Follow by Email

28 dic. 2013

‘The Economist’ sitúa a España entre los 46 países con riesgo alto de protestas en 2014

‘The Economist’ sitúa a España entre los 46 países con riesgo alto de protestas en 2014
Manifestación en Barcelona.

La prestigiosa revista británica The Economist ha situado a España en la lista de los países con un alto riesgo de protestas en el 2014. La publicación clasifica a los países en cuatro categorías, según el riesgo de que se produzca un “malestar social o político” que suponga “una grave amenaza para los gobiernos o el orden político existente”.

España queda encuadrada en la categoría de “riesgo alto”, junto a países como Camboya, Honduras, Pakistán, Ucrania, Albania o Brasil, entre otros. Entre los países con un riesgo “muy alto” de malestar social que desemboque en protestas están Argentina, Sudán, Egipto, Venezuela y Grecia. En Italia, Francia, Rusia, Tailandia e Israel, el riesgo es “medio”, según The Economist; mientras que en Alemania, Finlandia, Estados Unidos y Uruguay es “bajo”; y en Dinamarca, Japón, Luxemburgo y Austria, “muy bajo”.

La Economist Intelligence Unit (EIU), una unidad de negocios independiente dentro del rotativo económico, asegura que “las dificultades económicas son casi un requisito previo para la protesta, pero no explica por completo los arrebatos”. “La disminución de los ingresos y el alto desempleo no siempre son seguidos de disturbios. Sólo cuando los problemas económicos se acompañan de otros elementos de vulnerabilidad existe un alto riesgo de inestabilidad. Tales factores incluyen una amplia desigualdad de ingresos, el mal gobierno, los bajos niveles de las prestaciones sociales, las tensiones étnicas y una historia de disturbios”, señala el organismo.

Crisis de la democracia

Uno de los motivos principales para que se produzcan revueltas, indica la EIU, es la “erosión de la confianza en los gobiernos e instituciones: una crisis de la democracia”.

La EIU mide el riesgo de malestar social en 150 países de todo el mundo, poniendo especial énfasis en las debilidades institucionales y políticas. En comparación con hace cinco años, 19 países más se encuentran ahora encuadradas en las categorías de alto riesgo. “Oriente Medio y el Norte de África, el sur de Europa y los Balcanes serán particularmente vulnerables”, afirma The Economist, que constata que “la resistencia puede coordinarse con mayor facilidad que nunca en la era de los teléfonos inteligentes”.

lamarea.com
24 de diciembre de 2013

27 dic. 2013

Arrastrando el cadáver de Europa

"Dicen que quien paga manda, pero Europa, más bien Alemania, pretende, y lo consigue, mandar sin pagar. Una vez más, el país germánico ha impuesto sus criterios en las últimas reuniones sobre la creación del llamado Mecanismo Único de Resolución Bancaria, es decir, el sistema para liquidar o rescatar bancos en apuros. De único tiene en realidad muy poco, porque lo que se crea son fondos nacionales que tan solo allá por el 2026 constituirán un verdadero fondo común. “Tan largo me lo fiáis, amigo Sancho” o “A largo plazo, todos muertos”, que añadiría Keynes.

Europa da un paso adelante y dos atrás. Los Estados miembros han cedido al BCE la competencia para supervisar sus entidades financieras (aunque también aquí se impusieron las tesis alemanas de dejar al margen sus cajas de ahorro). Se suponía que esta era la condición para que Europa rescatase directamente los bancos. Incluso parecía que se había aprobado la aplicación retroactiva de la medida, lo que beneficiaba tanto a España como a Irlanda, pero como siempre Alemania se desdijo y el rescate de los bancos españoles (que en buena medida consistía en rescatar a los bancos alemanes) ha recaído sobre las finanzas públicas españolas. Europa se ha limitado a prestar parte de los recursos, una cantidad no muy distinta de aquella con la que España ha tenido que contribuir al rescate de los otros Estados.

Creíamos que al menos los bancos serían europeos. Pues no, a la hora de fijar los futuros rescates se crean fondos nacionales, cada Estado tendrá que ingeniárselas por sí mismo, y el llamado “mecanismo único” no será tan único, al menos hasta 2026, lo que quiere decir nunca, porque de aquí al año 2026 vaya usted a saber qué es lo que ha podido pasar y, además, el proceso se condiciona a la aprobación de un nuevo Tratado, lo que genera todo tipo de incertidumbres. Tampoco parece que vaya para adelante el fondo de garantía de depósitos comunitario. Eso sí, las decisiones sobre la reestructuración y liquidación de un banco se dejan en manos de un consejo de nueva creación, que por supuesto estará controlado por Alemania.

No puedo por menos que recordar mis discusiones a propósito de la aprobación del Tratado de Maastricht y el planteamiento pueril que mantenían muchos de mis antagonistas, del espectro de la izquierda o incluso del mundo sindical, cuando reconociendo los muchos defectos que presentaba el Tratado, afirmaban crédulamente, o eso parecía, que todo se andaría y que se trataba de un comienzo; la unión fiscal y social vendría más tarde, aseguraban. Han pasado más de veinte años y el presupuesto comunitario no solo no ha aumentado sino que se ha reducido. Tal como podemos apreciar ahora, no es posible ni siquiera la integración bancaria, por lo que ¿cómo vamos a pensar en una seguridad social, un fondo de seguro de paro o un sistema público de pensiones común?

Se integran las decisiones, los controles y las competencias dejando a los Estados nacionales desposeídos de sus funciones, pero en materia de recursos económicos que cada uno se las apañe como pueda. La Unión se convierte así en un laberinto sin salida. El BCE se debate en una contradicción imposible de romper: ¿cómo hacer una misma política monetaria para Alemania y los países del Sur? Hace unas semanas redujo los tipos de interés con la pretensión de contener la apreciación del euro. Desde estas mismas páginas, mantenía yo que la medida era buena pero tardía y que dudaba mucho de que tuviese éxito. El euro, lejos de devaluarse, ha continuado apreciándose frente al dólar, y es que mientras Alemania mantenga un superávit comercial del 6%, es difícil impedir la revalorización de la moneda europea, tanto más cuanto que el BCE no quiere o no puede intervenir directamente en el mercado comprando deuda pública.

Las contradicciones se multiplican. A pesar de la barra libre que el BCE está concediendo a los bancos, el crédito continúa sin llegar al público. Se sospecha que las entidades financieras se dedicaban a un negocio limpio y saneado, el de recibir los recursos de Frankfurt a tipo casi cero e invertirlos sin apenas riesgo en deuda pública a un tipo sensiblemente superior. Para evitarlo, el BCE, siempre en su laberinto, decidió penalizar en la financiación a las entidades financieras con un montante mayor de deuda pública en su activo. La reacción era de esperar: una elevación de la prima de riesgo de aquellos países, concretamente de España, que tenían colocada más deuda soberana en los bancos y una caída en la cotización bursátil de estos últimos. Esa es la consecuencia de haber constituido un banco central cojo, que puede prestar a los bancos pero no a los Estados. En un edificio mal diseñado y construido los arreglos de una parte se traducen en averías en la contigua.

Es curioso que nadie se pregunte por qué una crisis que comenzó hace cinco años en EE. UU. continúa afectando únicamente a los países de la Eurozona y más concretamente a los países del Sur. La respuesta es simple. Como nuevos sísifos, nos vemos obligados a arrastrar esa enorme piedra que es el euro, una carga excesivamente pesada. Los dioses condenaron a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Eso es lo que les ocurre a nuestras economías. Cualquier intento de recuperación quedará abortado de nuevo por nuestra pertenencia a la Unión Monetaria. Albert Camus, comentando el mito, apunta que los dioses habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. ¡Qué razón tenía!".

por Juan Francisco Martín Seco, 
Attac.es
24 de diciembre de 2013


26 dic. 2013

Los orígenes de la desigualdad

En 1754, hace más de 250 años, y veintidós años antes que Adam Smith publicara La riqueza de las naciones, la Academia de Dijon lanzó una osada pregunta y ofreció un premio para quien se atreviera a responderla: ¿Cuál es el origen de la desigualdad entre los hombres? ¿Es acaso la consecuencia de una ley natural?

El filósofo francés Jean Jacques Rousseau se interesó por el tema y en respuesta escribió su obra Sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. En ella, Rousseau sostiene que la desigualdad social y política no es natural, que no deriva de una voluntad divina y que tampoco es una consecuencia de la desigualdad natural entre los hombres. Por el contrario, su origen es el resultado de la propiedad privada y de los abusos de aquellos que se apropian para sí de la riqueza del mundo y de los beneficios privados que derivan de esa apropiación. Ya en esa época, buscar respuestas a la desigualdad social era un tema central para las ciencias sociales. Y eso que en aquel tiempo la desigualdad social era mucho más reducida.

Es un siglo más tarde, con el creciente proceso de industrialización, que comienza a crearse una diferencia importante en los niveles de ingreso, cuya relación, a nivel de ingreso medio entre los países “pobres” y los países “ricos” llegó, a principios del siglo XX una proporción de 1 a 4, para pasar a principios de este siglo a una proporción de 1 a 30.

Ahora sabemos que hay más de 3 mil millones de pobres en el mundo (casi el 50% de la población) y que la mitad de ellos vive en la miseria. La medición de la desigualdad social nunca fue un tema prioritario a lo largo de todo el siglo XX. Ni el Banco Mundial ni el Fondo Monetario Internacional, ni la ONU ni la FAO mostraron interés en el tema. Este fenómeno, sin embargo, se ha acrecentado con la actual crisis económica, dando cuenta que los más pobres y los más débiles son las principales víctimas de estas crisis generadas por la codicia y el despilfarro de unos pocos.

No hace mucho que sabemos que la distribución de la riqueza es aún más desigual que la distribucipón de los ingresos. El 90% de la riqueza neta mundial está concentrado en Estados Unidos, Europa, Japón y Australia. Estados Unidos, con un 5% de la población mundial consume el 50% de toda la producción del mundo, mientras que India, con el 15% de la población mundial consume el 1% de la producción mundial. La diferencia es de 150 veces!.

La brecha entre ricos y pobres se ha multiplicado en los últimos 30 años, justamente por seguir las recetas del FMI y aceptar a ojos cerrados las premisas del modelo Neoliberal. Este sistema tiene la particularidad de aumentar la brecha incluso al interior de los propios países al generar nueva pobreza, y el caso más emblemático es justamente Estados Unidos, cuya linea de pobreza llega al 30% de la población.

La actual crisis ha instalado nuevamente este tema en el debate y una de las posibles soluciones keynesianas que se apliquen para paliar la grave coyuntura es elevar en forma escalonada el salario mínimo. Junto a esto habrá que destinar líneas de crédito especiales a los seguros de desempleo pues una caída mayor en la demanda puede hacer que se cumpla la nueva profecía de Robert Shiller de que la crisis puede correr por años.

artículo publicado el 22 de febrero de 2008
Jaque al Neoliberalismo
http://mamvas.blogspot.com.es/2008/02/los-origenes-de-la-desigualdad.html

25 dic. 2013

Así se reparte la tarta en Estados Unidos

Aunque Estados Unids es un país con muchos defectos, al menos tiene la ventaja de ser bastante transparente en algunos aspectos, como la información estadística. Eso permite conocer relativamente pronto aspectos de su vida económica que en otros lugares o no se descubren o se tarda mucho tiempo en conocer.

Un estudio reciente del profesor de la Universidad de California (Berkeley) Emmanuel Saez (Striking It Richer: The Evolution of Top Incomes in the. United States) muestra cómo se han repartido los ingresos en Estados Unidos desde 2009 a 2012 y la gran desigualdad que se está generando en la primera potencia económica mundial. Estos son algunos de los resultados principales:

- El 1% más rico de la población se quedó con el 95% del incremento de ingresos generado en Estados Unidos de 2009 a 2012. Y con el 68% de todo el ingreso familiar real generado desde 1993 hasta ese último año.

- El ingreso del 1% más rico de la población creció el 31,4% en ese periodo y el del 99% restante el 0,4%.

- El 1% más rico de la población de Estados Unidos disfrutaba del 50,4% de la renta total en 2012, el porcentaje más alto desde 1917, cuando empezaron a hacerse estas estadísticas. De 1920 a 1940 tenía el 45% de media, durante la segunda guerra mundial el 32,5% y en los años setenta el 33%.

- La participación en el total de “la tarta” del 1% más rico aumentó el 19,6% en 2012. La del 99% restante el 1%.

- El ingreso medio real de las familias estadounidenses creció el 17,9% de 1993 a 2012. El del 1% más rico de ellas lo hizo el 86,1% y el del 99% el 6,6%.

Por cierto. Mientras que se han ido aplicando las políticas que han dado lugar a esta desigualdad la teoría dominante para justificarlas ha sido la conocida como del “derrame” que dice que no importa que la riqueza se concentre en los paíes o personas más ricos porque inmediatamente se va a ir “derramando” a los pobres. Me parece que los datos anteriores permiten comprobar si es cierta o no sin necesidad de que exprese mi opinión.

por Juan Torres López | Economista
nuevatribuna.es | 20 Diciembre 2013

22 dic. 2013

El “hijoputa” de Alberto Ruiz-Gallardón


GALLARDÓN Y MARGALLO PRESENTAN INSTRUCCIÓN SOBRE NACIONALIDAD SEFARDÍES Actual Ministro de Justicia y hasta hace poco tiempo la cara amable y progresista del Partido Popular, el ex alcalde de Madrid no se libró de la explosiva sinceridad de Esperanza Aguirre, que no pudo contener sus bajas pasiones al arrebatarle un puesto en la gestión de Caja Madrid.


¿Es realmente un "hijoputa" Alberto Ruiz-Gallardón? ¿Se trató de un mero incidente que aireó la conocida enemistad entre la vivaracha y procaz Esperanza y el solemne y pinturero Alberto o, en realidad, constituye la triste constatación de que nos gobiernan villanos y rabaneras? Al margen de excesos verbales, está claro que entre granujas anda el juego y que los ciudadanos son las víctimas de unos políticos tan desalmados como grotescos y malhablados.

Gallardón había conseguido que casi todos olvidaran sus palabras de 1983, cuando era concejal del Ayuntamiento de Madrid y afirmó que la obra de Ceesepe, uno de los dibujantes más originales de la movida madrileña, era una "porquería repugnante, pornográfica, blasfema, contraria a la moral y a la familia".

Imagino que es una simple casualidad, pero Gallardón debutó como fiscal en Málaga, donde aún flota en el aire el horror provocado por el 'carnicerito' Carlos Arias Navarro, que envío a la muerte a más de 4.300 rojos, ejerciendo de fiscal en los consejos de guerra franquistas.

No sé si Alberto respiró y se impregnó del fervor exterminador que animaba a los tribunales de los militares golpistas, pero después de examinar su reforma del Código Penal empiezo a pensar que sus sueños se parecen a los de Scar: ejércitos de hienas desfilando al paso de la oca, mientras su mirada de insufrible empollón se embriaga con el turbio aroma del poder.

Durante años, creímos que era un espíritu moderno y tolerante. Aparecía en las cadenas televisivas con Joaquín Sabina, oficiaba bodas entre gais, presumía de su amistad con políticos rivales, citaba a Rilke y desplegaba una retórica elaborada y persuasiva sobre derechos y libertades. Se sabía que era vanidoso, maniático, autoritario y engreído, pero se le exculpaba porque algunos le consideraban un centrista que apostaba por el diálogo y el consenso, casi un progre que se había equivocado de partido político.

Aficionado a la música culta (es nieto de Isaac Albéniz), su melomanía sugería una sensibilidad aguda y refinada, que esbozaba ese perfil de político humanista tan escaso en nuestro país. En la red corría el rumor de que era un mujeriego incurable, que realizaba incursiones en las umbrías aguas del amor venal, y algunos señalaban que su pasión por Fraga era sospechosa, pues se consideraba su fiel discípulo, una especie de Luke Skywalker educado por un Yoda con camisa azul, correajes y una pistola humeante, que evoca las muertes de Enrique Ruano, Julián Grimau, los huelguistas de Vitoria-Gasteiz y los partidarios de Carlos Hugo asesinados en Montejurra.

Ruiz-Gallardón se mostró partidario de "sacar a los mendigos de la calle" durante su etapa como alcalde de Madrid. No explicó qué haría con ellos, pero sus palabras recordaron a las campañas de higiene social impulsadas por la antigua ley de vagos y maleantes, que criminalizaba la pobreza y el desamparo. Su imagen progresista empezó a tambalearse, pero lo peor aún estaba por llegar.

Su nombramiento como Ministro de Justicia del nefando gobierno de Mariano Rajoy liquidó el ensueño de un político centrista y conciliador. Su reforma del Código Penal refleja un espíritu profundamente reaccionario, que oscila entre el catolicismo tridentino y el neoliberalismo más despiadado. El nuevo texto introduce la prisión permanente revisable, un eufemismo de la cadena perpetua, establece restricciones en el aborto y la justicia gratuita, desaparece el hurto y cualquier sustracción se convierte en delito castigado con penas de cárcel...

No hace falta ser un lince para apreciar que la reforma del Código Penal pretende neutralizar las protestas ciudadanas e intimidar a las familias que cometen pequeños hurtos para combatir la pobreza y la desnutrición.

Lo importante es preservar el orden público, cueste lo que cueste. Nadie tiene derecho a increpar a los políticos ni a protestar pacíficamente ante las jaurías de antidisturbios. Por eso, deben ser reprimidos sin contemplaciones. La tibieza es la antesala de la anarquía y de la destrucción de España como unidad de destino en lo universal.

'¡Todos a la cárcel!' parece ser el lema del Ministro de Justicia. Eso sí, hay que hacer excepciones: José Antonio González Pacheco, alias “Billy el Niño” y antiguo inspector de la Brigada Político-Social, y Jesús Muñecas, ex guardia civil, no merecen ser encarcelados por los crímenes contra la humanidad cometidos durante la dictadura franquista.

Aunque los reclame la justicia argentina, se debe pasar página por el bien de todos, pues los hechos son muy antiguos. No importa que las leyes internacionales afirmen que los delitos de genocidio no prescriben. Hay que perdonar y olvidar. Hoy se pide la cabeza de Pacheco y Muñecas, pero ¿no existe el riesgo de que mañana se exija la extradición de Rodolfo Martín Villa o del propio suegro de Ruiz-Gallardón, que el pasado 18 de julio publicó un artículo donde sostenía que "el Alzamiento no fue un intento grosero de liquidar al oponente, sino una necesidad imperiosa de defender a la patria"?

¿Es un 'hijoputa' Alberto Ruiz-Gallardón? Creo que a esa pregunta debería contestar Esperanza Aguirre, que le conoce de cerca y milita en el mismo partido. Yo me limitaré a decir que tal vez sólo desea imitar al juez Frollo, que incendió París para preservar el imperio de la ley.

No sé hasta dónde llegan los sueños de Alberto Ruiz-Gallardón, pero no me cuesta mucho trabajo imaginarlo con una corona de laurel y una lira, disfrutando desde una azotea del incendio social provocado por su reforma del Código Penal. No es un bárbaro, sino un gran estadista, que no ha olvidado las enseñanzas de Fraga.

A veces cuerdo y a veces loco, el ministro de Justicia no es un bohemio ni un soñador, sino un truhán al que se le ha visto el plumero y al que en 1999 Cristina Almeida, hoy desaparecida de la escena política, acusó de "hipócrita", "presuntuoso", "cínico", "misógino" y "mala baba". Catorce años después, podemos afirmar que no ha cambiado un ápice.

Artículo de Rafael Narbona (extracto)

COMEDORES DE BASURA

.

Miraba hacia el puerto; las luces del "Melillero" adornaban la noche, mientras engullía mercancías y personas con dirección a África. Absorto y envuelto en la tibia humedad de esta ciudad, soñaba con ser algún día uno de sus viajeros.
En eso pensaba cuando un sonido de ruedas metálicas y de alambres sueltos, asaltaron mi espalda. Un ejército de niños y niñas, de mujeres y hombres, conducían por las aceras carritos de la compra, de esos de las grandes superficies. Algunos de ellos iban adornados con la bandera del equipo de fútbol de la ciudad, y con muñecas amarradas con cuerdas en el mismo lugar que de pequeñas solía sentar a mis hijas.

Era una comitiva de más de veinte personas; los niños, con sus juegos infantiles subían y bajaban de los carritos emulando las " pelis de cowboys", (esta ciudad es de cine). Mi curiosidad me llevó a seguirles, a observar sus chanzas, a escuchar sus voces.

De pronto, al final de la Rambla, se detuvieron. No fueron los primeros en llegar al lugar; otros ya habían tomado posiciones entorno a los contenedores de basura: - ¡Papá, papá...Yaya, ya vienen!, gritó uno de los zagalones.

Me resistía a creer lo que estaba viendo. Una rabia de siglos me apretaba la boca del estómago...¡Mal nacidos, corruptos, asesinos...maldita España!.

Varios hombres, con una carretilla cargadora, venían desde un supermercado cercano a tirar los desperdicios del día.

Durante varias noches acompañé a aquellas personas. Incluso uno de ellos, no sé si por justificase, o por solidaridad, me ofreció un yogur: - ¡toma, está bueno! ,me dijo.

Lo que ví, no era un programa de televisión; las escenas que contemplé significaban un salto cuantitativo en el reparto de la miseria.

Pero no se preocupen ustedes, los que aún no tienen que recurrir a los comedores de basura; cualquier viernes de éstos, para acabar con el problema del hambre, el consejo de ministros firmará un decreto ley prohibiendo rebuscar comida en los contenedores.

Bueno, eso fue lo que vi y así lo he contado, y mientras lo escribía recordaba aquella canción de los primeros años de la Transición que decía:

 Cuando querrá el dios del cielo

que la tortilla se vuelva,

que la tortilla se vuelva.

Que los pobres coman pan,

y los ricos......



un artículo de Marcos G.Sedano
19-12-2013

13 dic. 2013

Los ricos primero

Hubo un tiempo, añorado hoy por los conservadores más melancólicos, en que los manuales de urbanidad nos enseñaban la obligación de ceder el asiento a los mayores en los autobuses. Y en los botes salvavidas a las mujeres y los niños en los casos de naufragio. Pero los tiempos cambian y las normas se hacen mucho menos rígidas. Sobre todo ahora que los expertos en buenos modales a sueldo de cualquier think tank neocons parecen haber llegado a un consenso para reducir las normas de buenas maneras a una sola regla: los ricos primero.

La norma, por otra parte, no es más que la aplicación estricta de aquella otra ley no escrita que dictaminaba que quien paga manda. Nos lo recordaba estos días el profesor de Filosofía Política de Harvard, Michel J. Sandel, al advertirnos de los perversos efectos que la creciente desigualdad tiene en la democracia. Y es que las salas VIP de los aeropuertos comienzan a ser un inocente recuerdo ahora que los clientes que pueden permitirse asumir el sobrecoste pueden experimentar el placer de acceder sin colas a la sala de embarque, ni listas de espera, viajando siempre en primera. Pero la priorización de los adinerados no se reduce a las agencias de viaje. De hecho, fue Marx quien hace ya bastantes décadas alertó de que con el capitalismo todo tiende a convertirse en mercancía. La diferencia está en que hoy se perdió el pudor por la compraventa de algunos productos cuya adquisición antaño sonrojaba.

Así, hoy es posible contaminar más de lo permitido por el módico precio de pagar 13 euros la tonelada de dióxido de carbono. Y en el presidio de Santa Ana, en California, el reo tiene la oportunidad de pernoctar en celdas de lujo por el módico precio de 82 dólares la noche, una oferta sin duda atractiva para ser implantada en España con la que se podría hacer más llevadera la breve estancia en prisión de tanto prevaricador, corrupto y malversador mientras espera el indulto gubernamental. Por faltar no faltan ni las ofertas de amigos de alquiler gestionados, sin duda, por las más serias y competitivas empresas.

Todo ello le lleva a preguntarse a Sandel sobre dónde está el límite a la total mercantilización de nuestra cotidianidad y nuestras necesidades. La disquisición tampoco es nada nueva si pensamos que mientras la ética protestante trabajaba de firme para sentar las bases del capitalismo, el catolicismo realmente existente en la época hacía sus pinitos, mucho antes de  poner en marcha el Banco Vaticano, con la venta al por mayor de aquellas acciones preferentes para el Paraíso a base de bulas y misas de difunto.

Así pues no resulta extraño que España se sume a las nuevas modas. O Catalunya. Por lo pronto, los trabajadores del Hospital Sant Pau de Barcelona denunciaban la pasada semana que la dirección del centro priorizó la intervención quirúrgica de un paciente privado de pago a una urgencia de un enfermo perteneciente al sistema público de salud. Pues eso, lo dicho, los ricos primero convertido en norma única de urbanidad. Aunque con excepciones, claro. Ahí está, por ejemplo, la nueva legislación de seguridad ciudadana que quiere aprobar el PP y sus planes para privatizar el orden público. Seguro que, en este caso, las dos primeras hostias de un segurata no se las va a llevar Amancio Ortega.

por José Manuel Rambla | Periodista
nuevatribuna.es | 13 Diciembre 2013

12 dic. 2013

Marca España: colas de tres horas y media para la firma del libro de Belén Esteban


     

Yerran quienes afirman que en España no se lee. Ahí tenemos a la rutilante escritora, Belén Esteban. Tres ediciones en una semana y colas de varias horas, a la intemperie, para obtener su firma.
También se equivocan aquellos que lamentan la escasa tirada de la prensa escrita. Las ventas del Marca, un día normal y no digamos los lunes, desmienten esa afirmación.

Particularmente, me desalienta hasta la depresión que en el devastado ambiente editorial, sobreviva y triunfe económicamente una sucesión de páginas dedicadas a las pasiones más bajas, al cotilleo, las intimidades… En cualquier sociedad sana, esta clase de “libros” deberían resultar minoritarios, casi clandestinos, pasto de presidiarios pajilleros, reclutas drogotas, amas de casa que restañan su frustración mientras esperan a un marido panzudo y bruto…

Pero no es así, en un axioma diabólico, triunfa lo cutre, tergiversado, instigador de pasiones y revanchas. Nada induce a la obtención de frutos mediante el esfuerzo diario, sistemático, la superación de uno mismo. Prima el engaño, el requiebro que conduce a los atajos mediante los cuales se puentee a quien decida valerse tan solo de su inteligencia, mérito y capacidad.

Desde luego, nadie puede proscribir a Belén Esteban su derecho a escribir un libro o pagar para que se lo escriban. Lo desolador es contemplar cómo miles de personas aguantan penalidades para adquirir el vómito editorial de una musa de la telebasura al tiempo que las editoriales quiebran, las librerías echan el cierre y el autor que se precie busca publicar en otro idioma… ¿En qué nivel de degradación mental y moral está abismada gran parte de la sociedad española?

Así, en la España de hoy se penaliza la superación de uno mismo, la lucha por la justicia social, el amor vibrante hacia la cultura, la pasión por ampliar conocimientos…, muy al contrario, prima lo grotesco, la España del esperpento que glosaba Valle-Inclán, la nación que expulsa a sus científicos e indulta a los ladrones de cuello blanco, la tierra de promisión de los defraudadores y mediocres ambiciosos, el lugar donde pedorras y pedorros y viceversa persiguen mediante bolos televisivos cuadruplicar, centuplicar, las ganancias de un médico, un juez, de cualquier profesional. Todo presidido por el pernicioso axioma de conseguir lo máximo con el mínimo esfuerzo, pasando por encima de quien sea, valiéndose del los medios que sea. A costa de lo que sea.

Tal vez la última y mejor réplica a esta carcoma la haya brindado Sotomayor, el esforzado atleta cubano, ante preguntas de una reportera de la caverna: “Señor Sotomayor, ¿al régimen de Cuba le parece razonable que usted, un deportista, gane más que un profesor y un médico”? Respuesta de Sotomayor: “¿Y a usted le parece razonable que un futbolista, en España, gane más que todos los médicos de un hospital juntos?”.

Esta es la “marca España”… Sobran comentarios.

Gustavo Vidal Manzanares | Jurista y escritor
nuevatribuna.es | 28 Noviembre 2013

8 dic. 2013

Mandela, el revolucionario que no renunció a la violencia


Antes de ser un icono mundial de la paz y la reconciliación, Nelson Mandela fue un líder revolucionario. En 1964, fue conducido ante un tribunal para ser juzgado por cometer “actos de violencia y destrucción”. El líder del Congreso Nacional Africano sólo quería destruir el régimen racista del apartheid, no el país.
Había dudado mucho en apoyar el sendero de la violencia, pero al final vio que era la única alternativa que dejaba el Estado a la lucha por los objetivos políticos de la mayoría negra del país. Como otros líderes nacionalistas negros de África, había llegado a la conclusión de que la resistencia pacífica sólo conducía a la inmolación.

Ante el tribunal, no intentó negar los hechos, pero sí la interpretación que hacían de ellos los jueces blancos. Sus palabras finales son las más recordadas (“es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”) y procedían de las pocas esperanzas que tenían él y sus compañeros sobre el veredicto final. Tardó dos semanas en escribir su alegato final. Un abogado que lo revisó preveía un desastre. Comentó que si leía ese texto, “le llevarían directamente a la parte de atrás del tribunal y le colgarían”. Su abogado le recomendó que no acabara con esa nota de desafío. Mandela no le escuchó: “Creía que nos iban a colgar no importa lo que dijéramos, así que pensé que podríamos decir aquello en lo que de verdad creíamos”, escribió años después en su autobiografía.

Más relevante que esas palabras finales fue la explicación que dio antes sobre por qué el CNA había decidido crear Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación, el brazo armado del movimiento) y embarcarse en una campaña de sabotajes. Mandela nunca quiso una “guerra interracial” y, aunque al final se produjeran víctimas mortales, intentó que la violencia estuviera limitada a objetivos específicos. Ante el tribunal, decidió convertirse en fiscal del sistema y acusarle de no haber dejado a los negros más alternativa que empuñar las armas.

“En primer lugar, creíamos que, a resultas de la política del Gobierno, la violencia por el pueblo africano se había convertido en algo inevitable, y que a menos que un liderazgo responsable pudiera canalizar y controlar los sentimientos de nuestra gente, se produciría un estallido de terrorismo que ocasionaría un aumento de la hostilidad y el resentimiento entre las distintas razas del país hasta un punto desconocido incluso en una guerra.

En segundo lugar, pensamos que sin los sabotajes no habría forma de que el pueblo africano tuviera éxito en nuestra lucha contra el principio de la supremacía blanca. Todas las formas legales de oponerse a este principio habían sido bloqueadas por la ley, y estábamos en una situación en la que o aceptábamos un estado permanente de inferioridad o desafiábamos al Gobierno. Elegimos desafiar al Gobierno. Primero, violamos la ley evitando el recurso a la violencia. Cuando se legisló contra esto, y cuando el Gobierno recurrió a la fuerza para aplastar a la oposición a su política, sólo entonces decidimos responder a la violencia con violencia”.

Es probable que la descripción de Mandela sobre el camino a la violencia como un proceso gradual que culminó en junio de 1961 no fuera del todo cierta. Varios miembros del Partido Comunista de Suráfrica confirmaron años después que la iniciativa surgió en su partido y que incluso Mandela formó parte también de la misma organización durante algún tiempo, algo que el expresidente surafricano siempre negó.

A finales de 1960, el PC adoptó la vía de la lucha armada, pero su número de militantes era ínfimo. Sabían que no tendrían ninguna posibilidad sin el apoyo del CNA. Mandela asumió la decisión pocos meses después con la idea de que el paso era inevitable. Tras la matanza de Sharpeville en marzo de 1960, también había sectores del CNA que pensaban que había llegado el momento de empuñar las armas.

Este apoyo táctico a la violencia, incluso algo reticente, no se convirtió en una baza negociadora que pudiera abandonarse con facilidad si las circunstancias lo permitían. Ya en los años 80, el Gobierno de P.W. Botha ofreció la libertad a Mandela a cambio de la renuncia a la violencia. La rechazó. Aunque ya no fuera posible derrocar al Gobierno racista con las armas, la guerra continuaría hasta el fin del apartheid.

La progresiva movilización política, económica y cultural en Occidente a favor de su liberación y del fin del racismo en Suráfrica no podía ocultar el hecho de que desde el primer momento el mayor apoyo que recibió el CNA procedió de los gobiernos africanos que habían conseguido la liberación del colonialismo, muchos de ellos a través de la insurrección armada, y del apoyo material de los gobiernos soviético y chino. En el esquema de la guerra fría diseñado por Washington, el CNA pasó a formar parte de la amenaza comunista, aunque en su propio juicio Mandela recordó al tribunal que nadie se hubiera atrevido a llamar comunistas a Churchill y Roosevelt por haberse aliado con la Unión Soviética en la lucha contra Hitler.

En los años 80, los gobiernos de Reagan y Thatcher no se movieron ni un centímetro en ese rechazo. Washington instauró una política con Reagan que apostaba por la existencia de unos supuestos moderados dentro del Gobierno a los que había que apoyar para conseguir que el régimen cambiara desde dentro. Ese apoyo a Botha, tan moderado que llegó a decir que el sistema de un hombre, un voto nunca se impondría en Suráfrica, permitió al apartheid sobrevivir unos años más.

En el Reino Unido, el ala derecha de los tories, incluida su primera ministra, arrojó sobre Mandela todo su odio. En 1987, 23 años después del encarcelamiento de Mandela, Thatcher aún decía: “El CNA es una típica organización terrorista. El que crea que algún día gobernará Suráfrica vive en un mundo de fantasía”. Otros diputados pedían directamente que Mandela fuera fusilado. En esos años las juventudes tories distribuyeron un cartel en un congreso del partido que reclamaba que Mandela fuera ahorcado, y no sólo él: “Y todos los terroristas del CNA. Son unos carniceros”, decía.

Mandela había apostado ya desde su juicio por la reconciliación. Al salir de prisión, se deshizo de la violencia con facilidad porque ya había cumplido su objetivo: mantener unida a la mayoría negra y evitar la aniquilación de los que luchaban por la libertad. A partir de ese momento, quiso dejar claro que su lucha no era contra los blancos, sino contra la pobreza, la violencia y la dominación de un grupo racial sobre otro. Que es lo mismo que ya había dicho en su juicio de 1964.

Un fragmento de la entrevista que Mandela dio a ITN en 1961.

Una entrevista con George Bizos, el abogado que le representó en el juicio y que continuó representándole durante los años en que estuvo encarcelado. Fundamental para conocer la actitud de Mandela en prisión, su relación en esa época con el Gobierno y finalmente sus negociaciones con De Klerk.

Publicado el 6 diciembre 2013 por Iñigo Sáenz de Ugarte
eldiario.es

5 dic. 2013

El nexo entre “yo no soy tonto” y desempleado del año

LOS DISCURSOS PUBLICITARIOS FABRICAN GUIÑOS ANTICRISIS A LA CLASE MEDIA
Discurso emocional y batalla de precios como claves de la publicidad en el contexto de crisis económica.

BENETTON. Cartel de la campaña “Desempleado del año” en el escaparate de una de sus tiendas.

Hay frases comerciales que representan por sí solas toda una época en el consumo. El eslogan más conocido de MediaMarkt, “Yo no soy tonto”, simbolizaba un periodo de disputa entre estrategias de venta consolidadas. Antes de la crisis, la clase media todavía podía elegir productos según distintas preferencias y MediaMarkt intentaba asociar los precios bajos con la elección racional e inteligente.

Incluso El Corte Inglés, esos grandes almacenes donde hablar de dinero era simplemente de mal gusto, abandera ahora una iniciativa llamada “Buenos precios” y anima en su última campaña a estrenar “nuevos precios”.

Indudablemente, el factor precio siempre ha sido un elemento clave en los productos de gran consumo, pero la crisis lo ha convertido en un aspecto esencial en la comunicación de las empresas de distribución minorista: con más de seis millones de parados y el mayor retroceso del poder adquisitivo en 27 años, el Instituto Nacional de Estadística señala que el gasto medio por hogar ha descendido unos mil euros anuales desde 2008, así que el consumidor ha ido recortando en sectores como el transporte, los restaurantes o el ocio, mientras en la tienda se ha decantando por las promociones y las marcas blancas. Justamente, la marca blanca o de distribuidor, con un aumento cercano al 10% en la cuota de mercado durante los últimos cinco años, ha terminado ganando la batalla discursiva de los precios bajos.

Pero la batalla del supermercado no es exactamente la misma que la de la comunicación comercial. En un spot de Danone, un niño aprovecha que su madre embarazada duerme para hablar con su futuro hermanito: “Aquí toda la gente habla de la crisis”, le dice, para terminar animándole a venir al mundo y compartir con él sus cosas, excepto el yogurt Danone, claro. En la misma línea iba un anuncio de Coca-Cola en el que un anciano va a conocer a un bebé recién nacido: “Te preguntarás cuál es la razón de venir a conocerte hoy, es que muchos te dirán que a quién se le ocurre llegar en los tiempos que corren, que hay crisis... He vivido 102 años y te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz”.

En los grandes medios de comunicación, hábitat comunicativo de las empresas fabricantes, éstas centran la batalla publicitaria en vincular emocionalmente sus marcas a una ciudadanía harta de la crisis. Por ello, no es de extrañar que un estudio de la consultora Nielsen sobre el efecto producido por 4.000 anuncios entre 2006 y 2011 concluya que las campañas basadas en el humor también funcionan mejor durante la crisis que las basadas en el factor precio.

Sin embargo, parece que los grandes anunciantes siguen prefiriendo por ahora el mensaje de alto contenido emocional y con elevadas dosis de optimismo. Eso sí, sin ocultar la situación de partida: “Esta crisis es tan evidente y está tan presente en la calle que es absurdo no hablar de ella”, explica a EFE Miguel García Vizcaíno, de la agencia de publicidad Sra. Rushmore. Así lo confirma el estudio Infoadex, que detectaba a principios de 2009 que hasta un 30% de las empresas del sector de la distribución y la alimentación habían optado por nombrarla directamente: “Dale calabazas a la crisis”. dice Knorr; “Aparca la crisis”, propone Peugeot, o “Con la crisis sí se juega”, según el fabricante de juguetes Famosa.

La crisis parece haber modificado el mapa semántico publicitario, y los discursos que lo pueblan se alinean ahora con el asunto que más preocupa a la ciudadanía, el paro. Así, muchas marcas han anunciado en los últimos meses descuentos especiales para personas desempleadas, pero quizás la palma se la lleva Benetton, que ha propuesto un concurso para otorgar el premio “al parado del año”. Los ganadores tienen entre 18 y 30 años (requisito exigido por la marca italiana) y han presentado escritos sobre las dificultades que pasan buscando trabajo. Sin embargo, su imagen ha pasado desapercibida frente a los elegantes jóvenes que aparecen en los carteles de la campaña, bajo el titular “Desempleado del año”, ocupando los escaparates de Benetton durante meses. Desde fuera de la tienda parece un esperpéntico homenaje a esos premios al empleado del mes que cuelgan en la cocina del Telepizza o del Burguer King. Por si hubiera dudas, Alessandro Benetton, presidente de la compañía, aseguraba que con esta campaña pretende “reconfirmar el espíritu de la marca, que tiene valores”.

Mientras la crisis (sus responsables) ha ido precarizando a la ciudadanía, los anunciantes han pasado a presentarse como agentes activos de la recuperación, y no sólo en cuanto empleadores, sino también como responsables del acceso al consumo para las clases medias. Viajes Marsans, por ejemplo, anuncia su “Operación nadie sin vacaciones” con descuentos y ayudas en la financiación del viaje. Central Lechera Asturiana dice en un spot que “hay muchas razones por las que este país ha dejado de crecer, pero no hay ninguna para que nuestros hijos dejen de hacerlo como se merecen”.

Pero también en esto destacan los grandes de la distribución, que no sólo se identifican con las aspiraciones consumistas del consumidor, sino también con los sinsabores de su bolsillo. En un reciente congreso sobre consumo, George Plassat, consejero delegado de Carrefour, llegaba a afirmar que “en Europa creímos ganar mucho rebajando salarios, pero hemos perdido gran parte de nuestros clientes, que son esas clases medias”. Algunos sindicatos han flipado.

por Isidro Jiménez Gómez
20/11/13 
en DiagonalSaberes
https://www.diagonalperiodico.net/saberes/20594-nexo-entre-yo-no-soy-tonto-y-desempleado-del-ano.html

Rescate en toda regla a los bancos (en teoría) sanos: Los DTA, activos fiscales diferidos

El Gobierno aprobará este viernes (tal como publicaron este lunes Cinco Días y Voz Pópuli) un aval que garantizará a las entidades financieras españolas el cobro de los llamados activos fiscales diferidos (DTA, por sus siglas en inglés). Se trata de otro rescate -otro más- del Estado a la banca; en este caso por un importe de 30.000 millones de euros, que solo el tiempo dirá si ha de pagar el contribuyente o no.

Activos fiscales diferidos en las principales entidades financieras

¿Qué son los DTA? Tal como explica el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe de revisión al sistema financiero español, se trata de un tipo de activo “de baja calidad” que los bancos tienen apuntado en su balance después de haber sufrido pérdidas. Es lisa y básicamente una herramienta legal que les ha permitido reducir la carga impositiva de cara al futuro, pero para ello tienen que conseguir beneficios en ese horizonte. En total, las entidades financieras españolas acumulan más de 70.000 millones de DTA en sus balances, para lo que necesitarían entre 100.000 y 130.000 millones de beneficios en los próximos años (no parece fácil).

El problema es que la antigua regulación de solvencia bancaria (conocida como Basilea II), permitía que estos DTA se contabilizaran dentro del llamado capital regulatorio, es decir, aquel que es el mínimo exigible para que una entidad sea considerada viable. Pero esto se está acabando: La nueva e inminente regulación bancaria (Basilea III) no permitirá que estos activos fiscales diferidos se apunten como capital de primera calidad (aquel que es más líquido, el que primero absorbe las pérdidas) a no ser que podamos garantizar que efectivamente son activos líquidos y ejecutables cuando sea necesario. Es aquí donde entra en juego el rescate público.

El Gobierno, después de una presión masiva por parte del lobby bancario, ha cedido y ha optado por garantizar el cobro de estos activos fiscales. El total garantizado ascenderá a 30.000 millones (yo me quedé corto, había publicado 25.000 millones hace unas semanas) y supondrá una recapitalización encubierta de unos 50.000 millones para las entidades financieras que, en teoría, estaban sanas. Y es que tal como muestra el informe del FMI, para bancos como Sabadell y Bankia los DTA suponen más del 60% de su capital principal (¡la solvencia de estas entidades dependía en su mayoría de la generación de derechos fiscales futuros e iniciertos!), y entre el 15% y el 30% para los otros tres grandes: Santander, Caixabank y BBVA.

Es decir, que sin este rescate por medio de un aval explícito a los activos fiscales diferidos, la banca española estaría en su conjunto en una situación de práctica insolvencia. es fácil de entender por ello la presión que han ejercido las entidades  sobre el Gobierno en los últimos tiempos.

Seguir a @nicolasmsarries
23/11/2013
http://blogs.20minutos.es/un-cuento-corriente/2013/11/26/rescate-en-toda-regla-a-los-bancos-en-teoria-sanos-los-dta-activos-fiscales-diferidos/

4 dic. 2013

Si a ‘nuestras’ empresas les va bien...

Stuttgart. La expansión de las marcas se basa en la rebaja de condiciones laborales en todo el mundo.
 DAVID FERNÁNDEZ

En el verano de 2012, Forbes colocó al empresario gallego Amancio Ortega como propietario de una de las tres mayores fortunas del mundo. La noticia fue motivo de orgullo para muchos españoles y españolas, que justifican la buena estrella del señor Ortega repitiendo la letanía que han leído en alguno de los periódicos: se trata de un “empresario hecho a sí mismo” que recoge los frutos de haber trabajado mucho durante décadas. Pero los medios mayoritarios olvidan a las costureras gallegas que durante décadas han levantado las marcas de Inditex trabajando muy duro a cambio de salarios más bien modestos. Estas obreras, que muchas veces trabajaban en su propio domicilio y fuera de la legalidad, se han ido quedando sin empleo a medida que Zara, Bershka, Stradi­varius y el resto de marcas de este grupo empresarial han subcontratado talleres en países que ofrecían unas condiciones “óptimas para la industria de la confección”.

En los últimos cinco años, los casos de explotación laboral, persecución sindical y vulneración de la libertad de asociación se han sucedido en Bangladesh y Camboya. Estos países pagan los salarios más bajos del mundo: en Bangla­desh el salario medio de una obrera de la confección se sitúa alrededor de los 34 euros mensuales, en Camboya ronda los 60. Aunque estas cifras se ajustan a la ley, apenas llegan para cubrir los costes de una nutrición digna. Y no se acaba aquí la lista de denuncias: talleres clandestinos en São Paulo con trabajo esclavo, trabajadoras de la confección explotadas en Tánger, condiciones al límite de la legalidad para las personas que trabajan en las tiendas del Grupo Inditex. Ante esta realidad, resulta evidente que la fortuna de Ortega se forja a costa de la precarización y el empobrecimiento de miles de personas trabajadoras.

Gobiernos, empresas y medios de comunicación nos han hecho creer que la internacionalización de las empresas españolas conlleva el desarrollo de las economías de los países receptores, ayudando a incrementar el nivel de vida de las personas que allí viven. Incluso se ha aprovechado la desarticulación de las políticas públicas de “ayuda al desarrollo” para impulsar a las transnacionales como actores de cooperación. Según su teoría, en los países empobrecidos las multinacionales van a generar un crecimiento económico que a su vez va a originar mayores tasas de empleo, transferencia tecnológica, desarrollo del tejido local e ingresos para el Estado a través del pago de impuestos. En la práctica, las empresas transnacionales vulneran de forma sistemática los derechos humanos, y son uno de los principales responsables del empobrecimiento de millones de personas en el mundo. De ello dan cuenta los relatores especiales de Naciones Unidas en derechos de los pueblos indígenas, vivienda, salud, alimentación o medio ambiente, así como la sentencia del Tribunal Permanente de los Pueblos (Madrid, 2010) que hace referencia a las operaciones en América Latina de empresas españolas como Agbar, BBVA, San­tan­der, Endesa, Gas Natural Fenosa, Repsol y Telefónica.

Peso en Latinoamérica

Los resultados operativos de dichas corporaciones tienen una alta dependencia de la región latinoamericana: los de Telefónica dependen en un 60% de América Latina; el BBVA recibe de esa región más de la mitad de lo que gana. Las compañías del Ibex-35 son las que en plena crisis, en 2011, tributaron de media el 11,6% de sus beneficios y “recomiendan” a los diferentes gobiernos españoles el rescate de la banca, las reformas laborales y de pensiones, la privatización de la sanidad y la fractura del sistema educativo.
Detrás de esta actitud irresponsable se debe señalar a sus propietarios, los accionistas. En 2010, el Banco Santander tenía como principales propietarios a grupos financieros de origen estadounidense y europeos que sumaban un 51,35% de las acciones. La familia Botín posee un 0,8% del capital social del banco y, de facto, Emilio Botín actúa como representante de los intereses de dichos capitales internacionales. Tomando como referencia la estructura accionarial de los diez valores más importantes del Ibex-35, vemos que como mínimo un 24% de su capital es propiedad de entidades financieras internacionales no españolas. En el capitalismo español, el poder está concentrado en muy pocas manos: 47 personas españolas (cinco mujeres y 42 hombres) controlan el 21,2% del poder de decisión de los consejos de administración de las empresas del Ibex-35. El presidente de La Caixa, Isidre Fainé, es consejero de cuatro de las empresas participadas por la entidad: Telefónica, Repsol, Agbar y Abertis.

La acumulación de capital por parte de grandes grupos empresariales o de personas de un determinado país no tiene nada que ver con el bienestar de la ciudadanía. Más bien facilita una concentración de poder que permite a las élites globales controlar los espacios de decisión política y los medios de desinformación de masas, presentándose como filántropos benefactores hechos a sí mismos mientras siguen enriqueciéndose sin límite a costa del empobrecimiento y la explotación de miles de obreras y obreros en el Estado español y en el mundo.

Jesús Carrión, Albert Sales i Campos
25/11/13
http://www.diagonalperiodico.net/global/20873-si-nuestras-empresas-les-va-bien.html

3 dic. 2013

Usted puede ser el siguiente

A Luis de Guindos, el Señor de los rescates, Europa le acaba de hacer un "José Ignacio Wert". Ambos ministros pensaban que los poderes mágicos de la propaganda que tan bien les sirven en España y permiten convertir en éxitos los fracasos más estrepitosos también funcionaban al otro lado de los Pirineos. Ahora ya saben que no. Puede que en Madrid resulte eficaz esconderse tras un plasma, evitar las preguntas o contestar que llueve. Pero en Bruselas la propaganda no les impresiona; lo único que les preocupa es recuperar su dinero y cuando les preguntas, responden.

El ministro Wert tuvo que comerse con patatas su intento de convertir su asalto a las becas Erasmus en una operación de austeridad continental. Rubbish fue el termino técnico empleado por el portavoz de la Comisión Europea para desacreditar al titular de Educación. A Luis De Guindos le han dejado con el culo al aire en su tentativa de convencernos de que en el Eurogrupo habían comprado las cuentas de Rajoy con el mismo entusiasmo y facilidad que aquí. No nos cuadra lo del déficit, faltan 2500 millones de ajustes y el second round de la reforma laboral, declaró Olli Rehn, el comisario de Economía. De los productores de una reforma extremely aggressive, ahora llega second round, el combate final.

La respuesta inverosímil de ministerio de Economía acredita el tamaño de la mentira. Como los niños pequeños, han buscado convencernos de que ya estaba previsto y se equivocan los europeos, que no entienden bien el español. Y como los niños chicos, nos lo hemos creído. Un país que se traga casi sin rechistar que 2500 millones de ahorro saldrán de simplificar los contratos y extender el draconiano contrato definido por un año sin derecho a despido se merece el anuncio de la Lotería y debería dedicar tanta fe a causas más ambiciosas.

Semejante cantidad a ahorrar en un año solo puede salir o de precarizar aún más, abaratar todavía más los despidos, especialmente en la administración, y reducir otra vez las prestaciones por desempleo. Por la puerta de atrás cuelan una segunda reforma que nos acercará un poco más al despido libre y al mercado laboral que quieren este Gobierno y la patronal. Un mercado de trabajo precario, desprotegido, mal pagado y de mala calidad. Un mercado laboral donde puedan acudir a contratar mano de obra barata con la misma facilidad y comodidad con que compran una lavadora. La ventaja será que cuando ya no les sirva el trabajador no tendrán ni que reciclar: bastará con echarlo a la calle.

Si creía que el chantaje de un ERE masivo y las rebajas de sueldo salvajes eran solo para los trabajadores del servicio de limpieza de Madrid, sepa que no. Que ahora es la norma. El siguiente puede ser usted. Y como esos trabajadores tendrá que elegir. Nunca fue tan verdad aquello de la unión hace la fuerza. O unión o ERE, he ahí el dilema. Usted sabrá. Si no ha salido este fin de semana a manifestarse contra los recortes, antes o después, le tocará hacerlo.

Por Antón Losada 
24/11/2013 
http://www.eldiario.es/zonacritica/Usted-puede-siguiente_6_200239977.html#BGW82cBIS7MviQni


Leer más:  "¿De dónde se saca Rajoy que va a poder bajar los impuestos en 2015?"

http://www.eldiario.es/miradaalmundo/saca-Rajoy-poder-bajar-impuestos_6_199540060.html#BGW8bHwuXVhorKhX
Por Carlos Elordi 




1 dic. 2013

Cuando las fronteras no eran metálicas

La valla de Melilla y sus cuchillas han dado la vuelta al mundo. Los estigmas en las manos, el desgarro de la piel, acabando ésta en ser parte del frío metal, no es el reflejo de “la necesidad de salvaguardar una estructura de Estado” ante “la inmigración ilegal”, como muchos rezan en las tertulias televisivas y, columnas de opinión de la prensa de un Régimen caduco. Es algo más: la negación del otro.

La construcción de las identidades es un campo complejo. El nacionalismo español, tal como lo conocemos ahora, se comenzó a gestar bajo el reinado de Isabel II (1833-1868). En estos momentos, la figura del historiador obtendrá una gran relevancia, en aras de indagar en las raíces de un pasado común que aunase a todos los españoles.

Se puede proponer una tesis oficialista, aupada en cierta medida por historiadores como Modesto la Fuente, Alcalá Galiano y Fernández de los Ríos --con matices--. De tal modo se sostenía que los valores de los españoles tendrían su origen en Roma, siendo el derecho romano uno de los pilares básicos sobre los que se sustenten la legislación vigente en aquel siglo. Los Godos serían la siguiente pieza sobre el tablero, envueltos en el cristianismo, fenómeno religioso que penetrará en todos los campos de la vida cotidiana, así como en las instituciones. Dicho factor se consolidó tras la llamada “Reconquista” ante la “invasión musulmana”. Los Reyes Católicos marcarán un punto de inflexión, consiguiendo la unión de todos los pueblos que habitaban en el territorio. A partir de ahí, una serie de episodios a gran escala definirían los valores de la nación española. La última gesta, la “Guerra de la Independencia” (1808-1814), en la cual, el pueblo expulsará a las tropas extranjeras, es decir, francesas. Sin lugar a dudas, lo aquí expuesto es una síntesis, sólo para que el lector se haga una idea de una corriente de pensamiento histórico al servicio de la nación.

Pueden imaginarse que la creación de un tiempo pretérito propio, es excluyente. Resultaba necesario crear entidades “invasoras” que fueran expulsadas. El otro, el ajeno, se dibujaba como el enemigo que nada tuvo que ver en la conformación cultural del conjunto del reino. A pesar de ello, a finales de siglo las investigaciones sobre el Antiguo Oriente comenzaban a aflorar en la Península y no sólo proyectando sus estudios sobre territorios lejanos, también, mostrando un enfoque interno, indagando sobre los pueblos de corte oriental que se posaron, incluso, durante siglos dentro del marco español.

El primer ejemplo de ello, nos llega a través de la firma de Bernardino Martín Mínguez --anticuario de la Real Academia de la Historia-- en un artículo titulado Congreso de orientalistas, publicado en 1891 en la Revista Contemporánea. El objeto del texto consistía en presentar el Congreso Internacional de Orientalistas que, se celebraría un año después en España (al final, dicho evento no se realizó por motivos que no comentaremos en esta ocasión). El anticuario, hace mención al peso histórico que tenían los pueblos procedentes de Oriente para el territorio nacional: “España guarda en sus suelos y subsuelos riquezas de subido punto histórico que arrancan desde las tierras de Oriente. España es un campo de hermosos recuerdos, tradiciones, usos y costumbres de Asia, África y Grecia. España fue región de raza oriental antes de que recibiera el sello romano, y oriental volvió a ser en parte cuando las liviandades de Witiza abrieron el estrecho a los mahometanos”. La voz de Mínguez es conciliadora e integradora, acorde con el avance de la ciencia histórica en aquellos momentos, sobre todo en el ámbito arqueológico.

 Levantamiento de la tapa del sarcófago antropoide en 1887.
En segunda instancia, hay que hacer mención a la figura de Manuel Rodríguez de Berlanga, especialista en derecho romano. Sin embargo, sus investigaciones fueron más allá, alcanzando el orbe fenicio; las huellas
orientalizantes que comenzaban a desenterrarse en el sur de Andalucía. Nuestro protagonista, a partir de una metodología muy influenciada por la corriente alemana, trabajó sobre el yacimiento de Punta de la Vaca (Cádiz). Seguramente, de dicho enclave, la foto más conocida sea la del sarcófago antropomoide, extraído de uno de los hipogeos fenicios en 1887. Los trabajos de Berlanga, realizados entre los años 1891 y 1892, salen a la luz en 1901 en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. El rigor científico a largo de sus informes es indiscutible. En sus conclusiones, en torno a los orígenes de España, hace mención a la posición de sus hipótesis ante las oficialistas : “Estas teorías deben ser, sin embargo refractarias, para los que, entusiasmados con la supuesta cultura con que pretenden que arribaron los vascones a la Península en siglos remotísimos, quieren que la extendieran por todo el país, por más que de ella no se conserve ni el menor rastro; y para los que, llenos del más arraigado celtismo, estiman que sus héroes, centenares de años antes que los romanos, pasaron las cumbres pirenaicas de las que descendieron difundieron a su paso por las regiones que atravesaban en la Iberia los gérmenes admirables de su poderosa civilización , hasta hoy, sin embargo, desconocida”.

Seguramente, algunos se pregunten qué tienen que ver los estudiosos aquí presentes, y el debate sobre los orígenes de una nación, con la cuestión de la valla de Melilla. Se pueden atisbar ciertas similitudes. La crueldad de los mecanismos de control de las fronteras físicas de una entidad nacional, sólo se explican ante un sentimiento de rechazo ante “el otro”. La distinción nacional es clara y, para ello, el papel de la Historia sigue siendo fundamental, en consecuencia, su uso. Citas como la de Antonio Cavanilles en su Historia General de España (1860): “Permítasenos que nos lastimemos, de que el escepticismo moderno gaste sus fuerzas en querer negar nuestras más genuinas glorias (…). Más tarde veremos poner en duda la existencia del Cid”, siguen siendo parte del nacionalismo español en el siglo XXI. Los héroes, la Reconquista, Don Pelayo y otros tantos iconos permanecen a día de hoy.

Berlanga, escéptico ante el oficialismo, en otro de sus artículos --"Los Bronces de Lascuta, Bonanza y Aljustrel"-- vierte su opinión sobre la cuestión aquí tratada: “La conquista de Granada y más aún la expulsión de los moriscos del 1492 al 1610, puso término a la gran influencia civilizadora que por el largo espacio de cerca de treinta siglos habían tenido el Asia y el África en España, a la que era ya deudora de su primitiva y más importante cultura”. Es cierto que se posiciona en el extremo opuesto --y en Historia hay muchos matices-- pero su voz resultaba necesaria, una voz contrastada en la investigación científica.

En los últimos tiempos se ha banalizado en demasía con la ciencia histórica. Por tanto, el uso del pasado ha sido manipulado y utilizado para crear ideas erróneas, sirviendo de fuente legítima a unas concepciones concretas. Los muros de alambre son la consecuencia de los muros del pensamiento. Si los segundos no se pueden tirar, jamás los primeros y, el que hoy gobierna cree en reconquistas y héroes épicos. Prefiere la cuchilla que optar por otro tipo de soluciones, cosas del ideario patrio.

Por Javier F. Negro
26/11/2013
http://www.diagonalperiodico.net/blogs/javierfernandez/cuando-fronteras-no-eran-metalicas.html

30 nov. 2013

¿Y la culpa de quién es?

Floriano dirigirá la campaña del PP para las elecciones europeas
La dirección del PP, en un Comité Ejecutivo Nacional. / Efe
Que éste es un final de etapa histórica lo certifica que dos personas que arrojaron una tarta a otra investigada por delitos de corrupción (caso de las dietas de Caja Navarra) sean condenadas a dos años de cárcel mientras la otra se marcha a su casa tranquilamente y, además, forrada. Éste es el país que es, un país corrupto. La verdadera Marca España es la corrupción.

Lo que acabo de escribir arriba es tremendo. Mírese como se mire, es triste, y tiene implicaciones terribles, pero eso lo da por hecho con naturalidad el Partido Popular. Un portavoz suyo, González Pons, se muestra orgulloso de pertenecer a ese partido, del que dijo que sus miembros y dirigentes son tan honrados como todos, tras conocerse que se financió, y sus dirigentes se lucraron, con dinero negro.

Conviene saber a quién se dirigía al decir eso, si a los militantes y votantes de su partido o a toda la ciudadanía española. Si se dirigía a su partido, entiendo que les decía: "Claro que somos delincuentes, pero sólo son delitos económicos. Lo normal, los demás también lo hacen. No os preocupéis porque ahora se haya descubierto, no es algo tan vergonzoso". Les da ánimos para continuar, no miréis a los lados, no escuchéis lo que os digan por la calle, hay que seguir, que enfrente están los otros. Un partido que asume eso es peligrosísimo para un país; simplemente, es un cáncer político.

Pero si se dirigía al conjunto de la sociedad, entiendo que le dijo: "Pero si aquí todos somos unos sinvergüenzas, no disimuléis. Éste es un país de ladrones, siempre lo hemos sido, y a mucha honra; somos vivos y no como esos europeos. Pero, ojo, que son unos hipócritas y también roban, pero más finamente".

Que un país no sea de fiar, con una población envilecida y un Estado corrupto, es lo peor. Un país así no tiene esperanza, es un país que no confía en su capacidad para sacarse adelante colectivamente. Es un país desesperado.

Sólo a un país desesperado se le puede hablar con el cinismo que demostró González Pons cuando vino a decir: "Somos tan honrados como todos, ya me entendéis, pero tenéis que agarraos a nosotros porque somos los más eficaces y no tenéis opción". Me parece que tanto un votante del PP como una persona cualquiera debe sentir que esa declaración es un escupitajo en la cara. ¡Vótanos y calla, perro!

Pero ¿realmente somos así? Yo no estoy de acuerdo, conozco a muchas personas honradas, con sentido de la dignidad e incluso del decoro; personas que, caso de incurrir en irregularidades económicas, sentirían una vergüenza enorme al ser conocidas. Personas decentes, en suma. Personas que no estafaron a la hacienda pública y que no recibieron dinero negro a cambio de prevaricar o de algún otro tipo de compensación. Personas que no se lucran con sobres llenos de billetes de 500 euros. ¿Por qué las insulta González Pons? Pues porque es lo que quiere, insultarlas. Rebajarlas a su nivel. El PP necesita una España sin dignidad alguna, una sociedad que asuma el peor retrato de sí misma, la España más tenebrosa y la más temible: llena de miedo y de odio. Un país lleno de personas resentidas, que esconden su cobardía tras la risotada, el grito y el navajazo. Incapaces de dialogar y crear proyectos colectivos.

Pero yo sé que González Pons miente, porque sé que existen en la sociedad muchas personas que, además de ser honradas y pagar impuestos cuando tienen trabajo, se comprometen en los asuntos colectivos desinteresadamente, crean asociaciones y redes de protección para quienes van siendo excluidos por la política que practica el Gobierno, se movilizan para parar tantas agresiones y retrocesos sociales y políticos... Y lo hacen sin cobrar, pagando sus gastos.

Si González Pons se lo dice a toda la sociedad, miente. Y si se lo dice a los votantes, afiliados y cargos del partido, entonces es que la Justicia tiene que intervenir porque ese partido debe ser investigado en sus intenciones y averiguar si, efectivamente, es una organización creada para cometer delitos monetarios.

La ciudadanía española no es como quiere retratarla ese señor, pero no hay duda de que hoy por hoy su España es así.

Suso de Toro 
eldiario.es / zona crítica
27/11/2013

28 nov. 2013

Túneles con luz y casas a oscuras

Vecinos contra un desahucio en Madrid (Efe)
Vecinos contra un desahucio en Madrid (Efe)
Cuando el sol se pone cada día, hay gente que se enfunda dos pijamas, apaga las luces y se mete en la cama. No lo hacen porque les guste irse a dormir a las siete de la tarde, sino porque no tienen cómo afrontar el pago de la luz, ese bien que las eléctricas distribuyen cada vez más a precio de oro. No lo hacen porque sean frioleros, sino porque no disponen de recursos para poder pagar el precio cada vez más prohibitivo de la calefacción.

No es una anécdota aislada. Es un relato habitual ya no solo de trabajadores sociales, que mantienen contacto directo con las personas más necesitadas, sino de gente cercana, de integrantes de movimientos sociales, de asistentes a asambleas de barrio, de familias aparentemente normales que coinciden contigo a las puertas del colegio esperando a los niños.

En 2012 1,4 millones de viviendas sufrieron cortes de luz en España por impago. En los últimos seis años la factura eléctrica se ha disparado un 60% y la renta media de los hogares ha descendido al menos un 8,5%. Hagan los cálculos...

Mientras tanto, Amancio Ortega alquila su oficina por más de un millón de euros, Botín festeja lo que considera un momento fantástico, Rajoy dice que estamos mejorando y Rouco Varela anuncia el comienzo de la recuperación. Los de arriba hablan de la luz al final del túnel mientras hay familias que no pueden ver la luz ni en su propio hogar.

Hay días duros en este otoño invernal. Hay gente llorando en las colas del Inem. Hay gente llorando en las colas de los comedores sociales. ¿No lo han visto ustedes? Pásense alguna vez y quédense un rato. Hay amigos que no pueden reponer su nevera a partir de los días 15 de cada mes. Hay seres queridos a los que les están negando la atención sanitaria. Ante ello la reacción más instintiva se traduce en rabia. Hay días de rabia visceral, de frustración, de una indignación pasiva capaz de bloquearnos.

Necesitamos la sublimación del enfado y la transformación de la rabia para convertirla en motor de cambio. Se están derrumbando los mitos de un modelo económico y ante ello no es suficiente la pataleta, ni la descripción crítica de la injusta realidad, y quizá ni siquiera las manifestaciones, si no van acompañadas de estrategias capaces de generar formas participativas y vinculantes a largo plazo.

La represión estatal forma parte de un guión escrito de antemano. Cuando el Estado tira demasiado de la cuerda, recurre a nuevas formas de control: Refuerza la coerción a través de la vía económica, aplicándonos directamente la doctrina del shock, con más recortes, y echa mano de las fuerzas de seguridad, a las que en realidad deberíamos llamar “sus fuerzas”, sin más.

 La capacidad de subordinación de la gente está condicionada por el monopolio del Estado sobre la llamada violencia legítima. El hecho de que las fuerzas de seguridad  -“sus fuerzas”- tengan capacidad para reprimir, constituye ya de por sí una coacción.

En palabras del historiador y ensayista británico Perry Anderson, ante una ‘crisis’ como la actual, la coerción puede pasar de ser determinante a ser dominante. Es decir, cuando desde arriba se genera una situación insostenible para muchos, el Estado opta por un despliegue de sus fuerzas y se apoya más en sus aparatos represivos que en los representativos.

Es lo que está pasando en España. El Gobierno toma posiciones y tantea la dimensión de su despliegue. El borrador de la llamada Ley de Seguridad Ciudadana y el estudio para modificar la ley de huelga son, junto con el cambio del Código Penal, buena prueba de ello. Se están calentando los motores de la represión más tradicional, la que criminaliza la protesta, la que impone la sumisión con la amenaza de la fuerza, la que condena con penas de cárcel a sindicalistas por ocupar una finca.

Hay opciones frente a la sumisión y al sálvese quien pueda. Si creemos en la posibilidad de transformación, seremos capaces de seguir luchando, por muchas leyes 'de seguridad ciudadana' que intenten colarnos. Se pueden crear caminos para construir hegemonía cultural, a través de la educación, del comportamiento, de la organización, de la comunicación.

Son tiempos dolorosamente oscuros. Intentan quitarnos todo para acumular aún más riqueza, pero no pueden arrebatarnos nuestra capacidad de soñar, de querer mejorar lo que nos rodea. Tenemos derecho a imaginar, como principio de toda alternativa; a reivindicar, porque nada llega sin conquistas.

Decía Benedetti que había que defender la alegría como trinchera, como un principio, como una bandera. Como una forma de resistencia. Frente a la melancolía y la muerte. Frente a la oscuridad de las casas, frente a túneles de luz falsa.

por Olga Rodríguez  
26/11/2013
eldiario.es / zona crítica

24 nov. 2013

Cinco falacias sobre la memoria histórica

(En orden de aparición en cualquier discusión sobre el franquismo, los torturadores sin juzgar, y el Valle de los Caídos).

1. «No es el momento de mirar al pasado». Falso. Las víctimas del franquismo están en el presente. Siguen vivas y piden justicia. Algunas todavía buscan los cuerpos de familiares fusilados, otras padecen secuelas permanentes de las torturas de los últimos años del franquismo. En la transición se les prometió que esa reparación llegaría más adelante, que era muy pronto. Ahora se les vuelve a engañar, diciendo que es demasiado tarde. Lo es, por eso hay que solucionarlo cuanto antes. Lo contrario de la memoria no es el futuro: es la amnesia.

2. «En todas las guerras muere gente». Sí, pero en España la gente siguió muriendo tras la guerra. Hubo fusilamientos masivos. Alrededor de 50.000 personas fueron ejecutadas tras la derrota de la República. El último campo de concentración franquista se cerró en 1947. Y las torturas y la represión continuaron.

3. «También hubo víctimas inocentes del otro bando». Cierto, pero esas víctimas ya fueron reparadas. Sus familiares recibieron compensaciones económicas: propiedades de los derrotados, pensiones vitalicias, estancos o plazas de funcionario. Sus cadáveres fueron recordados y enterrados en un lugar donde sus familiares pudiesen llorarlos. Mientras, las víctimas de la represión franquista siguieron en las cunetas. España es hoy, tras Camboya, el país del mundo con más fosas comunes. Hablamos de al menos 114.000 desaparecidos.

4. «La prioridad es salir de la crisis y no hay dinero para estas cosas». Falso. El dinero para la memoria histórica era una cifra ridícula. El Gobierno socialista dedicaba a esta partida 6,2 millones de euros anuales. Nada más llegar, el PP lo dejó en 2,5 millones y aún le pareció demasiado. Desde hace dos años es cero. Rajoy no da un duro para la memoria histórica, pero sí lo tiene para el Valle de los Caídos. El 18 de julio el Gobierno aprobó una ayuda de 214.847 euros para reparar el mausoleo del tirano.

5. «No se puede juzgar el franquismo por la ley de amnistía». Falso. Esa ley no es muy distinta de la ley de punto final argentina, que fue derogada. El derecho internacional ha dejado más que claro que los crímenes contra la humanidad no prescriben. Así lo entiende la propia ONU, que va a llevar el caso español en el 2014 ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La ONU pide tres cosas al Gobierno: un plan estatal para localizar los cuerpos de los fusilados, derogar la ley de amnistía y juzgar las desapariciones. Es lo mínimo, lo mismo que han hecho todos los demás países democráticos que han sufrido una dictadura. Todos menos España.

Ignacio Escolar / Periodista
3 de noviembre del 2013
elPeriódico.com

23 nov. 2013

El poder de las empresas transnacionales

Instalaciones de Repsol en Ecuador.  EDU LEÓN

LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL HA CREADO UN CONTEXTO DE IMPUNIDAD DE LAS TRANSNACIONALES

En los últimos cien años, mientras ha ido avanzando el capitalismo global y los Estados-nación han venido cediendo parte de su soberanía en cuanto a las decisiones socioeconómicas, las empresas transnacionales han logrado ir consolidando y ampliando su creciente dominio sobre la vida en el planeta. Y es que aunque, en realidad, los antecedentes de lo que hoy son las compañías multinacionales pueden situarse varios siglos atrás –se habla de la existencia de empresas de este tipo ya a finales de la Edad Media, con los ejemplos de la Banca de los Médici o la Compañía de Indias–, no es hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando compañías estadounidenses como General Electric, United Fruit, Ford y Kodak comienzan a extender sus negocios fuera de su país de origen, en que las grandes corporaciones empiezan a adquirir un papel de extraordinaria relevancia en el concierto internacional. Y eso se potencia, especialmente, en las tres últimas décadas del siglo pasado y en lo que va de este, ya que el avance de los procesos de globalización económica y la expansión a escala planetaria global de las políticas neoliberales han servido para construir un entramado político, económico, jurídico y cultural, a nivel global, del que las empresas transnacionales han resultado ser las principales beneficiarias.

Es evidente el poder que, en términos económicos, tienen las corporaciones transnacionales. Basta comprobar, por ejemplo, cómo la mayor empresa del mundo, Wal-Mart, maneja un volumen anual de ventas que supera la suma del Producto Interior Bruto de Colombia y Ecuador, mientras la petrolera Shell tiene unos ingresos superiores al PIB de los Emi­ratos Árabes Unidos. Asimismo, las compañías multinacionales disponen de un innegable poder político: son moneda de uso corriente las estrechas relaciones entre gobernantes y empresarios, no hay más que ver cómo, por citar solo algunos casos, los expresidentes González, Aznar, Blair y Schröder han entrado en el directorio de corporaciones como Gas Natural Fenosa, Endesa, JP Morgan Chase y Gazprom, respectivamente; de la misma manera que, en sentido contrario, Mario Draghi y Mario Monti pasaron de Goldman Sachs a las presidencias del Banco Central Europeo y del gobierno italiano.

Igualmente, las empresas transnacionales poseen una extraordinaria influencia sobre la sociedad tanto en el terreno cultural –las grandes compañías emplean la publicidad y las técnicas de marketing para consolidar su gran poder de comunicación y persuasión en la sociedad de consumo– como en el plano jurídico: los contratos y las inversiones de las multinacionales se protegen mediante una tupida red de convenios, tratados y acuerdos que conforman un nuevo Derecho Corporativo Global, la llamada lex mercatoria, con el que las grandes corporaciones ven cómo se protegen sus derechos a la vez que no existen contrapesos suficientes ni mecanismos reales para el control de sus impactos sociales, laborales, culturales y ambientales.

Todo este poder que han acumulado las empresas transnacionales se ha venido acrecentando, de forma acelerada, desde los años setenta hasta hoy. Esto es, desde que con la aplicación de las medidas económicas promovidas por Milton Friedman y la Escuela de Chicago, el neoliberalismo fue imponiendo su ideología por todo el globo aprovechando los golpes militares, las guerras, las catástrofes naturales y las sucesivas crisis económicas para introducir drásticas reformas sin apenas oposición popular en el marco de “la doctrina del shock”. En los últimos cuatro años, desde que estalló el crash financiero global, y siguiendo la máxima de “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas”, las instituciones que nos gobiernan están aplicando en Europa las mismas políticas que se llevaron a cabo en los países periféricos en las décadas de los 80 y 90: reformas laborales que recortan derechos laborales básicos, modificación del sistema de jubilaciones para favorecer los planes de pensiones privados, aumento de los impuestos indirectos y de la fiscalidad sobre las rentas del trabajo, reducción de la tributación de empresas y grandes fortunas, mercantilización de los servicios públicos que todavía quedan por privatizar, eliminación de la inversión pública en edu­cación, sanidad, cooperación, dependencia, etcétera.

De este modo, mientras se inyectan presupuestos públicos millonarios a las mismas empresas que durante todos estos años se han beneficiado de la falta de regulación del sistema económico y financiero, la crisis es la excusa para avanzar con más fuerza en el desmantelamiento del Estado del Bienestar, la privatización de los bienes comunes y la apertura de puertas al capital transnacional para que pueda controlar más y más cuestiones que tienen que ver con los derechos fundamentales de la ciudadanía.

Las compañías multinacionales controlan los sectores estratégicos de la economía mundial: la energía, las finanzas, las telecomunicaciones, la salud, la agricultura, las infraestructuras, el agua, los medios de comunicación, las industrias del armamento y de la alimentación. Y la crisis capitalista no ha hecho sino reforzar el papel económico y la capacidad de influencia política de las grandes corporaciones, que tan pronto hacen negocio con los recursos naturales, los servicios públicos y la especulación inmobiliaria, como con los mercados de futuros de energía y alimentos, las patentes sobre la vida o el acaparamiento de tierras. Asistimos a una crisis sistémica que no es solo económica, sino también ecológica, social y de cuidados, que está produciendo estragos en las condiciones de vida de la mayoría de la población mundial.

En este complejo contexto, resulta imprescindible continuar con la investigación, el análisis, la denuncia y la movilización en contra de los abusos que cometen las empresas transnacionales en su expansión por todo el globo. Porque, lejos de debilitarse con la actual crisis económica y financiera, el hecho es que las grandes corporaciones continúan fortaleciendo su poder e influencia en nuestras sociedades gracias a sus renovadas estrategias corporativas y a la constante aplicación de nuevos modelos de negocio. Por eso, a la vez que se profundizan las desigualdades y las mayorías sociales ven cómo sus derechos quedan relegados frente a la protección de los intereses comerciales y los contratos de las compañías multinacionales, se hace más necesario que nunca fortalecer las luchas y resistencias en contra de las empresas transnacionales. A la vez, ha de avanzarse en la reflexión y la construcción de alternativas socioeconómicas que nos permitan mirar más allá del capitalismo, abriendo ventanas hacia esos otros modelos posibles, otras realidades que no pasen por situar a las grandes corporaciones en el centro de la actividad de la sociedad sino que, justamente al contrario, las desplacen a un lado para colocar en su lugar a las personas y a los procesos que hacen posible la vida en nuestro planeta.

por PEDRO RAMIRO, ERIKA GONZÁLEZ, Juan Hernández Zubizarreta
DiagonalGlobal  21/11/13

Un mercado controlado por pocas empresas

¿Qué son las transnacionales?
Una empresa transnacional (o multinacional) es aquella empresa que está constituida por una sociedad matriz creada conforme a la legislación del país en que se encuentra instalada, que se implanta a su vez en otros países mediante inversión extranjera directa, sin crear empresas locales o mediante filiales, de acuerdo a las leyes del país de destino. Aunque tenga la apariencia jurídica de una pluralidad de sociedades, en lo esencial se constituye como una unidad económica con un centro único con poder de decisión.

El poder en pocas manos

En el año 2010, había 80.000 empresas transnacionales en todo el mundo, que controlaban 810.000 compañías filiales. Eso sí, a pesar de que existen miles de transnacionales en el mercado global, apenas unos cientos de ellas controlan a las demás: 737 multinacionales monopolizan el valor accionarial del 80% de total de las grandes compañías del mundo, y solo 147 controlan el 40% de todas ellas.


22 nov. 2013

¿Cuánto se pueden demorar los litigios por temas fiscales?

Debido a la crisis, proliferan en los periódicos numerosas noticias sobre la reclamación de deudas por parte de Hacienda a empresas y particulares, ya que suele ser habitual que en momentos de vacas flacas los contribuyentes tengan menos capacidad para afrontar sus pagos. Pero en esta crisis muchos de los contribuyentes a los que la Agencia Estatal Tributaria (AEAT) ha exigido el pago de las deudas son todo menos poco “pudientes”.

Es el caso de multimillonarios como Amancio Ortega, al que el fisco le reclamó el pago de 33 millones de euros por no haber declarado unas plusvalías de la salida a bolsa de Inditex en el Impuesto de Patrimonio, debido a una interpretación errónea de este tributo. En este caso, Ortega pagó religiosamente la cantidad, pero no siempre este rifirrafe con Hacienda acaba de una forma tan sencilla y en tan poco tiempo.

De hecho, según Defensa del Contribuyente, un litigio tributario suele demorarse una media de cuatro años en la vía administrativa hasta que termina en una resolución de los tribunales económico-administrativos. Sin embargo, si el caso salta después a la vía judicial, la espera ya pasa a ser de entre cuatro y seis años, según la complejidad del caso y la formación del juez. Por último, si el veredicto de la Audiencia Nacional no gusta a las partes, se puede recurrir al Tribunal Supremo, por lo que nos situaríamos en una década.

Obviamente, estos tiempos son el promedio, ya que si el perseguido por Hacienda es un gran contribuyente, la litigiosidad aumenta. Y es que las grandes fortunas pueden permitirse esperar debido al respaldo de su cuenta bancaria. De este modo pueden pagar los hasta 10.000 euros que cuesta el asesoramiento puntual de los mejores expertos, además de pedir ampliaciones de expedientes una y otra vez.

Por ejemplo, si el afectado es una gran compañía, le basta con provisionar la cantidad reclamada y cuanto más tiempo pase, mejor. De hecho, si al final de todo el proceso la sanción impuesta es más dura que cuando comenzó el litigio, se le aplicará la menor, por lo que el contribuyente juega sobre seguro. Además, en los diez años que puede prolongarse un juicio de este tipo, siempre puede perderse algún papel, aunque cada vez menos gracias a la implantación el expediente electrónico.

Por tanto, teniendo en cuenta esta realidad, es del todo comprensible que el 71,8% del fraude fiscal proceda de grandes empresas y patrimonios, colectivo en el que la Agencia Tributaria debería centrar sus labores de investigación y no tanto en los pequeños fraudes que cometen particulares, pymes y autónomos.

Carlos Cruzado,
Presidente de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA)
nuevatribuna.es | 17 Noviembre 2013

21 nov. 2013

Hay palabras que matan

El amor causa a veces tanta desazón que en lugar de producir gozo decimos que mata. San Juan de la Cruz lo definía por eso como un no se qué que mata con no se qué, y santa Teresa sufría por ello como nadie: “Hirióme una flecha, enherbolada de amor”.

A las palabras les ocurre más o menos lo mismo. Aunque no nos demos cuenta, cuando se utiliza cualquiera de ellas no solo se “dice” algo sino que se realiza una acción que puede modificar lo que hay a nuestro alrededor y, por tanto, nuestra conducta. Eso significa que las palabras tienen capacidad performativa o, según Derrida, “el poder de transformar la realidad”.

Cuando se utiliza la expresión austeridad para referirse a las políticas de recortes no es por casualidad. Con ella se genera un sentimiento de culpa que genera sumisión porque interpreta la pérdida de derechos que conllevan como la consecuencia inevitable de nuestro gasto previo excesivo. Además, la inmensa mayoría de las personas consideramos la austeridad como un valor positivo, así que cuando se utiliza esa palabra asociada a una determinada política económica se está consiguiendo que se de por buena con independencia de lo que lleve consigo, de su contenido real.

La evidencia empírica muestra que si la deuda que se quiere combatir con recortes sociales se ha disparado no ha sido por culpa de haber tenido muchos gastos corrientes (concretamente en educación, sanidad, cuidados o pensiones públicas que son las partidas que se recortan) sino porque se pagan intereses leoninos y totalmente injustificados a los bancos privados, y las encuestas nos indican que casi un 80% de la población no desea que se realicen esos recortes. Pero cuando se asocian a la palabra austeridad se aceptan fácilmente porque se considera que esta es lo natural y deseable frente al despilfarro o derroche que cualquier persona decente condena. La palabra, casi por sí sola, transforma la realidad y condiciona nuestra conducta.

Algo parecido ocurre también con la palabra déficit cuando se refiere a la prestación de los servicios públicos.Si nos dicen que la sanidad o las pensiones públicas o una televisión autonómica o un servicio municipal tienen déficit, inmediatamente pensamos en algo negativo y condenable, en que han gastado más de lo debido y que, por tanto, hay que recortarlos o incluso renunciar a ellos.

Pero la realidad es que las actividades o servicios que se financian en el marco de un presupuesto público no pueden tener déficit o superávit en sí mismos. Pueden tenerlos los Presupuestos Generales del Estado, los de una comunidad autónoma o de un Ayuntamiento, pero no sus diferentes partidas o conceptos.

Lo mismo que no tendría sentido ninguno decir que la jefatura del Estado o la policía es deficitaria, tampoco lo tiene decirlo de la justicia, la sanidad, la educación, las pensiones o de una televisión pública. Salvo que queramos performar la realidad para convencer de que la monarquía o la policía o cualquier otro servicio público es muy caro, que gasta en exceso y que, por tanto, es prescindible o que sus recursos deben disminuir.

Sin que apenas nos demos cuenta, usamos palabras que matan porque nos hacen creer lo que no es para hacernos así más obedientes.

Ningún servicio público tiene déficit sino que, en todo caso, tiene financiación insuficiente. Y la tienen porque una parte privilegiada de la sociedad no quiere contribuir a financiarlos como demuestra que solo aplicando las medidas que proponen los técnicos del Ministerio de Hacienda para combatir el fraude fiscal se recaudaría prácticamente la misma cantidad (38.500 millones de euros) que van a suponer los recortes sociales de este año.

Pero es evidente que no tiene el mismo efecto político utilizar una expresión u otra. Si oímos a cada instante que lo público es deficitario se pedirá que se recorte, si se hablase de su escasa financiación, se reclamarían más recursos, obligando a que los de arriba, y no solo los de abajo, se rasquen también el bolsillo.

Juan Torres López | Economista
nuevatribuna.es | 12 Noviembre 2013