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28 may. 2015

Medios de comunicación inician campaña por la libertad de expresión



Ley de Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza). Reforma del Código Penal. Ley de Propiedad Intelectual (Tasa Google). Pacto Anti-Yihadista. Ley de Enjuiciamiento Criminal (Ley Torquemada). Éstas son las últimas medidas represivas adoptadas por el Gobierno del PP en el Estado español, varias de las cuales entrarán en vigor el próximo 1 de Julio en todo el estado.


Este incremento de la represión no es más que  la respuesta preventiva de los gestores del capitalismo, en un momento de su desarrollo en el que los países occidentales, en su competencia con las nuevas potencias emergentes, se verán obligados a seguir suprimiendo derechos y recortando salarios. Un proceso que provocará la agudización de las contradicciones y de la lucha de clases.

Las medidas represivas persiguen eliminar cualquier atisbo de protesta social,  reprimiendo  toda forma de organización autónoma, popular y auténticamente  crítica con el sistema.No son una mera expresión de la política ultraconservadora del Partido Popular sino que, respondiendo a la situación crítica en la que éste se encuentra, serían también reproducidas por el PSOE o por cualquier otro partido que tenga como objetivo la preservación del actual orden social.

Para lograr su objetivo el Estado dispone de sus distintos aparatos represivos: Los diferentes cuerpos policiales, el aparato judicial; que en ningún caso protegen los intereses de los más débiles, sino todo lo contrario. Cuenta también con los medios de comunicación de masas, cuya función es legitimar la explotación y tratar de evitar la subversión en el seno de  de las clases populares.

Pero algunos medios de comunicación y las personas que trabajamos en ellos nos encontramos también en el punto de mira de esta persecución.

Casos como el de los periodistas Jaime Alekos, Alicia Armesto, Raul Capin, Adolfo Lujan, Pitu, Iraitz Salegi, Boro – enjuiciados por ejercer su labor informativa- o el ataque de los Mossos a la redacción de la Directa, por citar algunos ejemplos, son una muestra de la brutal insistencia con la que el sistema intenta silenciarnos para, de esa manera, invisibilizar las protestas y las luchas de los movimientos sociales, haciendo caso omiso a la libertad de expresión recogida en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La ofensiva desatada en contra de la libre opinión expresada a través de Internet, donde ha podido desarrollarse una información independiente de los intereses de la banca y los grandes consorcios económicos, constituye otra expresión más de este mismo fenómeno.

El régimen no dudará en censurarnos, en cerrar nuestros medios, multarnos o encarcelarnos.

Es por eso que diferentes medios de comunicación del estado hemos visto la necesidad de aunar fuerzas contra un enemigo común, que va más allá del gobierno de turno, comunicando y denunciando todos los abusos y arbitrariedades.

Pero sabemos que no basta con la simple denuncia, si detrás de ésta no hay una fuerte organización popular que dispute el poder a las clases dominantes.

Es por eso que hacemos un llamamiento a los diferentes medios de comunicación alternativos y a los movimientos sociales a trabajar conjuntamente contra la represión y a movilizarse contra estas legislaciones de excepción.

En ello nos va no solo la libertad para pensar y la posibilidad de transmitir nuestras  ideas, sino también la preservación de las escasas libertades formales que aún no han sido suprimidas.

Ahotsa.info 
Canarias Semanal.org
Directa; 
Espineta amb Caragolins
Insurgente 
La Haine.org
Kaos en la Red

27 may. 2015

La libertad pasa por Cataluña

Decía Pi i Margall que cuando las libertades de los catalanes perecieron frente a las tropas borbónicas en 1714 también perecieron las libertades de los españoles. En aquellos tiempos fue así. En los tiempos actuales, salvando las diferencias, que son muchas, las libertades de los españoles también se juegan en Catalunya frente a las fuerzas borbónicas, hoy encarnadas en el bipartidismo.

El Régimen del 78 implosiona delante de nuestra mirada, ahogado en la corrupción y en la demofobia. Nadie de ese entramado va a conceder de forma gratuita el derecho a decidir ni de los catalanes ni de los ciudadanos españoles en general. El derecho a decidir sobre el autogobierno, el propio cuerpo, la economía, la forma de estado, las libertades o la educación, es el derecho fundamental sobre el que se asienta la democracia. Es una obviedad decirlo. Aunque la maquinaria herrumbrosa del 78 siga trabajando para convencer a la ciudadanía de lo contrario. O sea, que quien tiene la prerrogativa de decidir sobre nuestras vidas, siempre sin consultar, es el partido cleptómano, que ganó las elecciones con un programa de bandera falsa, para saquearnos.

Lo que hoy, 9-N, se juega en Catalunya son las libertades. Este no es el referéndum de autodeterminación que han pedido el 96 por ciento de los ayuntamientos catalanes, la totalidad de los colegios profesionales, la mayoría de los sindicatos y la mayoría del Parlament (las encuestas dicen que hay también una mayoría del 80 por ciento de los ciudadanos, pero no sabemos con certeza el porcentaje porque no les dejan pronunciarse). Esta no es una consulta con las garantías necesarias para decidir sobre la autodeterminación y en esto hay unanimidad en Catalunya. De modo que no se podrán extraer grandes conclusiones de las urnas, si las hay, pero sí de la movilización de los ciudadanos. Lo que piden los catalanes este domingo no es la independencia; piden la libertad de poder expresar su opinión en un referéndum futuro y con garantías. Piden libertad y eso es lo que se les niega, situando el conflicto en un horizonte político absolutamente contingente.

Es normal que nuestra catastrófica derecha, concentrada en el recorte de salarios, derechos y libertades, confronte directamente con  el derecho a decidir. Es un poco menos explicable que lo haga el PSOE, que sí defendía este derecho durante la Transición, como todos los partidos genuinamente antifranquistas, pero del que ha abdicado hace mucho tiempo. El PSC, que ya se ha roto por este motivo, navega por un mar repleto de contradicciones y de dudas. Quien no tiene dudas es la presidenta Susana Díaz, que proclama que el derecho a decidir de los catalanes “es una trampa”, olvidando aquellas palabras de Abraham Lincoln que decían que “hay momentos en la vida de todo político en los que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios”

La presidenta andaluza ha decidido ejercer de verso suelto en su partido. Niega que Catalunya sea una nación, lo que levanta un gran cabreo entre los socialistas catalanes –que pierden votos cada vez que ella habla– u opta por apoyar el segundo recurso de Rajoy ante el Tribunal Constitucional contra la consulta del 9-N, lo que pone de los nervios a sus colegas de Madrid, que han decidido no hacerlo. La presidenta se ha convertido en el icono socialista del nacionalismo español, cuyo homo predecesor hay que buscarlo en la Extremadura de Juan Carlos Rodríguez Ibarra o en las profundidades de la Castilla de José Bono.

Hay una gran perturbación en los cielos del Régimen del 78 y un enorme ruido alrededor del proceso catalán. Catalunya es una grieta para el bipartidismo, pero también su única oportunidad para salvar el pellejo. Eso explica que el Gobierno haya renunciado a buscar una solución democrática al conflicto. Mantenerlo encendido, con ese punto irritante de desprecio hacia los ciudadanos catalanes, tiene ventajas políticas. La fundamental es la electoral.

“La unidad de España”, amenazada por los separatistas, que antes eran etarras pero ahora son catalanes, será el banderín de enganche del PP para las elecciones. Es su mejor posibilidad de esquivar el castigo tras haber saqueado al país y empobrecido a los ciudadanos. Sobre la unidad de España no hay que rendir cuentas a los electores como hay que hacerlo con la economía, los derechos sociales o la corrupción. Es el estandarte perfecto para comparecer ante ese casi 70 por ciento de personas que califican de mala o muy mala la gestión que está haciendo el Gobierno, según la última encuesta del CIS.

Por razones similares, a Susana Díaz le viene bien la misma bandera en Andalucía. Con un PP en caída libre y  los complacientes socios de IU resignados a ser cabeza de ratón por los siglos de los siglos, las elecciones se le planteaban como un paseo militar. Solo una amenaza: la corrupción rampante y obscena que asola al socialismo andaluz, pero que ya se ha demostrado insuficiente para cambiar el signo de las urnas. Y en esto llegó Podemos, cuyos círculos están creciendo como las setas en la comunidad. Y con Podemos llega la amenaza a la hegemonía del PSOE en Andalucía.

Más le vale a la presidenta hablar de Catalunya, porque si habla de Andalucía, de “esta tierra de oportunidades” como ella la llama, también tendrá que hablar del millón largo de parados registrados, explicar por qué es aquí es donde más ha crecido la pobreza (uno de cada cuatro andaluces está afectado por “la pobreza humana” y el 40 por ciento está en el umbral de caer en ella), convencer de que solo el Gobierno de Madrid es el culpable de que aquí tengamos medio millón de hogares en los que nadie trabaja y seiscientas mil personas sin cobertura social. Mientras, la Junta sigue recortando. Así que es mejor hablar de Catalunya.

Derecho a decidir es hoy la expresión totémica de la libertad para esa marea social que se está levantando en Catalunya y en España contra el decrépito Régimen del 78. Es imparable, aunque el bipartidismo todavía aspira a conjurar con reformas menores la posibilidad de entrar en un proceso rupturista y constituyente para que todo quede en un espejismo. Otra vez.

Por Bonifacio Cañibano
9 NOV 2014
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25 may. 2015

Los resultados electorales y el cubo de Rubik

No faltarán quienes, al leer nuestras conclusiones acerca de los resultados de las elecciones locales y autonómicas que se celebraron este domingo en el Estado español, nos tratarán de laminar  con epítetos tales como "utópicos", "poco realistas", "anticuados", "bolcheviques trasnochados" etc., etc., etc. Aún así preferimos correr ese riesgo a escurrir el bulto ocultando lo que consideramos que es el análisis que corresponde.

Creemos que el desenlace de la jornada electoral pasada ha dejado las cosas tal y como estaban, sin cambiarlas un milímetro del lugar donde se encontraban. Han irrumpido en el escenario de las instituciones, es cierto, dos fuerzas políticas emergentes, escindidas de los grupos políticos que durante las últimas tres décadas contribuyeron a la permanencia del régimen monárquico, al dominio incuestionado del sistema económico capitalista, a la proliferación de la  corrupción en las más altas esferas del Estado y, también, a la situación sin salida en la que hoy nos encontramos.

La promoción de ambas formaciones ha estado propulsada en todo momento por las grandes empresas de la comunicación. ¿Una suerte de imprevista casualidad? Sin entrar en los intrincados terrenos de la especulación conspirativa, habrá que convenir que si tal promoción pudo producirse no fue gracias a la presunta neutralidad de los medios, sino que  más bien parece haber respondido al hecho de que el deterioro politico, económico e institucional de la Monarquia heredera de la dictadura, había alcanzado tales niveles que a las clases sociales hegemonicas les interesaba la existencia  de piezas de recambio que permitieran, en un momento dado, la rápida sustitución de los sujetos institucionales del régimen. Que ello debió suceder de esa forma lo prueba la fulminante  abdicación del desacreditado monarca Juan Carlos I, así como el veloz deslizamiento de la dirigencia de Podemos hacia las regiones edulcoradas del tibio reformismo socialdemócrata.

PERO ¿SE HA PRODUCIDO UN CATACLISMO EN EL MAPA  ELECTORAL ESPAÑOL?

Una aproximación a las "novedades" que presenta el mapa electoral resultante de la pasada jornada dominical,  nos indica que la composición de Podemos no es más que una duplicación de la variopinta amalgama ideológica que se congregaba alrededor de IU. A lo largo del  último año, a Podemos han ido añadiéndose fracciones provenientes de IU,  del PSOE y de otros grupos y personas caracterizados por su indefinición ideológica. Y eso se ha reflejado claramente en los resultados electorales. Podemos ha recogido los restos del naufragio de una Izquierda Unida previamente destartalada, a los que también se han agregado sectores de votantes desilusionados por el partido que ostentaba la representación oficial de la socialdemocracia española y una buena porción de votantes irritados por los efectos de las crisis capitalista, que tradujeron el lenguaje radical utilizado inicialmente por los líderes de Podemos como una alternativa al sistema. Los modestos resultados obtenidos, sin embargo,  por una formación que aspiraba  arrebatar la alternancia al PSOE, no pasan de ser sino una magra combinación entre la suma de la estrepitosa derrota de IU y las deserciones sufridas por el PSOE.  Ni más ni menos.

Con "Ciudadanos" ha sucedido algo similar a lo que ha pasado con Podemos. Se trata de un partido ultraderechista cuya función fundamental ha sido la de recoger  los votos desgajados del Partido Popular. Tanto Podemos como Ciudadanos sirvieron objetivamente de garantes de que no se iba a producir un vacio politico en el caso de que el el bipartidismo sufriera un colapso fatal.  Al igual que el Jefe del Estado tenía prevista  su sustitución, no podian ser menos los partidos que durante casi cuatro décadas habian estado custodiando la permanencia del sistema politico sucesor de la dictadura.

¿QUÉ HA CAMBIADO TRAS ESTAS ELECCIONES?

¿Dónde se encuentran, pues, los "cambios" reales que algunos dicen que se han operado en la geografía electoral del Estado español? ¿Tal vez en la alcaldía conseguida por Manuela Carmena en Madrid?  La trayectoria ideológica recorrida por quien fue miembro del Consejo del Poder Judicial  y asesora del gobierno socialdemócrata de Patxi López, en Euskadi, no indica precisamente la predisposición política de esta mujer a ser protagonista de fulgurantes cambios en la capital del Estado.

Es cierto que el Partido Popular ha perdido  importantes plazas de su dominio. Hace tan solo cuatro años con la misma rotundidad las perdió el PSOE. Son gajes del oficio de quienes se turnan en el poder para que nada casmbie. Pero tampoco es menos cierto que tanto uno como otro han hecho las mismas politicas económicas ordenadas por  Bruselas y la gran banca europea. ¿Alguien puede creer a estas alturas que la perdida de cuatro millones de votos por parte del PP cambiará en algo el panorama economico español?

¿HAY RAZONES PARA CELEBRAR ALGO?

Desgraciadamente, no existen razones para la celebración, ni tampoco para la alegría. Todo lo contrario. El tsunami  de ilusiones utópicas que estas elecciones han levantado en importantes sectores de la sociedad española  ha servido para promover  la desmovilización social y la esperanza de que solo el juego institucional podrá sacarnos del callejón sin salida en el que nos ha situado el sistema económico capitalista. No debe resulta extraño  que en el seno de todo un colectivo social que ha lo largo de décadas  ha ido perdiendo sus tradiciones de lucha y organización, las espectativas  infundadas encuentren  terreno abonado.

La "recomposición" electoral que se produjo el pasado domingo en España tiene mucha semejanza con el cubo de Rubik. Los cuadraditos y sus correspondientes colores han cambiado de lugar, pero todos ellos siguen integrandos el sistema que rige inexorablemente los movimientos del geométrico cubo. Usted podrá moverlo en uno u otro sentido, pero lo único que logrará será cambiar su apariencia, nunca su esencia.

La cuestión esencial es que ninguna de las fuerzas que entran a dominar el espectro institucional del sistema político del 78 están interesadas en cambiar el orden de las cosas.

¿Quiénes son realmente, entonces, los utópicos, los que carecen de "realismo"? ¿Aquellos que sostienen que al sistema capitalista es posible hacerle unos cuantos retoques que lo embellezcan, o aquellos otros que mantenemos que hoy lo importante consiste en organizar a la sociedad y al conjunto de los asalariados para poder estar en condiciones que permitan  acabar con el sistema mismo?.

POR MÁXIMO RELTI
25/05/2015
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El manotazo de la izquierda al PP le hace perder 2,5 millones de votos y 20 años de poder

La izquierda, con la irrupción de Podemos y sus marcas locales, quita a los conservadores numerosas plazas fuertes municipales y autonómicas

El panorama político territorial español conocido hasta ahora ha quedado tremendamente cambiado tras el resultado electoral de este domingo, pero no ha saltado hecho añicos. El veredicto de las urnas, con una participación ligeramente inferior a la de 2011, ha ofrecido unos resultados totalmente imprevisibles hace justo ahora un año, en vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo.

El vuelco electoral ha sido espectacular en lugares puntuales como Madrid y Barcelona, donde pueden gobernar movimientos políticos considerados antisistema hace tan solo unos pocos meses: Ahora Madrid y Barcelona en Comú, ambas con protagonismo de Podemos movimientos sociales alternativos. Ha sido la traducción electoral del movimiento 15-M nacido en la madrileña Puerta del Sol en la primavera de 2011.

Pero la evidencia más generalizada del vuelco electoral de este 24-M es la pérdida de poder del PP a lo largo y ancho de toda la piel de toro. Tan evidente ha sido el batacazo que en la sede nacional del PP, en la madrileña calle de Génova, no se ha instalado el tradicional balcón tan querido por lo jerarcas del PP en las noches electorales triunfales. La de esta noche no lo ha sido.

El azul homogéneo en ayuntamientos y comunidades autónomas en todo el territorio del Estado ha quedado diluido, muy diluido. Tanto que, pese a ganar por media cabeza en la misma línea de llegada del recuento global de los comicios municipales, sus apoyos electorales se traducirán en una pérdida de poder muy importante: un batacazo en toda regla. Casi 2,5 millones de votos menos que hace cuatro años. En concreto, 2.443.804 con el 99,47% del voto escrutado.

El bipartidismo resiste, pero muy debilitado. Más debilitado que nunca. En las urnas municipales el PP y el PSOE apenas han superado el 50% de los votos; algo inaudito en anteriores comicios. Y mientras el PP pierde poder el PSOE recupera plazas, pero con necesidad de ayuda de terceros y siempre con la obligación de alcanzar pactos tripartitos y siempre complejos; en ocasiones como mero comparsa.

Pero sin duda estos comicios confirman la irrupción de Podemos y sus marcas municipales en coalición con movimientos sociales por toda España. La impronta ha sido de tal calibre que esta formación, que renunció en su día a utilizar el nombre del partido en candidaturas municipales por temor a intrusismos fuera de control, puede colocar como alcaldesas de Madrid y de Barcelona a sus candidatas Manuela Carmena y Ada Colau, respectivamente. También en Zaragoza y Cádiz, entre otras ciudades.

Otra formación, Compromís, hasta este momento con un peso minoritario incluso en su ámbito, la Comunitat Valenciana, puede colocar a su candidato, Joan Ribó, en el sillón que ha ocupado durante 25 años la popular Rita Barberá. Además, estas formaciones progresistas pueden situar a los candidatos socialistas en las alcaldías de ciudades como Sevilla y Córdoba o feudos tradicionales del PP como Alicante o Valladolid, entre otros. Sin embargo, el PSOE no ha sido la segunda fuerza política en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza, un dato no menor de cara al futuro de esta formación política

El otro fenómeno electoral de la jornada lo constituye Ciudadanos, un partido que hasta ahora no había salido de su reducto, Catalunya, donde lleva dos legislaturas como una formación muy menor. Sin embargo, en esta ocasión, con más de un millón de votos en apenas 1.000 candidaturas – hay 8.122 ayuntamientos – ha pasado de emergente a formación consolidada en el panorama político. Es más, en no pocos lugares sus regidores se convierten en un elemento clave para aguantar en el poder a un PP debilitado; o no.

La jornada electoral trae otras consecuencias. La primera de ellas es la laminación de UPyD, que desaparece de todas las instituciones, tanto ayuntamientos como en las comunidades autónomas donde tenía una representación. Ha pasado en poco más de cuatro años, sobre todo en el mismo ejercicio, de “emergente” a irrelevante. Otra consecuencia, dolorosa en el ámbito de la izquierda, son los pobres resultados de Izquierda Unida que queda muy marginada allí donde ha logrado representación, que son unos pocos ayuntamientos medianos.

Pero si el revolcón en el terreno municipal ha sido grande en el marco de las comunidades autónomas ha sido descomunal. El PP ha perdido todas las mayorías absolutas en las 10 comunidades donde ha estado gobernando, en la mayoría desde 1995. Eso se traducirá, salvo sorpresas de última hora, la pérdida de al menos ocho gobiernos autonómicos.

Si la pérdida de poder municipal afecta a las terminales nerviosas de un partido como el PP, lo cual repercute en su propia estructura orgánica, en el caso de la salida de los gobiernos autonómicos afecta al músculo político de los conservadores y a su capacidad de manejar fuertes presupuestos públicos. Por ejemplo, la Comunitat Valenciana dispone de un presupuesto de casi 16.000 millones de euros para este año.

El desafío a partir de ahora es la formación de gobiernos progresistas con la participación de varias formaciones políticas, dos, tres e incluso cuatro. Una dinámica que, salvo excepciones, no tiene tradición ni ha sido habitual a la hora de afrontar el gobierno de ayuntamientos y de comunidades autónomas.

Los ayuntamientos tienen fecha fija para constituirse: el 13 de junio. Las comunidades autónomas, regidas por prácticas parlamentarias más complejas, tienen plazos más laxos. Pero a mediados de julio, como máximo, se plasmará en los diarios oficiales la nueva realidad política territorial española. Una situación que no tiene precedentes. Y en el horizonte no muy lejano las elecciones generales. Un escenario apasionante.

Por JUAN ANTONIO BLAY
25/05/2015
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20 may. 2015

Elecciones municipales y política en mayúsculas

Uno de los tópicos que más recurrentemente se escuchan cuando se habla de política municipal es que en este ámbito las grandes líneas ideológicas y programáticas son irrelevantes, puesto que se trataría de ejercer el gobierno local desde la perspectiva de la “gestión” como elemento característico de actuación.

No es sólo que eso haya sido siempre falso, sino que desde la perspectiva actual de cambio de ciclo político, las candidaturas ciudadanas de unidad popular que concurrimos a las elecciones municipales de este mes tenemos muy claro que el acceso a los ayuntamientos debe hacerse desde la intención de introducir reformas institucionales y políticas de profundo calado que pongan a las administraciones locales al servicio de los intereses de la mayoría social.

Si analizamos el ciclo político que nos ha traído a la actual situación de deterioro democrático y de las condiciones de vida de las clases populares podemos fácilmente comprobar que los municipios han sido instituciones clave en el secuestro de los bienes comunes, su expolio y su puesta a disposición de las élites económicas y financieras.

Esto en A Coruña lo sabemos bien. Durante décadas sucesivos gobiernos del PSOE primero y del PP después han puesto lo común al servicio de unas élites económicas que se han sentido tan a gusto con los primeros como con los segundos. Tanto el uso privativo del territorio como la utilización de las cajas de ahorros para el enriquecimiento —en muchos casos corrupto— de unos pocos son paradigmáticas en este sentido.

Amparados en las distintas leyes del suelo estatales y autonómicas se han diseñado desarrollos urbanísticos que han expulsado a vecinos de sus lugares de vida y socialización, se han llevado por delante núcleos de población tradicionales y los han sustituido por barrios desconectados de la trama urbana y en los que sólo muy lentamente es posible tejer comunidad. Todo eso aderezado por un proceso de gentrificación acelerado en el centro de la ciudad y de 20.000 viviendas vacías al tiempo que se prevén 25.000 nuevas, pasto previsible de la especulación.

Todo esto no habría sido posible si aquellas instituciones financieras que debían estar al servicio del bien común no hubiesen servido como catalizador de inversiones especulativas que han utilizado el territorio de la ciudad y el acceso a la vivienda para extraer rentas de las clases populares en un proceso claro de redistribución inversa.

Naturalmente si hablamos ahora de nueva política y queremos trascender el márquetin electoral debemos dotar de contenidos programáticos claros nuestras propuestas. Estos deben ir, a mi juicio, por tres vías que pueden incidir directamente en la gestión municipal: el radicalismo democrático, el establecimiento de prioridades claras y la creación de un modelo inclusivo de ciudad. Las dos primeras líneas pueden llevarse a cabo en el corto plazo. La tercera implica una visión y un desarrollo de políticas con la vista puesta en el horizonte.

Si queremos realmente recuperar los Ayuntamientos debemos proponer un método de gobierno responsable, democrático y transparente. El contraste con la situación actual es nuevamente definitorio: programas electorales sistemáticamente incumplidos, el mandato representativo como excusa para dar la espalda a las demandas ciudadanas, que no se interrumpen durante cuatro años, y la opacidad como estrategia previa para la corrupción sistémica. Debemos, pues, proponer formas de gobierno y gestión participativa.

Los Consejos Sociales deben servir para, junto con el tejido asociativo y los actores sociales de cada ciudad, diseñar líneas políticas generales y crear foros de discusión de las políticas sectoriales (seguridad, movilidad, protección social, etc). Por otro lado, en una ciudad como A Coruña, la puesta en marcha de las juntas de distrito y la capacidad de decisión descentralizada en los barrios, aplicando métodos participativos y de cogestión. En tercer lugar, fórmulas de diseño de los presupuestos y de los planeamientos urbanísticos participativos, donde esta participación se entienda como capacidad de iniciativa de la ciudadanía y no como reacción frente a lo propuesto por la institución.

Ayuntamiento y ciudad gobernando juntos. Esto no supone, ni mucho menos, abdicar de las responsabilidades de quienes hayan sido elegidos, ni presentarse a las elecciones sin un programa de gobierno, sino entender el ejercicio del cargo de una manera colaborativa, no dirigista.

La responsabilidad debe implicar rendición de cuentas. Es necesario utilizar los mecanismos participativos para explicar las decisiones que se han tomado y ofrecer evaluaciones de las mismas. También establecer mecanismos que aseguren el cumplimiento de los compromisos adquiridos, de modo que quienes no cumplan puedan ser censurados o, incluso, revocados.

Por último, transparencia en la gestión. Toda la información debe ser pública y accesible a la ciudadanía. Sólo así, poniendo una lupa encima de los representantes, los vecinos y vecinas podrán controlar las actuaciones realizadas y asegurarse que la actuación de aquéllos es honesta.

La segunda línea tiene que ver con las prioridades. Ciertamente, y ya se ha dicho en este debate, las reformas legislativas han limitado las capacidades de los municipios. Esto no significa que no se puedan hacer cosas. En nuestra ciudad hemos visto cómo se suprimían o privatizaban servicios básicos para la ciudadanía mientras se encontraba dinero para obras faraónicas de escasa utilidad social.

Para llenar el bolsillo de los de siempre acaban apareciendo fondos. Revertir este modo de actuar está en nuestras manos. Debemos priorizar los servicios públicos de calidad, apostando por la remunicipalización de los mismos, y su gestión desde puntos de vista no mercantilizados, el gasto social y la lucha contra el desempleo.

La tercera línea tiene más que ver con el modelo de sociedad que queremos, y esto implica pensar a largo plazo. Primero, a través del planeamiento urbanístico y la regeneración de los espacios en la ciudad. Debemos crear las condiciones para evitar operaciones especulativas y de gentrificación, y procurar barrios cohesionados territorial y socialmente. Además, hay que apostar también por las economías locales, dejando de poner infraestructuras al servicio de grandes áreas comerciales en las periferias, y apoyar las iniciativas que surgen desde abajo.

La función del Ayuntamiento en este caso debe ser poner la tierra y regar la semilla. La planta ya existe, están en todas esas propuestas que surgen en la propia ciudad, de economía social, de colaboración, de emprendimiento cultural, ético, etc. El gobierno de la ciudad simplemente debe apostar por la inteligencia colectiva que ya existe y poner las condiciones para que se desarrolle.

No creo que podamos esperar de estas elecciones municipales que sean el pistoletazo de salida inmediato a un proceso constituyente. Sí creo, sin embargo, que pueden servir para recuperar la esperanza e impulsar eso que llamamos "nuevo ciclo político". Un ciclo político que debe servirnos para sentar las bases de una sociedad más justa, movida por valores diferentes de la pura y simple mercantilización de nuestras condiciones de vida, y con respeto a la diversidad cultural y territorial. En eso andamos, en A Coruña y en otros muchos lugares.

Por Xulio Ferreiro
Candidato da Marea Atlántica á alcaldía da Coruña
07/05/2015
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19 may. 2015

Lo que faltaba: otro tope salarial

Casi dos millones y medio de trabajadores han renovado este año sus convenios colectivos. De ellos, un tercera parte han arañado subidas salariales superiores al 1%. ¿Lo habrían conseguido si llega a estar en vigor el pacto de ámbito nacional suscrito esta semana por la patronal y los dos sindicatos mayoritarios? Eso ya nunca lo sabremos, pero es muy probable que no. ¿Por qué? Porque el pacto pone un tope del 1% al que los empresarios podrían haberse agarrado como a un clavo ardiendo. Que es lo que sin duda van a hacer en las negociaciones de los miles de convenios que todavía están pendientes de revisar.

Históricamente, las subidas salariales venían determinadas por un porcentaje concreto o por una horquilla. De un tiempo a esta parte, sin embargo, lo que aceptan CCOO y UGT es un tope, que en 2015  –como se ha dicho– será del 1% y en 2016 del 1,5%. ¿A qué obliga el tope? En teoría, a nada, porque tiene un carácter meramente orientativo. Pero los empresarios siempre podrán utilizarlo a su favor cuando los trabajadores les vayan con peticiones que lo excedan. Porque eso es exactamente el pacto, al menos en materia retributiva: un arma que los sindicatos han entregado pese a que sólo servirá para taparles la boca.

¿Qué han obtenido de la patronal a cambio? Por lo que conocemos, sólo humo: una cláusula de revisión que se activará en caso de que el IPC suba más de 2,5 puntos entre 2015 y 2016, cosa harto improbable con la actual deriva de la inflación. A no ser que el resto de los aspectos del pacto, sobre cuya letra pequeña continúan trabajando las dos partes, supongan mejoras tan sustanciales en las condiciones laborales como han insinuado CCOO y UGT, veremos si con el único propósito de apaciguar a sus bases, que no me extrañarían que andasen sumidas desde hace unos días en el más absoluto desconcierto.

El problema es que a los dirigentes de CEOE y de Cepyme también les están apretando las clavijas, y no sólo desde sus organizaciones, sino incluso desde algunos ámbitos del Gobierno. La crítica que se les hace es que, con la cláusula de revisión, hayan aceptado referenciar de nuevo los salarios a la marcha de los precios, en vez de a la productividad. Como si la productividad dependiera sólo del esfuerzo de los trabajadores y no de las inversiones que a algunos empresarios les cuesta tanto acometer, porque prefieren ser más competitivos a base de ajustar la parte hoy más débil de sus costes.

Esa obsesión explica en buena medida las dificultades con las que está tropezando España para salir de la recesión y la inconsistencia de los datos en los que se apoya el Gobierno para sostener que ya la hemos superado. La brutal devaluación salarial impuesta a los trabajadores en nuestro país, como sucedáneo de la devaluación monetaria que la presencia en el euro nos impide, ha dejado hechas unos zorros la demanda interna. Y se ha revelado inútil para abrirse paso de forma sostenible en unos mercados exteriores donde el precio es sólo un elemento más a la hora de decidir los bienes y servicios que se consumen.

A pesar de ello, algunos empresarios parecen empeñados en seguir por el mismo camino y no hay ninguna evidencia de que hayan entendido que machacando a los trabajadores no hacen más que darse un tiro tras otro en el pie. De la misma manera que el Gobierno de Mariano Rajoy saca pecho por sus recortes, en vez de reconocer que tanto sacrificio no ha servido para nada, como cree una clara mayoría de los españoles, según indican todas las encuestas. Una tozudez, la de los empresarios y el Gobierno, que no ayuda precisamente a que salgamos de una vez por todas de esta crisis interminable.

Puedes seguirme en Twitter: @vicente_clavero
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18 may. 2015

Nuestro testimonio debe ser sostenido

Página traducida por Google


Viernes, 01 de mayo 20 Foto por las imágenes All-15 - 05:49 amNite

"La letanía documentada de la violencia policial ya está a la intemperie. Hay un tema real aquí que está siendo hecho evidente por la revolución digital. Solía ​​ser nuestra palabra contra la suya. Solía ​​decirse - correctamente - que el patrullero en el ritmo en ningún cuerpo de policía estadounidense fue la última tiranía perfecto. A falta de una manada de testigos confiables, había cosas que podía hacer para negarle su libertad o de una patada en el culo que estaban entre él, usted, y de la calle ". - David Simon

Baltimore quemado. Está quemando. Ha sido la quema.

Los llamados "disturbios" en respuesta a la muerte de Freddie Gray para hacer "buena" la televisión y la carne de los medios sociales, convirtiendo a todos en testigos de facto. Al igual que un gusano, los disturbios que encontrar - si usted es un observador de la escuela vieja noticias de la noche o una nueva escuela Twitter nadador arroyo. La gente en la radio están hablando de ella. Los padres en off gota están hablando de ella. Cuando llame a su madre, ella dice, "¿Qué hay de Baltimore? Wow. "Se convierte en el tiempo, al menos por unos días. Usted no puede dejar de asistir a su existencia, de alguna manera, aunque sea pequeña y que pasa.

Pero aquí está la cosa: no quiero que mi asistencia a los abusos del poder mortífero que se pasa. No quiero "noticias de última hora" para organizar mi energía moral.

Se me hizo pensar: ¿Cómo consistente, lo feroz, lo sabio es mi testimonio?

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Un hombre levanta sus puños durante un concierto al aire libre junto a la Orquesta Sinfónica de Baltimore, en apoyo de la comunidad en Baltimore, Maryland. Crédito: Andrew Caballero Reynolds licencia: Agence France-Presse / Getty Images.

Esta pregunta se siente aún más urgente y relevante en un momento en que nuestro testimonio ha sido así en arma. Podemos difundir la palabra más rápido que nunca antes acerca de la injusticia a través de nuestras conexiones en línea. Podemos sostener el corrupto y cruel cuentas a través de las multitudes movilizadas rápidamente que se unen en línea o fuera - firma de peticiones, que protestaban en las calles, boicot o de otra manera interrumpiendo la línea de fondo o todo sigue igual. Podemos electrificar una luz de inundación masiva de la vergüenza (una táctica con un lado de la sombra, para estar seguro) directamente en alguien poderoso por lo que no hay ningún lugar para que ellos se esconden en la tierra verde o World Wide Web de Dios.

A la luz del hecho de que "testigo" - mi capacidad de prestar atención, obtener indignados, y se mueve con una multitud de personas que demandan consecuencias - se ha hecho aún más fuerte en los últimos años, ¿cómo soy yo, ¿cómo vamos, aprovechando que el poder ? ¿Cuándo y por quién? Y por cuánto tiempo?

Si el arco del universo moral es largo, como Martin Luther King dijo famosamente, que nuestro testimonio tiene que ser sostenido.

No puede empezar con los titulares y cumplir con los hashtags. Tiene que existir en un continuo espacio-tiempo diferente de aquel en el que nuestro ciclo de noticias mantiene un maníaco, y demasiado a menudo superficialmente, revuelto. Tiene que estar enraizada en un compromiso más profundo de nuestra propia humanidad y la humanidad de los demás. ¿Qué hace el mundo parezca que quiero que mi hija crezca en? ¿Dónde me dirijo mi mirada y canalizar mi poder y privilegios con el fin de co-crear ese mundo?.

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Un muchacho joven que trata de mantener una línea de tiempo con tambor durante una protesta después del funeral de Freddie Gray el 28 de abril de 2015, de Baltimore, Maryland. Crédito: Andrew Burton licencia: Getty Images.

Parte de mi lucha en torno a esta cuestión es logístico, casi mundana. Soy una persona muy ocupada , como lo son la mayoría de la gente. Mi atención se gasta en una gama tan interminable de empresas privadas: alimentar al niño, alimentar a mí mismo, conocer la fecha límite para que pueda recibir el pago, pagar el pago del coche, se obtienen alimentos, limpieza de nunca acabar el rastro del niño de cachivaches, llamar a mi madre, conectar con mi pareja, inmersión en Facebook, usar hilo dental los dientes. ¿De dónde viene la acción moral encaja en todo esto? Entre Facebook y el hilo dental? La pregunta me da asco. Y sin embargo, es honesto.

Seguramente el activismo más sostenible proviene de su propio interés, no el altruismo. Está en mi interés por vivir en un mundo menos racista más seguro, sin duda, pero yo soy lo suficiente que esto es más de una abstracción que una, urgencia interiorizado diaria privilegiada. Privilege conduce a una especie de complacencia privatizado que está en el corazón de muchos de blancos, de clase media fallas morales más imperdonables estadounidenses. Veo que. Quiero ser mejor que eso. Sin embargo, me esfuerzo por dirigir mi querer. Me esfuerzo por fijar mi mirada en alguna parte que se siente digno de la injusticia me aborrezco.

No hay una respuesta fácil, porque no vivimos en un mundo con problemas fáciles, por supuesto. Debo seguir haciendo las preguntas de mí mismo, de mi pueblo. Debo mantener el modelado para mi hija que su deber para disfrutar de los placeres de este mundo es ver también sus indignidades y llevarlos personalmente, para examinar sus propias acciones con fiereza y sin fin, para hacerlo en el contexto de su propio privilegio.

Antes de que hubiera las principales noticias de Baltimore, antes de la columna vertebral y la historia de Freddie Gray estaban rotas eternamente, miles de personas murieron a manos de la policía. De acuerdo con el último informe disponible , publicado en 2011, 4.813 personas murieron en custodia de la policía local y estatal entre 2003 y 2009.

Así que este "tema" - en palabras de David Simon - ". revolución digital" durante mucho tiempo ha estado desarrollando, incluso si es sólo ahora llegando a su público que le corresponde a través de la Freddie Gray ha convertido en su personaje central. Los manifestantes sus protaganists. La "tiranía perfecta" está impidiendo que los niños se suban a los autobuses escolares y el mundo está mirando.

Es uno de los más complejos, historias americanas urgentes que le digan. Las cámaras pueden dejar de rodar, pero no va a terminar pronto. No deje que él. Sigue leyendo. Sigue mirando. Siga escuchando. Sigue buscando una manera de ser parte de la multitud con sus manos en el arco moral, flexión, flexión, flexión. Sin embargo el tiempo que tarda.

BY COURTNEY E. MARTIN (@COURTWRITES),  ON BEING COLUMNIST
Mayo 2015

15 may. 2015

La enfermedad de estar ocupados



Hace unos días me encontré con una buena amiga. Me detuve para preguntarle qué tal le iba y saber cómo estaba su familia. Puso los ojos en blanco, miró hacia arriba y en voz baja suspiró: “Estoy muy ocupada… muy ocupada… demasiadas cosas ahora mismo.”

Poco después, le pregunté a otro amigo y le pregunté qué tal estaba. De nuevo, con el mismo tono, la misma respuesta: “Estoy muy ocupado, tengo mucho que hacer.”

Se le notaba cansado, incluso exhausto.

Y no sólo nos pasa a los adultos. Cuando nos mudamos hace diez años, estábamos emocionados por cambiarnos a una ciudad con buenos colegios. Encontramos un buen vecindario con mucha diversidad de gente y muchas familias. Todo estaba bien.

Después de instalarnos, visitamos a uno de nuestros amables vecinos y les preguntamos si nuestras hijas podrían conocerse y jugar juntas. La madre, una persona realmente encantadora, cogió su teléfono y empezó a mirar la agenda. Pasó un rato deslizando la pantalla y al final dijo: “Tiene un hueco de 45 minutos en las próximas dos semanas. El resto del tiempo tiene gimnasia, piano y clases de canto. Está muy ocupada.”

Los hábitos destructivos empiezan pronto, muy pronto.

¿Cómo hemos terminado viviendo así? ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? ¿Por qué se lo hacemos a nuestros hijos? ¿Cuándo se nos olvidó que somos “seres” humanos y no “haceres” humanos?

¿Qué pasó con el mundo en el que los niños se ensuciaban con barro, lo ponían todo perdido y a veces se aburrían? ¿Tenemos que quererlos tanto como para sobrecargarlos de tareas y hacerles sentir tan estresados como nosotros?

¿Qué pasó con el mundo en el que podíamos sentarnos con la gente que más queremos y tener largas conversaciones sobre nosotros mismos, sin prisa por terminar?

¿Cómo hemos creado un mundo en el que tenemos más y más cosas que hacer con menos tiempo libre (en general), menos tiempo para reflexionar, menos tiempo para simplemente… ser?

Sócrates dijo: “Una vida sin exámen, no merece ser vivida.”

¿Cómo se supone que podemos vivir, reflexionar, ser o convertirnos en humanos completos si estamos constantemente ocupados?

Esta enfermedad de estar “ocupado” es intrínsecamente destructiva para nuestra salud y bienestar. Debilita la capacidad de concentrarnos completamente en quienes más queremos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que tan desesperadamente clamamos.

Desde los años 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que nos prometimos hacer nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Aun así, hoy no tenemos más tiempo disponible que hace algunas décadas.

Para algunos de nosotros, “los privilegiados”, las líneas entre el trabajo y la vida personal desaparecen. Siempre estamos con algún aparato. Todo el tiempo.

Tener un smartphone o un ordenador portátil significa que deja de existir la división entre la oficina y nuestra casa. Cuando los niños se van a la cama, nosotros nos conectamos.

Una de mis rutinas diarias es revisar una avalancha de correos. Me suelo referir a esto como “mi yihad contra el correo”. Estoy constantemente enterrado bajo cientos y cientos de correos, y no tengo ni la más remota idea de cómo detenerlo. He intentado diferentes técnicas: respondiendo sólo por las mañanas, no respondiendo los fines de semana, diciéndole a la gente que nos comuniquemos cara a cara… Pero siguen llegando, en cantidades ingentes: correos personales, correos del trabajo, incluso híbridos. Y la gente espera una respuesta a esos correos. Ahora, resulta que quien está demasiado ocupado soy yo.

La realidad es muy diferente para otros. Para algunos, tener dos trabajos en sectores mal pagados es la única forma de mantener una familia a flote. El veinte por ciento de los niños de EE.UU. viven en la pobreza y muchos de sus padres trabajan por salarios mínimos para poner un techo sobre sus cabezas y algo de comida en la mesa. También están muy ocupados.

Los viejos modelos (incluyendo el del núcleo familiar sólo con un padre trabajando, si es que tal cosa alguna vez existió) ha pasado de largo para muchos de nosotros. Sabemos que existe una mayoría de familias en las que la unidad familiar está separada o con ambos padres trabajando. Y no funciona.

No tiene que ser así.

En muchas culturas musulmanas, cuando quieres preguntarle a alguien qué tal le va, dices: en árabe, ¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?

¿Qué es ese haal por el que preguntas? Es una palabra para preguntar por el estado transitorio del corazón de uno. En realidad preguntamos “¿Cómo está tu corazón en este momento exacto, en este mismo suspiro? Cuando nosotros preguntamos “¿Qué tal estás?”, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.

No pregunto cuantas cosas tienes por hacer, no pregunto cuántos correos tienes pendientes de leer. Quiero saber cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ellos.

Dime que recuerdas que sigues siendo un ser humano, no sólo un “hacer” humano. Dime que eres algo más que una máquina completando tareas. Ten esa charla, ese contacto. Ten una conversación sanadora, aquí y ahora.

Pon tu mano en mi hombro, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón y despierta al mío. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano pleno que necesita contacto con otros humanos.

Enseño en una universidad en la que hay muchos estudiantes orgullosos de si mismos con el estilo de vida “estudiar mucho, desfasar mucho”. Esto probablemente podría ser un reflejo de buena parte de nuestro estilo de vida. Incluso nuestros medios de relajación es en sí un reflejo de ese mismo mundo de la sobreestimulación. Nuestra relajación a menudo toma la forma de películas de super acción (sin mente), o deportes con violencia a cara de perro.

No tengo soluciones mágicas. Lo único que se es que estamos perdiendo la capacidad de vivir una vida plena.

Necesitamos una relación diferente con el trabajo y la tecnología. Sabemos lo que queremos: una vida con significado, sentido de humanidad y una existencia justa. No es sólo tener cosas. Queremos ser completamente humanos.

W. B. Yeats escribió una vez:
“Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propio alma que para luchar en un campo de batalla.”

¿Cómo se supone que vamos a examinar los rincones oscuros de nuestro alma si no tenemos tiempo? ¿Cómo podemos vivir una vida sujeta a exámen?

Siempre soy prisionero de la esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. De alguna forma, necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humanitario.

Quiero que mis hijos se ensucien, que lo ensucien todo y que incluso se aburran. Quiero que tengamos un tipo de existencia en el que podemos detenernos por un momento, mirar a otras personas a los ojos, tocarnos y preguntarnos mutuamente ¿cómo está tu corazón?. Me estoy tomando tiempo para reflexionar sobre mi propia existencia; estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo.

¿Cómo está tu corazón hoy?

Déjame insistir en un tipo de conexión humano-a-humano en la que cuando uno de nosotros responda “Estoy muy ocupado”, podamos responder “Lo sé. Todos lo estamos. Pero quiero saber cómo está tu corazón.”

Traducción de este artículo, por Omid Safi
07-05-2015

12 may. 2015

La mentira de la "recuperación" económica de PP en cifras.



Aunque con datos del mes pasado, es un excelente resumen sobre la realidad económica española que desmonta por completo el demagógico y vergonzante triunfalismo del Gobierno. Solo le añadiría una significativa línea con el montante total de lo aportado a la Seguridad Social por la actual fuerza de trabajo activa, que además marcaría una tendencia que no tiene sentido actualizar todos los meses pues mostraría la precariedad del mercado laboral.

Lo triste de la situación provocada por la reforma laboral es que, aunque trabajaran el mismo número de personas que antes de la crisis, los sueldos han caído tanto y los contratos son tan precarios que la cotización no se recupera y por eso tienen que tirar constantemente del fondo de reserva de la Seguridad Social. Esta es la razón por la que nuestro sistema público de pensiones está en peligro, aunque lo nieguen.


La supuesta recuperación económica que nos quieren vender los neoliberales, aquí representados por el PP y ahora también por Ciudadanos, se basa en una la falsa bonanza macroeconómica inducida por tres factores coyunturales externos.

1. La expansión monetaria del BCE, que incrementa la solvencia bancaria y fuerza la bajada de la prima de riesgo, pero que no resuelve los gravísimos problemas estructurales de la UE y en especial de la Eurozona.

2. La depreciación del Euro frente al Dólar, en parte forzada por las políticas monetarias del BCE y la FED de EEUU, que han invertido sus papeles respecto de lo que han hecho en los últimos cinco años, cuando Alemania impuso en la UE la teoría neoliberal de la austeridad.

3. La bajada artificial del precio del petróleo, por complejos motivos geoestratégicos globales que tampoco están libres de la influencia de la nueva política monetaria de las dos áreas económicas todavía dominantes (Dólar/Euro).

Obviamente este espeso y negro discurso jamás se va a escuchar en los circos televisivos a los que van políticos, periodistas y agitadores mercenarios, y que lamentablemente, constituyen la principal fuente de información política y económica de la mayoría de la población


por Roberto Gonpane (Attac Madrid): 'attacmadrid.org/?p=12464'
11-05-2015

10 may. 2015

El Ibex mueve fichas

Ya sé que las palabras son importantes, vivo de escribirlas, pero, a los efectos de este artículo, no me voy a apegar a ninguna para nombrar a los que detentan el poder en España. Así que llámenles como cada uno de ustedes quiera: sistema, régimen, establishment, casta, capitalismo de amiguetes, liberalismo de mamandurria, Ibex 35… Deberíamos de entendernos, creo. Estamos hablando de aquellas grandes empresas y entidades financieras que controlan los medios de comunicación mayoritarios y han tejido relaciones simbióticas con las dirigencias de los partidos tradicionales. De esa gente que, por supuesto, también tiene estrechas relaciones de compadreo con sus semejantes allende nuestras fronteras.

Esa gente estaba relativamente preocupada hace un año por la situación política española. El 15-M, las manifestaciones callejeras, el desprestigio del PP y el PSOE, la deshonra de la Corona, la aparición de Podemos, los datos de las encuestas, sugerían que el sistema puesto en pie por la Transición sufría un intenso desgaste y comenzaba a formarse una fuerte corriente de opinión partidaria de un cambio en serio. La democracia nacida a finales de los años 1970 –la única posible, sin duda, dada la correlación de fuerzas de entonces- revelaba sus peores defectos: el resabio autoritario, la escasa separación de poderes, los obscenos incentivos a la corrupción, las puertas giratorias entre cargos públicos y consejos de administración, el cojitranco modelo territorial… La crisis desnudaba la falsedad del “milagro económico”, la avidez de los millonarios, el injusto reparto de las cargas fiscales, la flaqueza del Estado de bienestar, el pago de la factura por las clases populares y medias...

Algunos medios de comunicación internacionales se preguntaban si España estaba al borde de toda una revolución. El Ibex 35 –le llamaré así en adelante- sabía que no era para tanto, pero andaba preocupado. Y sus mejores cabezas se pusieron a pensar. No creo en teorías conspirativas, no estoy diciendo que celebraran un congreso secreto en un hotel de siete estrellas de Dubai para elaborar una estrategia. Lo que pienso es que, en almuerzos en restaurantes de lujo, en reuniones de think-tanks y consejos editoriales, en navegaciones a bordo de yates por aguas de las Baleares, empezaron a emerger unas cuantas ideas para cambiar algunas cosas a fin de que todo siguiera igual.

El resultado es que, en esta primavera de 2015, el Ibex 35 ha movido unas cuantas piezas y eso le permite contemplar con mayor optimismo este año electoral. Para empezar, abdicó el rey Juan Carlos I. La Corona se quitó así de un plumazo el lastre en que había terminado por convertirse el monarca campechano, y pudo reclamar una nueva oportunidad. Aseado y discreto, Felipe VI aún no ha cometido ningún error grave y, por lo que veo entre mi gente, disfruta de sentimientos que oscilan entre la neutralidad y la benevolencia. El ascenso del republicanismo que se registraba hace un año parece haberse mitigado.

A esa jugada le siguió una campaña de satanización de Podemos. A lo largo del otoño y el invierno, la clase política tradicional y los grandes medios de comunicación presentaron a ese partido como una terrible amenaza para la libertad, la propiedad, la soberanía nacional, la vida en el planeta, para todo. Los pecados veniales de algunos de sus dirigentes se convirtieron en crímenes mucho más horribles que el robo de miles de millones de euros por parte de los políticos, empresarios y banqueros del sistema. En el linchamiento participaron con ferocidad, como si en ello les fuera la vida, los derechistas de toda la vida y ese centro-izquierda que patrocina el Ibex 35, o sea, los Felipe González, Juan Luis Cebrián y compañía.

Parecía como si Venezuela fuera el mayor problema de los españoles. No el paro de millones de ellos, no la precariedad y los bajos salarios de varios millones más, no la emigración al extranjero de miles de jóvenes, no la persistencia de los desahucios, no la continuidad de los recortes en servicios sociales, no las nuevas leyes que estrangulaban aún más las libertades de expresión y manifestación, no el surgimiento de nuevos casos de corrupción que confirmaban que ésta es endémica… No, lo que debía quitar el sueño a los españoles era la posibilidad de que nos gobernara gente vestida con chándales.

A tenor de los últimos datos, la campaña consiguió su objetivo. Podemos perdió fuelle, a lo que, dicho sea de paso, también contribuyó cierta arrogancia y cierto sectarismo de algunos de sus fundadores, su decisión de convertirse en un partido clásico dirigido por ellos y no en un movimiento de nuevo cuño que se abriera al mucho talento y la mucha combatividad presentes en Izquierda Unida, las bases del PSOE, los movimientos sociales y ciudadanos.

La tercera jugada –magistral- fue impulsar a Ciudadanos como una alternativa limpita de centro-derecha y también como una posible bisagra que auxilie a los desfallecientes PP y PSOE cuando sea menester. ¿Qué Susana Díaz necesita una mano en Andalucía? Ahí está Ciudadanos. ¿Qué el PP necesita otra para seguir mandando en Madrid y Valencia? Ahí está Ciudadanos. ¿Qué el próximo otoño ni el PP ni el PSOE pueden llegar en solitario a La Moncloa? Ahí está Ciudadanos para hacer una Gran Coalición a dos y, si es preciso, a tres.

Ciudadanos hasta puede servir para hacer los retoques menores a la Constitución de 1978 que permitan seguir tirando adelante, que ahuyenten durante unos cuantos lustros la posibilidad de un proceso constituyente o reconstituyente de veras.

A estas alturas, el analista se ve obligado a precisar que las cosas pueden cambiar de aquí a las elecciones municipales y autonómicas, y, ya no digamos, las generales. La estupidez de Aznar al meternos en la guerra de Irak y, luego, intentar endosarle a ETA los atentados del 11-M, es un ejemplo de manual de cómo pueden perderse unos comicios que se presentaban muy favorablemente. Lo que intenta reflejar esta instantánea es que el sistema, el establishment, la casta, el Ibex 35 o como usted quiera denominarle, ha sabido mover fichas.

Por Javier Valenzuela
05/05/2015 
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3 may. 2015

El régimen de Andalucía

Por motivos laborales el otro día tuve que cenar con un grupo de “altos” cargos de una institución pública andaluza. Incluso había un exministro. Todos, evidentemente, son del PSOE y todos han desarrollado una querencia por el Martini a cargo del erario público. Lo curioso es que en la cena, entre comentarios sobre bolsos de marca y sobre posibles nuevos consejeros había un nuevo tema de conversación: los malos modales de la unidad de la guardia civil contra los delitos económicos. Al parecer el día anterior habían detenido a la cuñada de uno de mis contertulios. También a un par de amigos de todos ellos. A nadie le parecía raro que en una mesa de diez personas todos conocieran a alguien detenido e imputado por corrupción. El sistema político andaluz ha degenerado tanto que eso se ve como algo normal; casi consustancial al cargo.

No me cae bien la jueza Alaya; dudo de su imparcialidad, de sus intenciones y hasta de su corrección técnica. Pero en este momento la situación andaluza es tan trágica que los envites de un personaje así la ponen descarnadamente en evidencia: nuestras instituciones, cada vez se parecen más a un árbol internamente roído por la carcoma. Vivimos rodeados de podredumbre y gusanos.

Ya es hora, por tanto, de admitir sin miedo que Andalucía vive bajo el régimen del partido socialista. Y que es un régimen corrupto. Me consta que calificar nuestro sistema político de régimen ha sido un recurso frecuente de la derecha. También soy consciente de que a muchos andaluces les cuesta trabajo aceptarlo. Pero desgraciadamente es algo innegable a la vista de los hechos.

Básicamente de lo que se trata es de que el régimen político que impera en nuestra tierra ya no es estrictamente la democracia parlamentaria sino, más exactamente, el poder del PSOE. El entramado que emana de este concreto partido político ha ido ocupando cada rincón del poder institucional. El modo de ejercicio del poder propio de la democracia ha sido sustituido por otro basado en los intereses del partido y, sobre todo, de sus miembros.

Es en primer lugar una cuestión de tiempo: la dictadura franquista duró 36 años. El PSOE lleva 37 gobernando Andalucía. Efectivamente, desde la primera Junta preautonómica -en 1978- todos los gobiernos Andaluces han estado en manos del mismo partido político. La actual Presidenta de Andalucía tenía sólo cuatro años cuando su partido consiguió en Andalucía el poder que aún no ha soltado.

No creo que nadie piense que esta falta de renovación política sea buena para ningún pueblo. Es verdad que el problema de Andalucía ha sido siempre la falta de alternativa. Los socialistas no sólo ganan por méritos propios, sino porque las alternativas que hasta ahora se nos han ofrecido resultan esencialmente patéticas. La que más la de una derecha trasnochada e incompetente. Así que la culpa no es de los votantes andaluces, sino de la incapacidad de quienes no han sabido vertebrar ofertas políticas atractivas. En todo caso el resultado es el mismo: el régimen socialista ya dura más que el de Franco.

Un régimen es una mancha de petróleo que se va extendiendo por las instituciones y que cala después hasta ensuciar incluso a la sociedad civil. El régimen es viscoso y da consistencia: toda Andalucía como cubierta de alquitrán; sin variedad, pluralismo ni colores.

Se trata de un Prestige deliberado que se ha ido derramando sobre nuestra tierra durante treinta años y por el que resbala imparable la corrupción. Eso, y no otra cosa, son el amiguismo y el clientelismo. Corrupción que en el mejor de los casos se traduce en intercambio de lealtad por protección.

A menudo va más allá. Y se convierte en robo. No hay duda de que los ERE o los cursos de formación son sólo la punta del iceberg… y son la consecuencia de un régimen que lo ocupa y lo mancha todo. Elementos del régimen que roban. Y Chaves lo sabía; como lo sabe Susana Díaz. Es una clásico: a veces el jefe de la mafia deja que algún aprendiz controle las apuestas o el alcohol en un barrio. Son pequeños negocios que se dejan a los subordinados. Siempre con la misma condición: que no monte escándalo y que cada vez que el jefe quiera, pueda reclamar su parte.

No creo que los Presidentes de la Junta de Andalucía se quedaran la calderilla de los ERE. Pero no tengo casi ninguna duda de que alguna vez habrán levantado el teléfono para pedir que se le encontrara una paguita a fulanito, que se mirara bien a menganito. Son las cosas de los regímenes: son sucios y es imposible participar en ellos sin mancharse.

Así las cosas es evidente que la solución no puede venir del propio partido socialista. Hay tantos militantes, familiares, amigos y leales en general ocupando cargos de todo tipo que la misma Susana Díaz está atada de manos y es incapaz de limpiar esta basura. La responsabilidad está en los partidos de quienes depende la composición y el ejercicio del nuevo Gobierno andaluz.

Izquierda Unida ya colaboró a mantener el sistema clientelar andaluz. Ojalá ni Podemos ni Ciudadanos hagan lo mismo ahora y no nos obliguen a cuatro años más de corrupción y de mierda que lo llena todo.

por Joaquín Urías
profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla.
27/04/2015
Fuente

1 may. 2015

Si los trabajadores de Movistar pueden, ¿por qué nosotros no?

Asumimos que lucha, sindicalismo, huelga o solidaridad son palabras del pasado. Hasta que llegan los técnicos de Movistar y nos rompen los esquemas


Manifestantes atraviesan la Gran Vía de Madrid contra las malas condiciones de la subcontratación de Telefónica \ Foto: A. Navarro
Técnicos de Movistar, en una protesta reciente \ Foto: A. Navarro

Como es Primero de Mayo, un, dos, tres, responda otra vez: tú, trabajador, trabajadora, ¿por qué no luchas por tus derechos? “Soy precario, si protesto me despiden o no me renuevan”. “Necesito este sueldo de mierda, no puedo arriesgarme a que me echen”. "Con lo que me ha costado encontrar trabajo, y todo el paro que hay, calla, calla". “Hay muy poca solidaridad, siempre habrá alguien que haga tu trabajo si decides plantarte”. “Los sindicatos ya no sirven para nada”. “Las huelgas son cosa del pasado”. “A mí que me cuentas, yo soy autónomo, bastante tengo con lo mío”.

Así es. Muchos hemos asumido que la lucha obrera, el sindicalismo, la solidaridad, la protesta, la negociación o la huelga son cosas del pasado, un lujo que ya muy pocos trabajadores pueden permitirse.

Hasta que aparecen los técnicos de Telefónica-Movistar, y nos rompen los esquemas. Trabajadores que están mal, muy mal, peor que la mayoría de nosotros. Trabajadores que tienen todo en contra: sin vínculo con la empresa, trabajando no ya para contratas, sino para subcontratas de las propias contratas, forzados además a ser autónomos. Ve y háblales de precariedad a ellos, contratados por horas, trabajando muchas más de las que cobran, sin descanso. Ve y háblales de salarios de miseria a ellos, que encima de cobrar poco están sometidos a penalizaciones, y obligados a pagarse vehículo, gasolina, uniforme y hasta herramientas. Ve y háblales de solidaridad y sindicalismo a un colectivo de miles pero atomizados en innumerables subcontratas. Por si fuera poco, tienen enfrente a una de las multinacionales más poderosas de España.

Y sin embargo, se han plantado. Están luchando por sus derechos. Se han organizado en sindicatos. Sí, sindicatos. Han recurrido a la huelga, esa que creíamos que ya no valía. Nada menos que una huelga indefinida. Han creado cajas de resistencia. Y han encontrado solidaridad, en otros trabajadores de Movistar, pero también en el resto de la sociedad.

¿Por qué los trabajadores de Movistar pueden y nosotros no? ¿No quedamos en que la lucha, la huelga, el sindicalismo, la solidaridad, eran un lujo al alcance de una menguante aristocracia trabajadora? ¿Por qué las luchas más radicales de los últimos años las están protagonizando precisamente aquellos trabajadores que en peores condiciones están para defender sus derechos? ¿Es porque ya no tienen nada que perder, porque han caído tanto que solo les quedaba alzarse? ¿O quizás deberíamos revisar nuestras convicciones?

Hoy son los de Movistar, ayer los de Coca-Cola (que mantienen el pulso mientras la empresa no cumpla la sentencia), dentro de unas semanas los trabajadores de recogida de basura en Madrid. Son ráfagas, esporádicas, pero suficientes para iluminar y hacernos ver que sigue siendo cierto el viejo lema: la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y tal vez hemos abandonado antes de tiempo.


Mucha fuerza, ánimo y suerte a los trabajadores de Movistar en huelga. Y nosotros, a presionar como clientes a Movistar, difundir su lucha y llenarles la caja de resistencia.

por Isaac Rosa  
30-04-15