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19 abr. 2013

LAS CLASES SOCIALES Y LA IZQUIERDA




Las clases sociales existen, efectivamente, pero no como entidades reales. La afirmación puede parecer paradójica, por lo que intentaré explicarme. El gran teórico de las clases sociales como entidades reales es Louis Althusser. Es más, para él no sólo son reales las clases sociales, sino que esta realidad es tan potente que implica la existencia de la lucha de clases. Es decir, que como existen las clases sociales y estas clases tienen intereses contradictorios la lucha entre ellas es objetiva, por lo cual es necesariamente real, aunque ni ellos mismos sean conscientes de ello, ni tan solo hagan nada en contra de la clase contrapuesta. Althusser se basa en una lectura dogmática de Marx, que da un criterio objetivo para diferenciarlas: la propiedad o no propiedad de los medios de producción.
Los propietarios de los medios de producción son los burgueses o capitalistas y los que tienen que vender su fuerza de trabajo a los anteriores son los obreros y proletarios.

Estas son las dos clases fundamentales. Hay dos clases marginales y una subdivisión posible entre las fundamentales. En la clase burguesa o capitalista podemos distinguir entre la gran burguesía y la burguesía media y en la clase obrera podemos separar una aristocracia obrera, que tiene funciones de control del grupo mayoritario y, por tanto, ciertos privilegios. Las dos clases marginales son la pequeña burguesía, que viene a ser un resto de medios de producción anteriores ( pequeños propietarios campesinos ) o secundarios en el capitalismo: propietarios de empresas familiares, autónomos, profesionales liberales. Está finalmente, el lumpen, que son los sectores marginales de la sociedad: delincuentes, prostitutas, mendigos.

 La teoría formulada por Marx era básicamente válida en su época, pero falla al transformarse en un dogma escolástico, que es lo que hace Althusser. Hoy  debe matizarse mucho para que siga siendo útil, pero desde luego en un sentido no dogmático. Creo que hoy podemos hacer cuatro críticas profundas a la teoría de Marx.
La primera es que el poder efectivo del capitalismo ha pasado a lo que algunos han llamado la alta tecnoburocracia. Son sectores asalariados que dirigen entidades financieras, empresas multinacionales, instituciones globales ( BCE, FMI, OMC, incluso la ONU) que son los que tienen un poder real, junto a los gobernantes de los países más poderosos. Ellos forman la élite dirigente junto a los grandes capitalistas. 
La segunda es que se ha formado una clase media entre trabajadores asalariados cualificados que deberíamos considerar una nueva pequeña burguesía. 
La tercera es que la posición social no depende solo del capital económico ( renta, patrimonio ) sino también del capital simbólico ( cultural: formación, información, recursos). Aquí podríamos incluir lo que algunos llaman capital corporal pero que quizás podríamos llamar capital imaginario: las puertas que abren o cierran una determinada imagen corporal. O en algunos casos recursos corporales: atletas, futbolistas... 
La cuarta crítica se deriva de las anteriores: no se ha de tener en cuenta únicamente la situación actual sino también las expectativas. El capital simbólico e imaginario da unas expectativas muy diferentes del que no las tiene.

Por todo esto creo que podríamos considerar España como un país que podemos dividir en seis clases sociales. La élite dirigente; la clase económicamente privilegiada: la clase media-alta: la clase media-baja; la clase trabajadora y las clases marginales. Ejemplos: los grandes empresarios, los gestores de los bancos y grandes multinacionales, los gobernantes forman parte de la élite dirigente. Los empresarios medios, los profesionales mejor cualificados, altos funcionarios, los directivos de empresas relativamente importantes formarían parte de la clase alta. Todos ellos serían los ricos. Los médicos, arquitectos, ingenieros formarían parte de la clase media-alta. Los profesores, técnicos, funcionarios medios formarían parte de los clase media-baja. Los trabajadores no cualificados en general forman parte de la clase trabajadora. Y todos aquellos que las ONG denominan pobres, que son los que no tienen recursos para una vida material mínimamente digna.
Las clases subalternas son las clases marginales, la clase trabajadora y las clases medias, aunque su posición es diferente. Los primeros no tienen casi nada que perder y la clase media-alta tiene bastante que perder. En el medio, todos los matices.
Ahora bien, la base electoral de la izquierda es sobre todo las clases medias y parte de la clase trabajadora. El otro sector de la clase trabajadora y las clases marginales son la base electoral del  populismo de extrema derecha. De todas formas las clases marginales son básicamente abstencionistas. Evidentemente esto debe justificarse pero he consultado estadísticas que van en este sentido.

¿Por qué las clases trabajadoras no votan a la izquierda y votan a la derecha? Las razones son variadas. El racismo es un sentimiento espontáneo que se basa en un sentido muy tribal y porque los que conviven con los inmigrantes son los trabajadores. Esto hace que sientan que les quitan algo que les pertenece, lo más básico. Las clases medias no viven el problema porque no conviven ni compiten con ellos. Tienen también una educación más tolerante. Por otra parte la izquierda no plantea soluciones inmediatamente creíbles, con lo cual el voto a la izquierda es algo estético para sectores de las clases medias que no viven los problemas básicos de manera urgente. Finalmente tenemos la cuestión de la hegemonía del neoliberalismo, que es más fuerte, paradójicamente, en sectores más populares. la idea que cada cual debe espabilarse, que mucha gente cobra el paro mientras trabaja.

Construir una alternativa de izquierdas a partir de las clases subalternas significa cambiar radicalmente dos cosas. La primera elaborar una cultura de izquierdas alternativa al neoliberalismo, que hoy no existe. La segunda ofrecer alternativas claras y creíbles de gobierno, que tampoco existe. Es lo que hay, y la verdad no es revolucionaria pero el autoengaño, aunque sea con la retórica más radical, es lo más útil para no cambiar nada.


Publicado por Luis Roca Jusmet
16 de abril de 2013


Profesor de filosofia y escritor. Edita los blogs "Materiales para pensar" y "Una caixa d´eines per pensar". Participa en los blogs "Unatramasintejer", "Artillería inminente" y "Espiritu y cuerpo". Forma parte del Liceu Joan Maragall. Colaborador de las revistas "El Viejo Topo" y "Paideia". De los sitios web "Rebelión" y "Cartelllacanià".Ha escrito el libro "Redes y obstáculos" (Editorial Club Universitario,2010). Ha colaborado en los libros : "El marges de la filosofia", "Globalització i interculturalitat" i "Art i filosofia" (edicions La Busca); en "Filosofia. Complementos disciplinares" ( Ed.Graó) y en "Filosofías postmetafísicas. 20 años de filosofía francesa contemporánea" ( Editorial UOC,2012)

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