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14 nov. 2013

Chispazo blanco en el chapapote

2002
2002
Fuimos uno de esos puntitos blancos. Limpiamos con manos débiles el duro y espeso chapapote que cubría como una manta las playas de Moaña, Carnota, Lira. Todavía queda regusto en los pulmones de aquel alquitrán húmedo y nos recuerdo como patos enfangados luchando contra una inmensidad negra imposible de domar. Los voluntarios metíamos la cabeza bajo las rocas para llegar al último rincón y meter en el capacho toda aquella mierda; lo hacíamos porque aquello era lo que habíamos venido a hacer pero no porque realmente pudiera ser hecho. Limpiábamos con rabia, sin esperanza.Y veíamos en los ojos de los vecinos de Cangas do Morrazo, que nos prestaron el instituto para dormir, frustración, pena y también un punto de prudencia o disculpa, como si ya supieran lo que iba a pasar.


Pasamos la nochevieja alrededor de los mejillones que nos cocinaron las mujeres del pueblo; luego bailándole a una queimada preparada por los hombres. Con ellos vimos las campanadas en Telecinco – que hizo un plano cenital de barcas de pescadores dispuestas en círculo en el puerto de Muxía y que iban encendiéndose para cada uva – y percibimos una sensación madura de agradecimiento pero también de anticipación de los acontecimientos. Nosotros pensamos que participábamos en el principio de un despertar; ellos sabían lo que sin embargo iba a pasar.

Y lo que pasó entonces fue que en las primeras elecciones apenas unos meses después del hundimiento del Prestige, las municipales celebradas en mayo de 2003, los responsables políticos de la gestión del accidente en Galicia se vieron reforzados. Aquella noche electoral, cada uno desde su rincón, mirábamos los resultados del escrutinio de voto en los pueblos a los que habíamos ido a limpiar. Pueblo a pueblo, todos habían vuelto a ganar. Nos habíamos enamorado de una rabia sin matices y no supimos ver que aquellos ojos nos contaban una gran complejidad que ahora suena más sensata pero que entonces nos rompió la luna de miel.

Y lo que ha pasado ahora es que el juicio, el único espacio de escarmiento a petroleras, armadores y gobiernos que quedaba, ha terminado con la exculpación de las únicas tres personas que, casi a modo de chivos expiatorios, quedaban encausadas. Absueltos. Aquí no ha pasado nada y que el seguro corra con los gastos.

El mensaje queda claro. Barra libre. Lo peor no es que no haya condenas, lo peor es que no se tomaron medidas serias para que no vuelva a pasar.

Pero el Nunca Máis fue algo más que una carrera de obstáculos por la pista sinuosa de la justicia. Fue también un chispazo blanco en una sociedad alquitranada. La primera movilización ciudadana ajena a las estructuras políticas formales de una generación que entonces estuvo en Galicia, luego estuvo contra Irak, luego se refugió en Internet o en movimientos culturales y luego se reencontró en el 15M. Se convirtió, como define el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, en “gente de entre 20 y 30 años que no había tenido experiencias de politización más allá del desencanto de sus padres o de sus hermanos mayores en los años 90”. Y que sin darse mucha cuenta estaba participando socialmente con compañeros de universidad y muchas otras personas sin etiquetas ideológicas en una protesta a gran escala basada en “hacer algo” para avergonzar a los responsables de que ese algo tuviera que ser hecho. Como ha sucedido después con los desahucios.

Fue también la primera vez que muchos pensamos en los roces entre los conceptos de público y común; entre protesta, solidaridad y Estado. Que sí, que estoy satisfecho aquí limpiando pero, ¿qué hago aquí? ¿Por qué tenemos que limpiar nosotros y no el ministerio? ¿Quién nos da de comer este bocadillo y quién lo paga? ¿Por qué en este vaso pone Telefónica? ¿Por qué la cámara de TVE sólo enfoca al Ejército y los dos se van cuando terminan de grabar?, me preguntaba en aquel texto con 19 años. Hoy vamos por los 30 y en las mismas preguntas estamos, pero al menos sí sabemos por qué en aquella playa nos sentíamos cómodos a pesar de la lucha absurda contra la suciedad. Fue el primer punto de luz de una energía nueva. Y esa no se apaga por una decepción judicial.

14. nov. 2013

1 comentario :

Anónimo dijo...

"La otra marea negra del Prestige: promesas incumplidas, votos comprados":


http://www.lamarea.com/2013/11/14/la-otra-marea-negra-del-prestige-promesas-incumplidas-votos-comprados-y-cemento/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=la-otra-marea-negra-del-prestige-promesas-incumplidas-votos-comprados-y-cemento