Follow by Email

1 feb. 2015

Sí a la Renta Básica Universal

En un mundo en el que el trabajo escasea, se hace precario y no es capaz de sacar a los trabajadores de la pobreza. Un mundo en el que un sector cada vez más importante de población se queda en paro por razones tecnológicas o por razones de competitividad. Un mundo en el que hay personas excluidas que no tienen ninguna remuneración (no porque no tengan trabajo o actividad sino porque no tienen empleo) a pesar de que su contribución es útil y trascendente para el mantenimiento y progreso de la sociedad en la que viven. En este mundo que hoy, por desgracia, es nuestra realidad, es obligatorio pensar en alternativas que permitan a la ciudadanía, a todos y cada uno de los ciudadanos, un mínimo de recursos, de bienes, para poder vivir dignamente. Corremos un gran riesgo social y vital si mantenemos un capitalismo totalmente liberado a sus fuerzas, un capitalismo de amiguetes, un capitalismo financiarizado, un capitalismo de casino, que ha hecho de las crisis sistemáticas un hecho excesivamente habitual y consigue empeorar y no mejorar la vida de una gran parte de la población[1].

La renta básica universal (RBU), según la define la Red Renta Básica, es un ingreso pagado por el estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quién conviva. La RBU es una propuesta que ha sido ampliamente denostada y ninguneada, pero es una propuesta valiente y adecuada a las necesidades actuales de la gente, sobre todo en una situación de crisis. Puede, a mi entender, llegar a ser una de esas grandes ideas que se tienen, un ¡aja!, que pueden mejorar muchísimo la gestión de la cosa pública. Sin embargo, poco se conoce de las posibilidades que encierra y mucho se critica sin ninguna base y si ningún conocimiento sobre la misma.

Cuando se habla de RBU, se recurre habitualmente a cálculos fáciles pero muy equivocados ya que se multiplica su importe por el número de habitantes del país. Nada más lejos de las propuestas y los estudios que se están llevando a cabo[2]. Es cierto que todos los ciudadanos del país tendrán derecho a la RBU, pero a la financiación de la misma se llega fácilmente con ajustes en la normativa fiscal. La financiación es precisamente uno de los puntos fuertes del sistema ya que se logra aumentando el porcentaje de contribución que deben hacer los ciudadanos más ricos, lo que se denomina desde algunos sectores un impuesto solidario. Al contrario de las medidas que se vienen tomando para mejorar la economía, no es necesario recortar las prestaciones sociales como la sanidad, la educación, las pensiones, etc.

La RBU que aquí se defiende se caracteriza por: 1) Sustituye a toda prestación pública monetaria de cantidad inferior, 2) aquellas prestaciones públicas actuales que superen su importe se seguirán percibiendo como complemento igual a la diferencia existente, 3) está exenta de IRPF, 4) su importe debe ser una cantidad que cubra las necesidades vitales de las personas y superior al umbral de pobreza, 5) debe ser percibida por todos los ciudadanos.

La medida plantea una serie de ventajas que pasamos a enumerar: 1) Facilita enormemente la gestión de las prestaciones sociales, ya que todas aquellas que estén por debajo de la cantidad asignada no se mantienen. No obstante, se seguiría complementando la RBU con la parte de aquellas prestaciones que superen la RBU, 2) una RBU puede financiarse rápida y fácilmente mediante una reforma fiscal, 3) claramente consigue, como parece obvio, una mejora en los índices de desigualdad que estarían cerca de los que tienen los países menos desiguales, 4) su puesta en marcha es muy fácil y ágil dando rápida solución a las situaciones graves de necesidad, 5) tiene efectos sobre el empleo ya que estimula la demanda interna, 6) es un estabilizador del consumo ya que puede sostener la demanda en tiempo de crisis, 7) mejora la libertad de las personas ya que pueden elegir sus trabajos no obligados por la necesidad, además, por el mismo motivo aumenta el poder de negociación de los trabajadores, 8) evita etiquetar a las personas al ser un mínimo general, no es una limosna es un derecho básico, 9) permite acabar con la exclusión social, 10) evita la corrupción del pobre ante la necesidad, al no requerir el cobro de la RBU justificar ninguna situación personal o familiar, 11) facilita la auto-ocupación, la organización cooperativa y minimiza los posibles fracasos de las mismas, 12) al no centrarse en el trabajo y la productividad, hace más viable la consecución de objetivos de desarrollo sostenible.

La RBU no ha estado exenta de críticas aunque a veces teñidas de ideología y sin un análisis riguroso. Entre ellas: 1) su financiación incrementa los gastos públicos y pone en peligro el Estados de Bienestar; los estudios demuestran que el incremento del gasto público puede ser nulo, 2) permitiría mantener a vagos y provocaría el aumento de personas sin trabajar; la RBU es un ingreso mínimo y se puede tener un empleo remunerado o cualquier otra actividad lo que fomenta la libertad y el desarrollo de las personas, 3) relegarían a la mujer a las tareas del hogar; evitaría a la mujer y al hombre tener que emplearse por necesidades vitales en trabajos indecentes, precarios y mal remunerados, 4) provocaría un inmenso efecto llamada de la inmigración; con las desigualdades existentes en el mundo las mejoras siempre son un polo de atracción, 5) es una propuesta utópica; pero ya hay experiencias y demostraciones de lo contrario,  6) incrementa la inflación; cualquier incremento de la demanda puede aumentar la inflación pero ésta no es mala a corto plazo si luego se estabiliza y controla, 7) no acaba con las injusticias del capitalismo; claramente no es la única medida a implementar ni es la solución para todos los males del capitalismo.

Actualmente hay un debate entre RBU y el trabajo garantizado (TG). Este último persigue, manteniendo la sociedad del trabajo, el pleno empleo. Así la gente se dignifica, socializa y desarrolla sus potencialidades a través del trabajo. Es una medida a tener en cuenta, pero es más lenta y se queda un paso más acá de lo que persigue la RBU, ésta tiene como una de sus principales características: su aplicación inmediata que conseguiría mejorar la posición de los más débiles y eliminar casi de golpe la pobreza. Por otra parte es posible e incluso se debe compatibilizar con la RBU ya que hay muchos nichos de trabajo sin explotar: dependencia, cuidado de niños, medio ambiente, investigación, transición energética, etc. Por otra parte, el TG además de ser más difícil en su aplicación, no garantiza una masiva creación de puestos de trabajo a corto y medio plazo, siendo, además, más dificultoso el estudio de los recursos necesarios para su puesta en marcha que, con seguridad, tiene que ser progresiva.

Estoy, en consecuencia, con los que piensan que la sociedad no puede estar centrada en el mundo del trabajo asalariado, este sistema provoca desigualdad, pobreza e injusticias. La realidad nos está exigiendo que vayamos un paso más allá, hacia una sociedad post-laboral. El mundo del trabajo da mucho poder a las empresas que tienden, como consecuencia del propio sistema, a hacerse más grandes y poderosas, recortando cada vez más la democracia y la libertad de las personas. En estas circunstancias, estoy convencido de que debemos decir SÍ a la RBU, claro, siempre y cuando ésta suponga la posibilidad de que todas las personas tengan garantizada la existencia material mínima y haga posible un mayor grado de libertad al decidir sobre la vida de cada uno. Para su consecución, no obstante, es necesaria una redistribución de la renta que vaya de aquellos que más tienen a los que tienen menos y pasa ineludiblemente por una decisión política (¡es la política estúpidos![3]) ya que, por otra parte, esta competencia entra dentro de las obligaciones de cualquier gobierno y la debe imponer a la voluntad de aquellos que piensan que estamos en el mejor de los mundos, regido por el mercado de la mano invisible que lo resuelve todo de la manera ideal, pero que, sin embargo, ha demostrado que nos depara sorpresas dolorosas.

Para finalizar un apunte sobre la libertad: ¿De qué libertad hablamos si las personas no pueden tener lo mínimo para cubrir las necesidades básicas de la vida? ¿De qué libertad hablamos si la única opción de una gran parte de los ciudadanos es ser perdedores en una sociedad competitiva y se ven obligados a coger la única opción que la sociedad a veces, no siempre, les da? ¿De qué libertad hablamos si gran parte de las personas no pueden desarrollar si quiera sus capacidades y competencias para poder elegir libremente?

[1] Ver mi anterior artículo La Sociedad del Trabajo.

[2] Este artículo es deudor, entre otros, de los trabajos efectuados por los profesores Jordi Arcarons,  Antoni Domènech, Daniel Raventós  y Lluís Torrens. El lector que quiera profundizar puede acudir a Red Renta Básica y a las páginas de Sin Permiso.info

[3] Se pretende hacer un remedo con  la frase (the economy, stupid),  muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992.



por Ernesto Ruiz Ureta |

nuevatribuna.es | 31 Enero 2015 - 

No hay comentarios :