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14 jul. 2015

En la caverna

Sábado tarde en un apretado centro comercial de Barcelona. Grupos de jóvenes, algunos casi adolescentes, transitan nerviosos de tienda en tienda. Familias enteras pasean por unas falsas calles que pretenden imitar un tipo de ciudad comercial ideal. Fuera, largas colas de automóviles que colapsan el tráfico del barrio, mientras esperan acceder por alguna de las varias entradas del Centro.

Estos templos del consumo, verdaderos catedrales de nuestros tiempos, representan toda una forma de cultura material, una forma de vida, un ethos, para las clases subalternas. Después de una dura semana de trabajo, cada vez más marcada por la precariedad y las pésimas condiciones laborales, el fin de semana supone una especie de liberación para las clases populares. El consumo nos iguala con los modelos sociales de éxito que actúan como referentes culturales y permite encubrir los agujeros del alma y olvidar por unos momentos la mierda de vida que llevamos.

Se pasea por estas falsas calles y se consume o se sueña con consumir. La clave del éxito del centro comercial ha sido la combinación de ocio y consumo. El centro comercial presenta una gran concentración de tiendas y de espacios para el ocio en un mismo lugar. Para conectar al usuario se crea un ambiente en el que se pueda sentir cómodo, seguro y que lo transporta durante un tiempo lejos de su vida cotidiana. La apariencia, el escenario se ha convertido en un todo, más importante que la esencia.

Incluso los centros históricos de la mayor parte de nuestras ciudades se han ido convirtiendo poco a poco en grandes centros comerciales al aire libre. Si hiciéramos la prueba de taparnos los ojos y nos tele-transportaran en el centro de una ciudad europea cualquiera, nos encontraríamos con un decorado común, formado por una sucesión de las mismas tiendas. Cuando las transformaciones urbanas alejaban los vehículos de los centros históricos, convirtiendo las calles en zonas peatonales, pocos imaginaban que el objetivo de esta medida no era tanto humanizar nuestras ciudades como favorecer y potenciar los centros comerciales abiertos.

En el año 2000, coincidiendo con el inicio del nuevo milenio, el escritor portugués José Saramago escribía La caverna , una de sus novelas más conocidas. En ésta, Cipriano Algor un artesano alfarero de sesenta y cuatro años, última generación de un oficio de los que habían vivido siempre sus antepasados, mantiene un desigual combate para sobrevivir ante las mutaciones antropológicas que borran su mundo. Cipriano, que vive con su hija Marta y su yerno Marcial, ha vivido siempre de su oficio y es el único que sabe hacer en la vida. Se trata de un combate desigual entre dos culturas materiales radicalmente distintas, por un lado la artesana, pero también la campesina y la de la Sociedad del consumo dirigido, como definirla Henri Lefevbre.

El título de la novela, La caverna , hace referencia a una conocida alegoría de filósofo Platón. En esta describe como un grupo de personas se encuentran prisioneras desde su nacimiento en una especie de cueva, atadas con cadenas que les impiden volver la cabeza, de forma que sólo pueden mirar hacia la pared situada en el fondo de la caverna. Mientras tanto, detrás hay un muro con un pasillo y aún más lejos una hoguera que ilumina y proyecta las sombras distorsionadas sobre el único muro que pueden ver los prisioneros. Los prisioneros confunden la realidad, que no pueden llegar a ver, con las sombras proyectadas por los objetos. Aquel gran centro comercial de la novela al que se enfrenta Cipriano Algor, que crece y crece inexorable engullendo a su paso culturas materiales, es la caverna que marca y regula la vida de los ciudadanos.

Hoy la caverna es parte de nuestra realidad . En cualquier proyecto político y social que se plantee una verdadera reforma intelectual y moral que transforme el actual estado de cosas tendrá la construcción de una alternativa de vida, de vida cotidiana, de un nuevo ethos, sin cerrarse dentro de pequeñas "Ítacas" dejando a la mayor parte del pueblo al arbitrio de la Caverna.

Por Fernando Zamorano, miembro de Espacio Marx
13-07-2015
Fuente

1 comentario :

Galileo pecador. dijo...

Ver
http://veroirteclear.blogspot.com.es/2013/10/american-way-life.html