillano, “la institucionalización del mercado como forma de asignación de recursos y de adquisición de bienes”. Señores de la guerra, aristocracia terrateniente y élites locales son los actores principales a la hora de integrar el comercio andaluz en el moderno sistema-mundo: se trataba, en efecto, de conquistar el territorio para controlar una vastísima red comercial que se abría tanto al Atlántico como al Mediterráneo.

Las otras dos patas del incipiente capitalismo andaluz están relacionadas con la creación de dos mercados: el de tierras y el de trabajo. Respecto al primero, en el que considera la tierra como una mercancía más, enlaza con la idea que Karl Marx formuló en el vigésimo cuarto capítulo del primer volumen de El capital: los cercamientos de tierras son una de las primeras formas de acumulación originaria del capital. A partir de una abundantísima bibliografía –una de las características que atraviesa Poder, economía y sociedad en el sur es la minuciosa labor de documentación que ha realizado el autor–, Arenas Posadas sostiene que “la tierra, incluso los privilegios jurisdiccionales a ella inherentes, se adquiere en el mercado: desde el siglo XIII existió un activo mercado de compra y venta de tierras que aceleró el proceso de concentración latifundista de la propiedad”.

Respecto al segundo, al del trabajo, a finales del siglo XV ya encontramos un mercado de mano de obra conformado por esclavos moriscos, musulmanes y centroafricanos que constituían, en ciudades como Sevilla, Almería o Málaga, en torno al 10% de la población. También formaban parte de este tercer mercado los nuevos colonos castellanos y los pequeños campesinos. Según las investigaciones que ha llevado a cabo Mercedes Borrero para la Baja Andalucía, a finales del siglo XV casi un 70% de la población era asalariada agrícola. Por eso, recordando la expresión utilizada por el economista catalán Joan Martínez Alier, la arquitectura de la economía política andaluza es la de “un edificio capitalista con fachada feudal” o, en palabras del propio autor, “una economía capitalista embutida en un régimen político señorial”.

El “equilibrio del sur” y el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen


Como he señalado al principio, otra tesis que se desarrolla a lo largo de las 600 páginas de la obra es que desde el siglo XV hasta ahora han perdurado, con muy pocas alteraciones, las mismas instituciones económico-políticas; incluso durante el tránsito del modelo de Estado absolutista al liberal, el capitalismo andaluz, extractivo y oligárquico al mismo tiempo, habría sostenido un 'equilibrio del sur' entre la corte central y el cortijo andaluz. Desde la “revolución liberal” del siglo XIX hasta el Estatuto de Autonomía de 1981, Arenas Posadas va desgranando los distintos resortes y mecanismos que configuran ese pacto entre élites: el sistema electoral, la conexión entre intereses familiares y políticos, el clientelismo o el caciquismo son algunos de ellos.

Así, “desde la 'reconquista' –sostiene en esta larga cita el catedrático de la Universidad de Sevilla– el Estado español se fue construyendo a partir de un 'equilibrio del sur' entre el poder central y los poderes locales; entre la Administración central y las grandes familias aristocráticas o burguesas del sur que gozaron de un poder abusivo, sin contrapeso, sobre el entorno inmediato. Como en los señoríos del Antiguo Régimen, acumulación del poder y acumulación de capital han sido dos caras de una moneda que las élites andaluzas han guardado con extraordinario celo a lo largo de los siglos”.

Dentro del propio Estado, ese 'equilibrio del sur' ha producido dos efectos. Por un lado, en ese rosario de capitalismo que según el historiador sevillano componen el Estado español, el poder central, sobre todo a partir de las décadas finales del siglo XIX, ha sido mucho más inclusivo con los modelos vasco y catalán que con el andaluz. Las élites industriales y las grandes familias burguesas del norte peninsular adoptaron estrategias de presión y de 'entrismo' en los órganos de gobierno estatales. No obstante, en ese 'equilibrio entre capitalismos' que se describe en el capítulo 14 del libro, ha sido el Gobierno central quien ha remendado los intereses de las oligarquías regionales con el lugar que ocupan las distintas modalidades de capitalismo en el andamiaje económico político estatal.

Los constantes intentos de maridar los intereses del poder central con los de las grandes familias andaluzas –el mecanismo de gobierno al que Arenas Posadas denomina 'equilibrio del sur'– ha producido un segundo efecto; en este caso tiene que ver con el papel que han desempeñado los distintos linajes que han ocupado posiciones de poder en el territorio andaluz. Ese pacto por arriba tiene como principal contrapartida –por abajo– “dejar hacer a las élites andaluzas que organizaran a su gusto el capitalismo autóctono, estructuras de recompensas en modelos productivos de baja productividad, o que sirvieran de testaferros o valedores de empresas nacionales e internacionales”. Dos han sido los mecanismos que han utilizado para gestionar sus intereses: el monopolio de la violencia y el modo de organizar la acumulación de capital.

Los motores de la desigualdad: oligarquía y extractivismo

Desde la minas de Riotinto hasta Sierra Almagrera; desde el régimen señorial hasta el PSOE de Susana Díaz, el capitalismo andaluz, con la ayuda de toda una plétora de señoritos, amiguetes, caciques y grandes empresarios, conforma una estructura orgánica de poder que se ha sostenido gracias a dos pilares: una oligarquía compuesta por no más de dos decenas de 'casas' andaluzas y un modelo económico fundamentalmente extractivista.

La familia Larios en Málaga; los Orozco en Almería; Ybarra en Sevilla... Rodríguez Acosta, Carbonell, Heredia, Domecq, Núñez de Pedro, y un puñado más de familias son las que han consolidado una forma de gobierno oligárquica. Por eso, tal y como nos cuenta en diferentes epígrafes Arenas Posadas, el familismo, la ociosidad del capital, el abuso de poder, la corrupción, el fraude, el rentismo o el oportunismo, son las formas bajo las que se ha manifestado la actuación empresarial y política de todas esas familias.

Por otra parte, el carácter extractivo de la economía andaluza se despliega en dos sentidos. La explotación de la tierra, la minería, el turismo de “sol y playa” o la especulación urbanística son sólo algunos ejemplos de un sistema económico que ha perseguido de distintas maneras una misma cosa: la extracción y puesta en el mercado de recursos naturales. El segundo sentido tiene que ver con el hecho de que “la inteligencia de las élites burguesas ha estado orientada a posicionarse lo mejor posible para legitimar la percepción de rentas y para aprovechar la ocasión de hacer negocio donde y cunado surgiera, con independencia de que el lucro inmediato comunicase al conjunto de la sociedad incertidumbres en forma de dependencias, “burbujas” inmobiliarias, fuertes oscilaciones cíclicas o incapacidad para construir algo distinto sobre lo ya iniciado”.

En la combinación de ambas dimensiones reside la capacidad, tanto de las distintas 'familias' como del propio capitalismo andaluz, para sostenerse. De ahí que el principal efecto que genere sea, por un lado, un atraso económico relativo respecto al resto de las regiones y, por otro, enormes tasas de desigualdad tanto social como económica dentro del territorio. Es la propia modalidad de capitalismo andaluz el motor de la desigualdad, y no al revés. Y se podría añadir, para concluir, que si hay alguien que haya sabido ensamblarse a la perfección con ese régimen ha sido –sin lugar a dudas– el partido que ha gobernado Andalucía durante los últimos 30 años: el PSOE.


Por Francisco Fernández Caparrós
16/04/16
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13 abr. 2016

Lo que no se dice ni se dirá de los papeles de Panamá

La publicación por parte de los mayores medios de comunicación del mundo occidental de las empresas ficticias establecidas con la ayuda de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca ha creado un gran revuelo, pues documenta lo que todo el mundo ya conoce, a saber, que el 1% de la población mundial (y el 1% de la gente más rica en cada país) deposita su dinero en paraísos fiscales a fin de esconderlo y/o evitar pagar impuestos en su propio país. Tal descubrimiento, por lo tanto, no es una novedad. La gran mayoría de la población sabe que los “super-ricos” tienen su dinero en paraísos fiscales. Lo que no saben, sin embargo, es que esta situación sería fácilmente corregible si hubiera voluntad para resolverla. Que no se resuelva se debe a que las personas que podrían hacerlo están ellas mismas implicadas en la transferencia de fondos a estos paraísos fiscales, o pertenecen a instituciones (representativas o no representativas) sumamente dependientes e influenciadas por los grupos financieros o empresariales, que son los que se benefician de tales paraísos. Es también ampliamente conocido que los mayores bancos en cada país, incluido en España, están metidos hasta la médula en este proceso de falsificación de empresas en dichos paraísos. Hasta aquí todo esto es conocido.

Ahora bien, lo que despierta gran interés y también curiosidad es ver los nombres concretos de los personajes relacionados con estos paraísos fiscales. Que ahora se vaya conociendo quién depositó allí sus fondos es una buena noticia. Y, sin embargo, tiene un gran problema que no se cita. Y este problema es que la enorme cantidad de información que se está descubriendo está siendo canalizada por los mismos medios de comunicación que han sido cómplices con el silencio ensordecedor que ha existido sobre este tema. Veamos, pues, los datos.

¿Quién obtuvo estos datos?

La investigación conocida ahora como “Panamá Papers” la ha realizado el International Consortium of Investigative Journalists (el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación), que ha sido financiado por varias instituciones estadounidenses tales como la Ford Foundation, el Carnegie Endowment, el Rockefeller Family Fund, la WK Kellog Foundation y la Open Society Foundation (financiada por el filántropo George Soros). Y tal información ha sido canalizada a través de los mayores rotativos a los dos lados del Atlántico Norte, y muy en particular los medios de la Unión Europea y de EEUU, que tienen su propia agenda en la distribución de tal información. En realidad, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung (SZ) fue el primer receptor de parte de aquella información que también fue recogida por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, distribuyéndose a partir de entonces a través de The Guardian y otros medios. Son estos medios los que controlan esta información, habiendo mostrado solo una parte de los 11,5 millones de documentos recogidos. Esta situación es particularmente preocupante en España, donde los mayores medios de información tienen una relación muy estrecha, de dependencia financiera, con los grandes bancos del país (como el BBVA, el Santander y otros), bancos que han jugado un papel fundamental en canalizar dinero hacia otros paraísos fiscales, incluyendo Panamá. Es bien conocido que la gran prensa de España carece de diversidad ideológica, consecuencia, en parte, de la dependencia de tales medios de la gran banca que los financia.

La promoción del neoliberalismo por parte de la Gran Prensa y su silencio sobre la Banca

En este país, los grandes bancos, a través de su enorme influencia en los medios de información y persuasión, así como en los centros de investigación y propaganda como las fundaciones y revistas económicas, son los grandes promotores de las políticas neoliberales, incluyendo los recortes de gasto público social con el fin de reducir el déficit público y la deuda pública. A la vez, estos bancos han estado facilitando la utilización de paraísos fiscales para que las grandes  empresas, las grandes familias y los super-ricos no paguen impuestos, generando así el déficit público. En realidad, si no hubiera habido este fraude fiscal, no habría habido ninguna necesidad de recortar en servicios públicos como sanidad, educación, servicios domiciliarios y un largo etcétera. El poder de la banca en España es enorme. Y de ahí que les aseguro a los lectores de este artículo que no verán en los medios españoles (incluyendo, naturalmente, los catalanes), tanto públicos como privados, sean escritos, orales o televisivos, un análisis de cómo los grandes bancos juegan un papel clave en el establecimiento de los paraísos fiscales. Esperen y lo verán. Y me sabe muy mal llevar razón en este punto, pero les garantizo que va a haber un silencio ensordecedor sobre cómo el BBVA o el Santander, entre otros (que promueven los recortes), están facilitando que se vaya el dinero a Panamá.

Otras observaciones

Esta canalización de las noticias explica también la gran atención que se ha dado a la figura de Putin, el actual presidente de Rusia, el supuesto enemigo nº 1 de Occidente, que ha sido objeto de un gran ataque mediático, presentándolo como el responsable de la inestabilidad en la Europa oriental y en Siria. He escrito críticamente sobre tal personaje (incluso antes de que colapsara la Unión Soviética) y la clase corrupta que representa, continuadora de aquella que controló el Estado Soviético (ver mi libro Social Security and Medicine in the USSR, escrito en 1977). Como consecuencia de tal crítica, mi libro fue prohibido y yo declarado persona non grata en aquel país. Cualquiera que haya leído mis trabajos sobre la Unión Soviética y su colapso entenderá que Putin no sea santo de mi devoción. Ahora bien, este dirigente ruso no es el único responsable de tales tensiones que estamos viendo en Ucrania o en Siria. En realidad, la mayor parte de las tensiones se derivan del comportamiento de la OTAN. Y entre los aliados de tal organización están algunas de las dictaduras más horribles hoy en el mundo, mucho peores que la rusa, como la de Arabia Saudí, profundamente corruptas, con amplias inversiones no solo en Panamá sino en España, sin que los mayores medios de información y persuasión españoles hayan analizado nunca estas inversiones y estas amistades con el establishment financiero-político-mediático español. Verán ustedes cómo aparecen muchos artículos sobre Putin (cuyo nombre, por cierto, no aparece en ninguno de los papeles) y muy pocos sobre los dirigentes de Arabia Saudí y su relación con los bancos españoles.

Una última observación. Es más que probable que en la lista de nombres que depositaban su dinero en Panamá no aparezcan ciudadanos o residentes estadounidenses, lo cual tiene que ver primordialmente con el hecho de que los paraísos fiscales que utilizan los super-ricos de EEUU están en el propio país (Wyoming, Delaware o Nevada). Los super-ricos estadounidenses no necesitan Panamá, Suiza u otros paraísos conocidos. Los tienen en su propio país. Sería interesante que se analizaran estos paraísos. También se sorprenderían de lo que verían. Pero es probable que tampoco lo vean. La libertad de prensa es la libertad de los que la poseen y controlan. Así de claro.

Por Vincenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona. Es también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 35 años.  
11 de abril 2016
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11 abr. 2016

Ojalá cunda el pánico




<p>Borbones del Caribe.</p>
Borbones del Caribe. LA BOCA DEL LOGO
Lo más probable es que usted acabe de enterarse hace unos días de que existe un despacho de abogados llamado "Mossack Fonseca" que ofrece servicios de creación de sociedades "offshore" en Panamá, a modo de nichos o guaridas donde puede ingresarse, guardarse y esconderse dinero procedente de cualquier actividad lícita o ilícita, en cualquier parte del mundo, a buen resguardo de las obligaciones fiscales de su titular en su país de origen y del conocimiento de acreedores, de cónyuges y familiares, de Hacienda y de jueces. No lo sabía, porque es una información que no le habría servido para nada: a usted le basta con recordar a duras penas cómo se llama la chica de la oficina bancaria a la que de vez en cuando va a recoger la tarjeta renovada o a preguntar por un recibo extraño, que es para lo que normalmente va al Banco.

Pero hay otra gente que sí conocía ese despacho. Gente de otro nivel, oiga. Gente de dinero y fortuna a la que no le parece justo que Hacienda le “expropie” sus ahorros con una tasa intolerable, y acude a asesores de cabecera que saben aconsejarle. Algún día esos asesores le han dado respuestas a su pregunta sobre cómo guardar ese dinero por si acaso y ponerlo a cubierto de la vulgaridad del tráfico normal, de los impuestos y del artículo 1911 del Código civil (“Del cumplimiento de sus obligaciones responde el deudor con todos sus bienes presentes y futuros”). Gente preocupada por reservarse para sí y para su familia, fuera del sistema, un fondo de contingencias por si hace falta en el futuro, por si hay una crisis sistémica más dura de lo previsible, por si hay que abandonar el país y comenzar de nuevo en otro sitio. Gente que ha aprendido que en la vida hay que tener un margen de seguridad. Gente para la que el “por si acaso” es una buena razón para abrir un tablero de juego paralelo y diferente al del común de los ciudadanos, por más que tenga claro que ese tablero de juego general es imprescindible para que las cosas funcionen. Gente que se sabe distinta, porque tiene mucho más dinero que usted y yo, y que por ello tienen “derecho” a un trato especial que se procuran a sí mismos, porque las normas generales, esas que aprueban los Parlamentos, están pensando en el ciudadano vulgar, y ellos no lo son. Esos sí acaban sabiendo un día que existe el despacho Mossack Fonseca, como contactar con él y cuánto cobra por sus servicios.

Es verdad, en algunos casos puede tratarse de proteger una herencia recibida o un capital acumulado con el acierto en los negocios y en las inversiones, y el interés que les guía será el de eludir el pago de impuestos o posibles responsabilidades y embargos de acreedores presentes o futuros; pero sería ingenuo tener dudas de que por ese despacho más bien pasa gente que lo que busca es proteger un dinero procedente de robos, de transacciones delictivas, de negocios inmorales, de pelotazos no sólo inmobiliarios, de cohechos, de extorsiones mafiosas, de narcotráfico, de facturas millonarias en B.

¿Se imaginan cuántas horas de trabajo de tanto abogado, tanto asesor, tanto empleado, tanto intermediario, tanta energía dedicada a tejer y proteger una red de captación de clientes en todo el mundo, desde Hong-Kong hasta cualquier oficina de Madrid o de Buenos Aires? ¿Se imaginan las entrevistas, los modelos, los formularios, las garantías, los trámites, los contratos simulados, los domicilios ficticios, la elección de testaferros, la concreción de la fecha para la orden de transferencia? ¿Se imaginan los maletines, los movimientos bancarios, los viajes, los correos electrónicos, los programas informáticos específicos, las llamadas telefónicas al bajar del avión, el sistema de asignación de claves y contraseñas, las anotaciones de agenda, las firmas plasmadas en documentos después de una charla complaciente en la que alguien le dice al cliente que es una operación segura y adecuada para su situación patrimonial, y contrastada por ser la fórmula preferida por miles de clientes de su mismo nivel?  Y, ¿pueden imaginarse también el daño, la sangre, la pobreza, el deterioro de las condiciones de vida de tantas familias cuya dignidad depende de prestaciones sociales, la suciedad en la contratación pública, la ruina de acreedores defraudados, los disparos con armas prohibidas y las muertes por drogadicción que, como subproducto, hay debajo de esas operaciones de papel satinado con membrete elegante?

Cómo me alegro cada vez que la audacia de algunos permite entrar en las confortables cuevas de ladrones y reconstruir alguno de los laberintos financieros con los que "la casta" (porque eso sí que es una casta, con todas sus letras) se pone a salvo de las reglas de juego. Qué enorme satisfacción me da pensar en el insomnio de los fundadores de ese despacho de Panamá, la zozobra inmensa de aquellos cuyos nombres ya han sido publicados y de aquellos que temen la cárcel o su ruina por la multa que, quizás, si hacemos las cosas bien, se verán obligados a pagar. Qué inmensa alegría me produce imaginar la preocupación de esos otros que habían optado por otro despacho y otro "paraíso", cuando esta semana han comprobado que hay resquicios de inseguridad en su búnker pestilente y que quizás hoy mismo otros audaces piratas, periodistas, empleados infieles o agentes tributarios están ya persiguiendo su rastro y pisándoles los talones.

Sí, lo confieso: la publicación de los "papeles de Panamá" ha sido para mí la mejor noticia de este año. Los llamados "paraísos fiscales" no podrán quizás suprimirse por falta de voluntad política, por insuficiencia de medios o por necesidades técnicas de este sistema pseudocapitalista infame que necesita márgenes de ilegalidad como tubos de escape para liberar su toxicidad y socializar difusamente el daño; pero estos "fallos del sistema", estas puñaladas de luz que rasgan ocasionalmente la normalidad oscura de los circuitos en los que esa casta infame se esconde, deben ser celebrados por todo lo alto, porque son una pequeña victoria inesperada.

Brindo por cada palmo de "paraíso fiscal" que se convierta en un infierno para sus usuarios, por cada socio de los Mossack Fonseca que en el mundo haya que vea devastado su chiringuito y asediado por linternas, rotativos y registros policiales. Ojalá cundiera el pánico, ojalá los ricos tramposos se sintieran perseguidos por el miedo a quedar descubiertos un día y a depender de los servicios sociales que ellos mismos están contribuyendo a deteriorar. Es importante que no nos quedemos la anécdota de ocho nombres célebres ni en la dimisión de un sorprendido primer ministro islandés. El brindis debe ser más ambicioso y derramarse sobre las cámaras de corrupción, sobre las fosas ocultas del delito global, sobre la indecencia de los ricos que no soportan serlo un poco menos, sobre todos aquellos que estos días, por fortuna, están pasando un mal día porque se sienten menos seguros.

“No sea hipócrita, usted haría lo mismo si tuviera una gran fortuna, y, a su escala, ya lo hace con sus pequeñas defraudaciones”. Es posible que en alguna conversación alguien le haya dicho eso. Pero es importante que no caiga en la trampa. Indígnese más aún si alguien le dice eso. Hay ricos decentes que pagan sus impuestos y aceptan el pacto social, conforme al cual la condición intrínseca de la propia prosperidad es la garantía de la dignidad de todos. Pero más aún: los ciudadanos vulgares tenemos derecho a alegrarnos de la desdicha de quienes jugaron a escondidas la carta de la indecencia.


Por MIGUEL PASQUAU LIAÑO
6 DE ABRIL DE 2016
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