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8 nov. 2013

Una reforma insostenible

Hoy se ha debatido en el Congreso de los Diputados las enmiendas a la reforma eléctrica del Gobierno, que ha contado con el rechazo de gran parte de la oposición. Algunos diputados han expresado sus críticas de forma contundente como Joan Baldoví de Compromís-Equo que ha levantado los brazos en la tribuna de oradores al grito de “¡Manos arriba, esto es un atraco!”. Por su parte, Laia Ortiz, de ICV, ha señalado que cada vez más personas se suman a iniciativas sociales relacionadas con la energía como la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético.nEsta reforma energética es un paso más del Gobierno a favor del Oligopolio eléctrico y en contra de los ciudadanos. Se pretende cercenar una vez más el derecho de la ciudadanía a elegir qué tipo de modelo energético desea y cómo desea producir la electricidad. Se profundiza en un modelo centralizado, obsoleto y dependiente del exterior en lugar de impulsar medidas de transición hacia un modelo más limpio, sostenible, democrático y justo. Dos son los grandes puntos que perjudican de manera seria al ciudadano e impiden el desarrollo de un modelo de producción descentralizado y ligado los lugares de consumo.

El autoconsumo que no es
Unos días después de la presentación de la reforma energética se publicó el borrador de autoconsumo. Un borrador que es una burla para el sector y para quienes ansiaban la regulación de una práctica que podría permitirles generar su propia electricidad. De aprobarse finalmente este borrador, haría prácticamente inviable el autoconsumo eléctrico. Quedaría relegado a hogares o industrias que tengan un alto consumo de electricidad durante las horas de sol (restaurantes, polígonos, etc) pero la gran mayoría de la ciudadanía no tendría acceso a él por los peajes impuestos. En este borrador, la principal traba que se encuentra es la obligación para aquellos que quieran instalar autoconsumo eléctrico de pagar un peaje de respaldo para el uso de la red. Un peaje que explica que quien utilice el autoconsumo debe pagar por el mantenimiento y uso de la red, aunque esté consumiendo la electricidad que su propia planta genera.

Este borrador no contempla el balance neto (compensación de saldos entre lo producido y lo consumido) ni tampoco evalúa los impactos positivos que para el sistema eléctrico tendría el autoconsumo. Después de unas cuantas buenas palabras en la introducción, el borrador se adentra en atacar los supuestos problemas que para el sistema podría tener el autoconsumo para justificar los peajes. El texto obvia que el autoconsumo supone una oportunidad para el desarrollo de sistemas de producción eléctrica descentralizados ligados al lugar de consumo con lo que se evitan pérdidas por transporte. Tampoco se mencionan los beneficios para el medioambiente en términos de reducción de emisiones de CO2 y minimización de impactos paisajísticos.

Por último, al Gobierno se le olvida que el autoconsumo genera empleo, mucho y de calidad. Imagínense que cientos o miles de personas decidieran instalar sistemas de autoconsumo en sus hogares. ¿No podría ser una forma de ofrecer trabajo a los miles de parados de la construcción? Claro, el problema es que miles de sistemas de autoconsumo suponen miles de hogares ahorrando en su factura de la luz y dejando de consumir electricidad proveniente de las grandes eléctricas.

Penalizar al ciudadano
La reforma ha introducido una subida en la parte fija de la factura de la luz, el término de potencia, de un 63%. De esta manera, el ciudadano paga más por la electricidad aunque consuma menos ya que la subida es sobre los costes fijos y no sobre las horas de luz consumidas. Se desincentiva el ahorro y la eficiencia energética y se penaliza al ciudadano, una vez más.

Al aumentar la parte fija de la factura de la luz se consigue otro objetivo: desincentivar el autoconsumo dado que el ahorro es menor al verse el ciudadano obligado a pagar una cantidad fija aunque el autoconsumo le permita un ahorro sobre la energía consumida de la red.


Parece que la nueva reforma energética tenga el objetivo prolongar todo lo posible el desarrollo de las energías renovables en el sistema, eliminar a la competencia e impedir el acceso de la ciudadanía a fuentes locales de producción para que quienes ahora manejan el mercado de producción de energía sigan haciéndolo. De esta manera, cuando los combustibles fósiles sean demasiado caros para seguir explotándolos, unas pocas empresas tendrán el control sobre las fuentes de energía y podrán seguir repartiéndose el pastel.

Por Energía que transforma
31-Oct-2013
DiagonalBlog

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